Ángela Bianco con 26 años quedó embarazada, le diagnosticaron un tumor cerebral maligno y no quiso abortar: «Rezar me ayudó en momentos de miedo. Gracias a la fe me salvé»

* «El párroco le dio a la Virgen de la Inmaculada mi velo de novia: el día que se le puso en la cabeza fue la última quimioterapia. Una noche cuando estaba enferma me encontré frente a una imagen del Padre Pío y le prometí que le daría su nombre al bebé»

Camino Católico.-  Su caso dio la vuelta al mundo y copó noticias en periódicos y televisiones de todo el orbe. Se trata de Ángela Bianco, una joven que teniendo 26 años y embarazada de tres meses le diagnosticaron un tumor cerebral maligno. Necesitaba quimioterapia urgentemente, pero ella se negó para no poner en peligro a su bebé al igual que a abortar. Prefería morir a hacer daño a su hija. Una vez tomada esta decisión se trataba de buscar una solución. Y apareció un tratamiento novedoso que las autoridades italianas no autorizaron por lo que gracias a la ayuda de mucha gente pudo ser tratada en el extranjero. Ella se curó y su bebé nació sana.

Tres años después, esta joven habla de cómo vivió aquella situación, de las recomendaciones para que abortara incluso provenientes de su entorno cercano y el papel que jugó la fe para que decidiera jugarse la vida para salvar la de su hija.

La ciencia, Dios y el Padre Pío

“No quería abortar pensando en salvarme solo a mí misma. Mi deber era darla a luz”, cuenta Ángela, que afirma que el suyo es un milagro que “vive entre la ciencia, la mano de Dios y el Padre Pío”. De hecho, su hija de ahora casi cinco años se llama Francesca Pía, en recuerdo al santo de los estigmas.

Ángela y su marido, el día de su boda, en el momento de las ofrendas 

En una entrevista con Famiglia Cristiana que sintetiza y traduce Javier Lozano en Religión en Libertad, esta joven confiesa que “la elección fue difícil, mi vida estaba en riesgo, pero no podía poner en peligro al pequeño que tenía dentro”.

Todo comenzó cuando estaba embarazada de tres meses. “Estábamos cenando –recuerda- en la fiesta del 82 cumpleaños de mi abuelo cuando me vino un dolor tremendo en la cabeza. No podía soportarlo y me desmayé. Me llevaron inmediatamente al hospital Vallo della Lucania. Entré en coma, pero después de unos días me desperté y me transfirieron al hospital Umberto I en Roma para una biopsia urgente. El veredicto fue inmediato: un tumor cerebral maligno. Me dije a mi misma, es el final para mí y también para mi hija”.

«Quería que naciera a cualquier precio»

El aborto se presentó como una solución para salvar la vida de la joven. “Pensé en mi vida, pero también en el bebé que vivía dentro de mí. Les dije a los médicos que no quería abortar, que quería que naciera mi hija, que era un gran regalo. A cualquier precio”, cuenta. Y esto incluía cualquier tratamiento que pudiera poner en riesgo al feto.

Ante la posibilidad de que pudiese morir, incluso miembros de su familia intentaron que siguiera los tratamientos aunque perdiera el bebé. Ella se negó. Pese a su juventud decidió seguir adelante, poner en riesgo su vida y abrazarse fuertemente a la fe.

La oración en Lourdes

La historia de esta madre que arriesgaba su vida se extendió de inmediato. Llegó incluso a un grupo de peregrinos de su región que se encontraban en Lourdes. Allí rezaron insistentemente para que la Virgen intercediera por Ángela y su bebé.

Ángela, en el tiempo en el que tuvo que estar hospitalizada

Providencialmente, entre los peregrinos se encontraba un vecino de la joven, que era compañero de clase de un conocido médico, el doctor Pantaleo Romanelli, que podría ayudarla para conseguir ser tratada con un método que no pusiera en peligro al bebé.

Y es que entre las hipótesis que había conocido estaba una nueva posibilidad de intervención llamada Cyberknife, una máquina de radiocirugía capaz de bombardear las células cancerígenas de forma selectiva.

El tratamiento y la burocracia italiana

Ángela se puso en contacto para que su vecino se pusiera en contacto con el neurocirujano italiano que utilizaba esta técnica en EEUU. “Pensé que podría ser la solución, salvar al bebé y seguir viviendo”.

Pero entonces empezó otro problema. Esta moderna intervención no se contemplaba en Italia. Ingresada en el hospital de Bari esperaba ansiosa a que la región de Puglia diera autorización, pero ésta no llegaba. Su caso llegó a los periódicos y noticieros, mientras el cáncer seguía avanzando.

Mientras la burocracia frenaba las esperanzas de Ángela, el médico que la iba a operar decidió que se la trasladara a Grecia y allí fuera operada en un hospital privado.

La fe que sostuvo a Ángela en todo momento

En aquel momento se creó una impresionante cadena de oración por Ángela y su hijo. Desde Lourdes a todos los rincones de Italia e incluso en otros países. Al final, en el quinto mes de embarazo fue intervenida y todo fue un éxito.

En todo el proceso la fe tuvo un papel fundamental para esta joven. El sacerdote Luigi María Marone la acompañó espiritualmente en todas estas etapas de hospitalización y la animó a confiar totalmente en Dios.

El papel de la Virgen y del Padre Pío

“La oración me ayudó mucho en momentos de miedo: gracias a la fe me salvé”, afirma Ángela convencida. Además, cree que María intercedió por ella. “El párroco le dio a la Virgen de la Inmaculada mi velo de novia: el día que se le puso en la cabeza fue la última quimioterapia”.

En estos momentos, Francesca Pía corre sana y feliz por todos los rincones de la casa. Y explica por qué se llama así: “Una noche cuando estaba enferma me encontré frente a una imagen del Padre Pío y le prometí que le daría su nombre al bebé”.

Ahora tengo otro deseo –agrega ella- ¡contar esta historia al Papa Francisco, después de todo, la niña también se llama como él!”.

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