Viktoria creció sin fe en Ucrania, se alistó al ejército y no se integró, emigró a Roma donde le dan un libro de oraciones, empieza a rezar por su hija y Dios las convierte a ambas

* «Creo que la oración es una gran fuerza. Cuando rezas, Dios te escucha. Nuestros familiares están lejos, así que es la comunidad parroquial la que nos mantiene unidos. En Navidad preparamos una cena ucraniana para 20-30 personas juntas en la misma casa»

Camino Católico.-  El padre de Viktoria, ucraniana, era comunista. Por eso ella creció sin religión. «Mis padres no me enseñaron a rezar», recuerda. «Cuando fui a trabajar a una fábrica, una amiga me dio una carta con la escritura ‘El Padre Nuestro’ y me aconsejó que la leyera antes de ir a dormir. Era la única oración que conocía”, asegura a explica a  Natalia Kindrativ e Irynka Hromotska en Vatican News.

En 1995, Viktoria deja la fábrica y se alista en el ejército. Se convierte en oficial, su tarea es impedir que la gente entre en la base militar. Pero su voz no es lo suficientemente autoritaria y por eso para ella es difícil y estresante integrarse en el estilo de vida militar.

Viktoria con su icono preferido

El camino hacia Roma

En el año 2000 Viktoria llega a Roma. En Ucrania dejó a su hija Katerina con la abuela. Viktoria no habla italiano, pero necesita ganar dinero para mandar a Katerina a la escuela. En Roma conoce a María, que le propone que haga venir también a su hija a Italia. Katerina se une a su madre, pero las cosas no funcionan según lo planeado. «Al principio no quería estar aquí», relata Viktoria. «No fue aceptada en la escuela. Faltaban unos documentos». Madre e hija empiezan a trabajar como niñeras para dos familias diferentes. Sus vidas se separan.

«Cuando llegué a Roma, María me dio un libro de oraciones que comencé a estudiar», recuerda Viktoria. «Me gustaba especialmente la oración para los niños y la recitaba todas las noches”. Cuando tiene el fin de semana libre, Viktoria va a pie a la Basílica de Santa María Mayor allí reza hasta altas horas de la noche. Sus oraciones son siempre por su hija Katerina.

Viktoria en su cocina en Roma

Encontrar un hogar lejos de casa

Con la ayuda de María, Viktoria y su hija comienzan a ir a la iglesia cada domingo. Frecuentan la parroquia ucraniana en el centro de Roma, en la zona de Madonna dei Monti. Allí se encuentran con los numerosos miembros de la diáspora ucraniana en la ciudad: pueden hablar, compartir noticias de casa, festejar juntos e incluso participar en los «vertepes», una forma típicamente ucraniana de teatro de marionetas que se representa en Navidad.

“Nuestros familiares están lejos», dice Viktoria, «así que es la comunidad parroquial la que nos mantiene unidos. En Navidad preparamos una cena ucraniana para 20-30 personas juntas en la misma casa”. Hay tantos ucranianos que viven y trabajan en Roma, que incluso tuvieron una audiencia con el Papa. Viktoria nos muestra con orgullo la fotografía del encuentro con Francisco.

La foto de Viktoria con el Papa Francisco

El poder de la oración

Las oraciones de Viktoria por su hija han sido escuchadas. Katerina tiene nuevas amistades y descubre una nueva pasión: las artes marciales. Se gana un cinturón negro en Taekwondo. Actualmente da cursos para niños y planea abrir nuevas secciones de formación. Katerina también se graduó en psicología en la Universidad Católica de Roma Santa María Assunta. En la primera página de su tesis escribe: «¡Mamá, lo logramos juntas!”. Viktoria está convencida de que descubrió la fe en Roma. La gente que conoció la ayudó a acercarse a su hija y a Dios. Pero, al final, es el poder de la oración lo que hace la diferencia. «Creo que la oración es una gran fuerza», concluye Viktoria. «Cuando rezas, Dios te escucha”.