Juan Carlos Campaña era ateo, le dejó su novia, se introdujo en ritos paganos y se drogó, un día se confesó y ha recibido la Primera Comunión: «Una vida sin Dios no es vida»

* «Me confieso con el padre Jean Marie. En esa confesión recordé que había tenido un aborto con una expareja; me sale pedir perdón por eso y me pongo a llorar terriblemente. Luego sentí una paz, un alivio, un llanto, ese día me cambió la vida. Esa confesión dio un alivio a mi alma que no puedo explicar con palabras, yo sentí que volví a nacer. Mi primera comunión fue con pleno conocimiento de todo lo que quería para mi vida y lo que yo me considero: soy parte del bien y una buena persona. De nuevo volví a brillar y a tener la paz que antes tenía. Mi plan de vida es tener una familia, es lo que más deseo, también instruirme en todo lo que es el catolicismo. Porque Dios es todo y si no estás con Él siempre te va a faltar algo, siempre vas a estar vacío»

Camino Católico.-  Durante casi toda su vida Juan Carlos Campaña estuvo totalmente alejado de la fe, el único recuerdo que tiene de Dios es lo que su abuela materna intentó inculcarle cuando era niño: “La única que era bastante religiosa y muy católica era mi abuela, ella me enseñó algo del catolicismo, si bien yo era bautizado más que todo era lo que tenía de mi abuela que siempre me hablaba de Jesús, pero no éramos una familia muy religiosa”, dice a Ana Beatriz Becerra en PortaLuz.

Pero la siembra de aquella anciana daría frutos solo tras décadas en los cuales deambuló por prácticas paganas y oscurantistas más ligadas al demonio que a Dios. “Yo siempre fui ateo. A los 33 o 34 años tuve unos episodios fuertes de pánico sin saber qué era y a partir de ahí siguieron una serie de acontecimientos desafortunados en mi vida. Iba de mal en peor”, recuerda.

La pérdida y la crisis

Lo que parecían ser temores pasajeros se transformaron en verdugos de su vida y optó por ir al psicólogo. No lograba salir a flote y para mayor desastre su prometida le abandonó tres meses antes de la boda. Juan Carlos se quebró. “Ahí arranca un dolor muy grande en mi vida y quise siempre encontrar una explicación a eso que había pasado, porque era un amor muy grande que nos teníamos. No entendía ni entiendo cómo de un momento a otro, con un acontecimiento que iba a suceder tan importante para los dos, ella simplemente dejó de amarme; y bueno, ahí es donde comienza mi debacle como persona, me fui hundiendo cada vez más” reconoce.

Ver poco después a la que pensó sería su esposa salir con otra persona conocida, resultaba insoportable y pensando encontrar ayuda se vinculó con el paganismo…: “Caigo en lugares demasiado oscuros, culto Umbanda, creo que unos eran los orula y otros eran los güicanos; ahí ellos van jugando con la necesidad de uno y te van contando a través del tarot lo que va a pasar. Me decían que era un trabajo y por eso nos habían separado. Decían que se debían hacer velas y había que hacerle algo a este chico con el que salía la que pensaba iba a ser mi futura esposa. Yo siempre me opuse a hacerle algo a él, porque él no tenía nada que ver; fui perdiendo mucha plata creyendo en estas cosas”, afirma.

Como es habitual en estos grupos, la estrategia de crear dependencia y sometimiento fue atando más y más a Juan Carlos. Y cuando se resistía, le hablaban con frases dulces, seductoras, convincentes. “Me decían que tenía dones y me empezaron a hablar un poco de cómo funcionaba el mundo, la filosofía hermética, las 7 iglesias universales. Pero cuando yo estaba en estos lugares había algo que me decía, acá no”, aclara.

De error en error, buscando olvidar el abandono de la mujer que creía amar, Juan Carlos comenzó a frecuentar a otra joven quien, para mayores dificultades, tenía adicción a las drogas y él se dejó arrastrar por ese vicio. “Llegué a un punto donde prácticamente fumaba marihuana. Yo que nunca había fumado, fumé marihuana y es ahí donde siento que estuve en el infierno, no tenía ganas de vivir”.

Una confesión que sana y libera

Aunque Juan Carlos se exponía una y otra vez a experiencias no sanas para su alma, jamás dejó de batallar y creer que algo bueno ocurriría en su vida. “Siempre recordé lo feliz que fui en mi infancia y eso me mantuvo con ganas de enfrentar ese momento malo; y nada, seguí recordando esos momentos de familia”, señala. Este recuerdo sano al que se aferraba lo preparaba, sin saberlo, para un encuentro trascendental.

Una “señora” que le conocía, dice, fue el instrumento. Y aunque jamás habría imaginado que un día acogería el tipo de recomendaciones que ella le daba, esta vez una certeza interior movilizó el alma de Juan Carlos.

“Lo tengo anotado. Fue el 8 de noviembre cuando fui a la iglesia, cosa que no había hecho nunca por mi propia decisión. Sentí que no podía soportar estar ahí: estaba mareado e increíblemente aparecen como unas monjas, negras, grandes; me voy (huyendo) a la mitad del salón (n.del ed.: de la nave central) y las monjas me seguían. Esto fue en la Basílica (Nuestra Señora) de Buenos Aires y en ese momento se me ocurre confesarme. Había una señora, ya estaba por terminar la misa y no iba a alcanzar a confesarme, pero esa señora me mira y dice: le dejo mi turno. Ahí es donde me confieso con el padre Jean Marie. En esa confesión recordé que había tenido un aborto con una expareja; me sale pedir perdón por eso y me pongo a llorar terriblemente. Luego sentí una paz, un alivio, un llanto, ese día me cambió la vida. Esa confesión dio un alivio a mi alma que no puedo explicar con palabras, yo sentí que volví a nacer”, afirma.

La ayuda del padre Jean Marie sacerdote proveniente de Burundi África y quien actualmente realiza su misión en la Basílica Nuestra Señora de Buenos Aires en Argentina, ha sido fundamental: “Él me fue encaminando porque yo no tenía conocimiento de nada, ni de la Virgen ni nada. Aprendí sobre los diez mandamientos y yo no estaba de acuerdo con los diez, especialmente con dos, el de no cometer actos impuros; porque yo estando soltero no veía nada malo en tener relaciones con mujeres y otro mandamiento el de santificar las fiestas en ese tampoco estaba de acuerdo…”.

Poco a poco este sacerdote fue entregándole la doctrina y preparando el alma de Juan Carlos, logrando que doblara sus rodillas para recibir a Jesús por primera vez y se confiara sin reservas a Dios. Fue así como el pasado 8 de agosto de 2021 Juan Carlos Campaña recibió su primera comunión.

“Mi primera comunión fue con pleno conocimiento de todo lo que quería para mi vida y lo que yo me considero: soy parte del bien y una buena persona. De nuevo volví a brillar y a tener la paz que antes tenía. Mi plan de vida es tener una familia, es lo que más deseo, también instruirme en todo lo que es el catolicismo. Porque Dios es todo y si no estás con Él siempre te va a faltar algo, siempre vas a estar vacío. Una vida sin Dios no es vida” finaliza.


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