Jimmy Ríos, batería, se drogaba, perdió novia y dos hijos: “Sentí la llamada, el deseo de Dios. El Señor puso en mi corazón: “Ven a mí ya!!!””

«Yo a Dios lo entiendo por fe. La fe es una gracia, es un don, que te lo da Dios, el Espíritu Santo y que crees en él cada día. La conversión es diaria y yo creo en Él por fe. Sé que Dios existe. Reconozco y creo en la Divina Trinidad y en Nuestra Señora. Creo profundamente en ellos, en Dios trino. Creo y eso me mantiene vivo»

4 de mayo de 2016.-  (A.L.M. / Intereconomia TV  / Camino Católico) Jimmy Ríos nació en Nueva York, en 1958. Como batería ha tocado para Miguel Bosé, Joaquín Sabina, Ketama,  Sara Montiel,  La Barbería del Sur, Manzanita, Hilario Camacho y Javier Krahe, entre otros. Su familia era católica no practicante y sólo recibió los sacramentos del bautismo y de la eucaristía, pero conoció a Jesucristo en la iglesia protestante en Puerto Rico. Posteriormente su vida de artista le llevó a abandonar la vida de fe, se drogó durante diez años, vio morir a una novia embarazada de dos hijos gemelos y se hundió totalmente.

 Después de esta difícil experiencia que le llevó dos veces al borde de la muerte, una chica católica propicio que fuera a verla leer y cantar en una Misa: “A partir de ese día cambió mi vida. Sentí la llamada, el deseo de Dios. El Señor puso en mi corazón: “Ven a mí ya!!!”.  En el vídeo Jimmy Ríos cuenta su testimonio de fe en el programa “No es bueno que Dios esté solo”, que emite Intereconomía TV, dirigido por Gonzalo Altozano. Este es un resumen textual de las principales afirmaciones de Jimmy Ríos Pizarro durante la entrevista:

Nací en una familia católica no practicante, me bautizaron y comulgué.  Después, en Puerto Rico tuve la suerte de conocer un grupo de jóvenes evangélicos y el Señor me enganchó.  Eran jóvenes hippies, con los pelos largos y barbas. Tocaba en un grupo que se llamaba “Como un viento recio” y participaba en una comunidad denominada “Las Catumbas”.  Estuve con ellos dos años,  pero luego con el tema del teatro, el circo y la música me fui y deje al Señor.  Me enrolé con un circo como payaso y mimo y me vine a España me encantó y me quedé pero perdidísimo, lejos del Señor.

Durante, más o menos, diez años, tomé todo tipo de drogas, lo que me pusieras delante. Se te crea una dependencia y no puedes funcionar sin meterte una raya, fumarte un canuto…El cuerpo se habitúa y te vuelves politoxicómano o sea que salvo azúcar tomas de todo, pero tocas fondo.  ¿Y quién está ahí para salvarte? Jesús.

Toqué fondo, muy fondo, cuando tenía una novia que se quedó embarazada de mellizos y a los siete meses murió por causas naturales, en la cama de la casa de su madre. Justo ese día habíamos cogido un piso y pagado la fianza para irnos a vivir juntos con vistas a casarnos. Y de repente se fue la vida, todo mi proyecto, todo mi futuro. El amor de mi vida y dos hijos se me fueron. El Señor luego me sanó muchísimo con ese tema pero así fue como toqué muy fondo hasta estar al borde de la muerte un par de veces. Una vez que tocas fondo y estas con el agua hasta el cuello, ¿a quién recurres? En mi caso, que tuve una formación algo evangélica, a Jesús, al Señor.

Después de esta experiencia grave, conocí una chica con la que hablaba un sábado por la noche y me dijo: “Es muy tarde y tengo que irme porque mañana canto en Misa”. Y yo le respondí: ¿Cómo que cantas en Misa, tú vas a la iglesia? Ella me lo confirmó y me indicó la parroquia católica donde leía y salmodiaba por si quería ir al día siguiente. Fui a verla a la Iglesia y me senté en el banco de atrás y la escuché.

A partir de ese día cambió mi vida. Sentí la llamada, el deseo de Dios. El Señor puso en mi corazón: “Ven a mí ya!!!”.  Luego, después de la Misa quedamos en hablar y me contó que asistía a un grupo de oración de la Renovación Carismática Católica y yo le dije que la acompañaba. Y al ir al grupo el primer día había Misa y yo dje que no entraba porque está el Señor y cogí una silla y me senté en la puerta. De repente miré al techo y dije: Señor me has pillado. O sea de aquí no salgo. Y efectivamente empecé a ir al grupo, hice el seminario de las siete semanas, recibí la efusión en el Espíritu Santo y hasta el día de hoy.

Yo a Dios lo entiendo por fe. La fe es una gracia, es un don, que te lo da Dios, el Espíritu Santo y que crees en él cada día. La conversión es diaria y yo creo en Él por fe. Sé que Dios existe. Reconozco y creo en la Divina Trinidad y en Nuestra Señora. Creo profundamente en ellos, en Dios trino. Creo y eso me mantiene vivo.

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