Ingrid Buttner tuvo cáncer y un diacono le dijo que el Señor la curaría al casarse: «Dios me sanó. Soy un milagro y una prueba de que los tiempos de Dios son perfectos»

*  «Mi marido aceptó realizar la boda sin protocolo y con mucho amor. Yo ya llevaba 2 sesiones de quimioterapia y 10 de radioterapia. Estaba debilitada, pero eso no impidió que ese día estuviera radiante y que preparáramos los papeles de la iglesia, que son miles y tienen muchos protocolos. Coincidentemente, el día en que voy a ver mis papeles, me encuentro con el Diácono Alejandro, a quien muchos de ustedes conocen seguramente. Ese día fue una bendición encontrarlo allí. Le pedí que me reciba y le comenté lo que me estaba sucediendo; quería que me haga una imposición de manos y que ore por mi sanación. Y entonces él me dijo: “Ya estás sanada. Tu boda por la iglesia va a ser el sello de tu sanación”. Yo me quedé helada porque justo fui a hacer los papeles para poder tener esa bendición y él me la confirma con lo que me dice. Aparte de decirme eso agregó que, al término de mis tratamientos, los médicos ya no iban a encontrar nada, que Dios me sanó y que soy una bendecida y mimada»

CaminoCatólico.com.-   Ingrid Buttner es una talentosa diseñadora de modas de Asunción, Paraguay, que desde muy pequeña le diseñaba vestidos a sus muñecas, Ingrid viene de una familia de cinco hermanos,  recientemente ha comenzado una nueva vida, no solo porque se casó, sino porque gracias a un milagro, ha vuelto a nacer. Compartimos su testimonio de Fe, vida, esperanza y perseverancia contado en primera persona que ha publicado en Misioneros digitales

Hace unos meses me detectaron cáncer en el cuello del útero, un cáncer agresivo según los estudios que me realizaron. Fue todo tan confuso y no entendía qué estaba pasando; fue como haber entrado en un sueño profundo y estar viviendo una pesadilla. Fue todo tan rápido que no tuve tiempo ni de asimilar lo que me estaba pasando y ya tenía que empezar el tratamiento de una vez.

Mi familia y mi marido, tristes y devastados por la noticia, se pusieron en campaña de apoyarme 100% y de orar e implorar a Dios para que me ayude y no me desampare. Las noticias no eran tan buenas: podía perder la posibilidad de ser madre porque el tumor era bastante grande.

Ingrid Buttner y su esposo el día de la boda en la iglesia
Ingrid Buttner y su esposo el día de la boda en la iglesia

Inicié el tratamiento. Fueron 6 sesiones de quimioterapia y 26 sesiones de radioterapia. Desde el día 1 me dije: “Esta batalla la voy a ganar con Dios” y me entregué a Él como nunca antes lo había hecho. Le suplicaba día y noche que me sane, y si su voluntad era otra, que la aceptaba pero que no me abandone y que luche conmigo. Fue así como, en un momento de desesperación por querer recibir su bendición en mi matrimonio (yo estaba casada por civil y estaba planificando mi boda religiosa para dentro de unos meses), la enfermedad me llevó a querer realizarla lo antes posible, sin importar nada. No quería fiesta ni siquiera un vestido, que es el sueño de cualquier novia. Simplemente quería esa bendición de papá Dios en mi vida y en mi matrimonio para poder afrontar lo que estaba pasando con mayor fuerza y fe.

Mi marido aceptó realizar la boda sin protocolo y con mucho amor. Yo ya llevaba 2 sesiones de quimioterapia y 10 de radioterapia. Estaba debilitada, pero eso no impidió que ese día estuviera radiante y que preparáramos los papeles de la iglesia, que son miles y tienen muchos protocolos. Coincidentemente, el día en que voy a ver mis papeles, me encuentro con el Diácono Alejandro, a quien muchos de ustedes conocen seguramente. Ese día fue una bendición encontrarlo allí. Le pedí que me reciba y le comenté lo que me estaba sucediendo; quería que me haga una imposición de manos y que ore por mi sanación. Y entonces él me dijo: “Ya estás sanada. Tu boda por la iglesia va a ser el sello de tu sanación”. Yo me quedé helada porque justo fui a hacer los papeles para poder tener esa bendición y él me la confirma con lo que me dice. Aparte de decirme eso agregó que, al término de mis tratamientos, los médicos ya no iban a encontrar nada, que Dios me sanó y que soy una bendecida y mimada.

Ese día fue un día de muchas emociones de alegría y llanto para mí y mi familia. Yo soy muy creyente. Orando y agradeciendo todos los días, empezamos a ver lo del casamiento a las apuradas puesto que ese día decidimos casarnos, ya sin esperar, y lo logramos. Nos casamos frente a Dios el 1 de mayo, Día del Trabajador, a las 10 am. Hice trabajar a las personas que aceptaron ser parte de esto y madrugar a mi familia y amigos más cercanos para que compartan conmigo tan importante momento. Fue el mejor día de mi vida y nunca estuve más feliz que en ese momento. No lo impidió nada, ni los efectos del tratamiento, ni nada de nada.

Ingrid Buttner el día de su última sesión de quimioterapia
Ingrid Buttner el día de su última sesión de quimioterapia

Pasaron los días hasta que llegó el último día de quimioterapia y el último de radioterapia. Ese día estaba tan feliz que no podía ni sentir los efectos de la quimio, estaba en una alegría plena y agradecida con Dios por la fuerza que me brindó para terminar todo sin complicación alguna. Luego de ello, descansé tres semanas de todo tipo de tratamiento y, cumplidas esas semanas, me realizaron el primer estudio de control: una resonancia magnética con contraste donde – para sorpresa del médico que me la realizó – ya no había tumor alguno, ni rastros siquiera. Fue la primera confirmación de que mis oraciones fueron escuchadas y que Dios obró en mí.

La cara de mi marido fue única; se me quedó grabada para siempre. Lloramos de la felicidad, aunque aún quedaba una prueba más: la biopsia. Me la realizaron una semana después. Agradeciendo y pidiendo a la vez que todo salga bien, al fin nos dieron los resultados. Para mi sorpresa y la de todos, estos no pudieron ser mejores: el cáncer ya no estaba.

Doy mi testimonio de la gracia, bendición y misericordia de Dios en mi vida. Me sanó. Soy un milagro y una prueba de que los tiempos de Dios son perfectos y que ¡con Él todo se puede!

Ingrid Buttner con su familia el día de su boda
Ingrid Buttner con su familia el día de su boda

Hoy solo puedo agradecerle inmensamente por demostrarme su amor y su misericordia, agradecerle por no abandonarme ni soltarme y por hacer crecer mi fe día a día. Agradecer a la hermosa familia que tengo porque sin ellos no hubiera podido ganar esta batalla: a mi marido por quedarse conmigo y luchar día a día, por darme fuerzas, por llorar y reír conmigo, por su infinita paciencia y amor hacia mí en un momento tan difícil; a mis primas y amigas que no se cansaban de estar conmigo, de preguntarme cómo estaba, de visitarme y de acompañarme en cada paso que daba; a mis cuñados por preocuparse y estar presentes siempre, en especial a uno de ellos, que día a día destinaba un momento del día para orar conmigo, sin importar el día o la hora o donde yo este, gracias por darme esa fe y enseñarme que Dios es amor y lo es todo; a los médicos que Dios puso en mi camino, que no descansaron para poder hacerme los mejores tratamientos con todos los cuidados y con la mejor voluntad de todas.

Me animé a escribir y dar mi testimonio porque no me puedo guardar tanta gracia y tanta bendición para mí. Quiero que todos conozcan mi testimonio y que vean lo grande y misericordioso que es Dios. Sólo él decide cuándo parar y cuándo continuar. A mí me dijo “esta batalla la ganamos juntos” y no puedo ni explicar cómo mi vida dio un giro después de pasar por todo esto. Estoy segura que mi misión recién inicia y que tengo mucho que dar después de toda esta prueba que no solo fue para mí sino también para mi familia, mis amigos, mis conocidos y sobre todo para mi marido y para mí.

Después de un tiempo, al realizarme el chequeo trimestral, los médicos me dijeron que mi ovario izquierdo no funcionaba y que el derecho estaba bien pero hormonalmente no estaba nada bien puesto que el periodo no me viene hace más de un año. Sin embargo, para la gloria de Dios, me hice una ecografía el jueves pasado y, para mi sorpresa, mi ovario izquierdo ya está despierto. Ambos están empezando a moverse. La gloria de Dios es inmensa y no tengo palabras para agradecer tanto, tanto, tanto.

Espero que mi testimonio ayude a otras personas a entregarse a Dios y a que su fe crezca cada día más.

Me despido de ustedes,

Ingrid Buttner
Asunción, Paraguay

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