Roger Marco y María Palau, matrimonio misionero enviado a la República Dominicana: «Queremos ser testigos de Jesús entre los más sencillos»

* “Nos sentimos unos privilegiados por haber experimentado el amor de Dios en nuestra vida”

* “Esperamos entregarnos, querer mucho, juzgar poco, acoger mucho, ser transmisores de la esperanza que es Jesús, ser portadores de la misericordia del Padre. Todo, dejándonos impregnar por su manera de ser y de hacer. Es aquí donde debemos descubrir la semilla de la fe”

31 de enero de 2014.- (Victor Manuel Cardona / Catalunya Cristiana  / Camino CatólicoRoger Marco y María Palau se casaron el pasado verano. Roger Marcoes de Sant Vicenç dels Horts (obispado de Sant Feliu de Llobregat) y es arquitecte tècnic. Maria Palaues de Benicarló (obispado de Tortosa), estudió Psicología y recientemente Ciencias Religiosas. Tienen 30 años y los dos han estado muy vinculados a la pastoral juvenil de sus diócesis.

Después de unos meses de preparación y discernimiento en la asociación OCASHA – Cristianos con el Sur, marcharán el próximo mes de febrero a la República Dominicana, en concreto al obispado de San Juan de la Maguana. Creyentes desde hace años, no se habían planteado nunca la vocación misionera, pero fue dentro de su relación de pareja que comenzó a ganar fuerza esta inquietud . El pasado domingo 26 de enero, en la parroquia de San Pedro Apóstol de Benicarló, el obispo de Tortosa, Mons. Enrique Benavent, celebró la misa de envío misionero, como puede verse en las dos fotografías que acompañan la entrevista.

– ¿Por qué habéis decidido marchar?

Hay muchos motivos y no es fácil resumirlos, pero hablando de qué tipo de familia nos gustaría formar, apareció la inquietud. Esta inquietud fue cogiendo forma hasta llegar a convertirse en una llamada. En este proceso de discernimiento hemos ido descubriendo como Dios ha ido hablando a través de muchas circunstancias y éstas nos han impulsado a marchar y dedicar un tiempo de lleno a la evangelización con los más pobres . Pero en el fondo, si podemos tomar esta decisión, es únicamente porque nos sentimos unos privilegiados. Unos privilegiados por haber experimentado el amor de Dios en nuestra vida.

– ¿Cuál es vuestro proyecto misionero?

– Vamos a la República Dominicana , en concreto en el obispado de San Juan de la Maguana, que está en el interior de la isla y cerca de Haití. Allí hay una escuela-internado que acoge a los adolescentes de las comunidades dispersas por las montañas. Nuestra tarea se centrará allí en su educación integral y en la visita y acompañamiento pastoral de los poblados de esta zona donde residen las familias de los jóvenes internos. Es un proyecto muy atractivo que se mueve entre la juventud, la familia y el ámbito social. Nuestro compromiso es para tres años, la idea es que ellos mismos se vayan responsabilizando de los proyectos que se han puesto en marcha.

–  ¿Habéis seguido alguna preparación?

– Sí, ha habido una primera parte más centrada en el discernimiento. Y un segundo momento con la mirada más puesta en la misión.

Esta formación intenta ir a lo esencial de la misión, por lo que es necesario dejar de lado muchos patrones culturales que nos marcan notablemente y tratar de averiguar de qué manera la Buena Noticia de Jesús puede presentarse en estos lugares lejanos. Es a través de OCASHA y de las delegaciones diocesanas de Misiones que hemos hecho este discernimiento y es ahora que nos disponemos a marchar.

– ¿Qué es lo que más os ha costado dejar?

– Sin duda nuestras familias y la gente más querida. Cuando comienzas a pensar en marcharte, algún día te viene a la mente la ducha con agua caliente, la comodidad de casa, como te gusta ir a cenar… pero poco a poco todo esto se va apartando y te vas dando cuenta de una manera mucho más clara qué es lo que verdaderamente valoras en la vida.

– ¿Qué esperáis de esta experiencia?

– Ser testigos de la Buena Noticia de Jesús. En realidad, esperamos lo mismo que esperamos aquí, pero ahora lo intentaremos vivir entre la gente más sencilla. Esperamos entregarnos, querer mucho, juzgar poco, acoger mucho, ser transmisores de la esperanza que es Jesús, ser portadores de la misericordia del Padre. Todo, dejándonos impregnar por su manera de ser y de hacer. Es aquí donde debemos descubrir la semilla de la fe.

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