Papa Francisco en el Ángelus, 15-8-2021: «La Virgen nos recuerde siempre que la humildad, la pequeñez y el servicio son los secretos para alcanzar el cielo»

* «Dios no nos exalta por nuestros dones, riquezas, o por las habilidades, sino por la humildad. Dios está enamorado de la humildad. Dios levanta a quien se abaja, levanta a quien sirve. En efecto, María no se atribuye más que el «título» de sierva, servir: es «la esclava del Señor» (Lc 1,38). No dice nada más de sí misma, no busca nada más para sí misma. Solamente ser la sierva del Señor. Entonces, hoy podemos preguntarnos, cada uno de nosotros en nuestro corazón: ¿cómo está mi humildad? ¿Busco ser reconocido por los demás, reafirmarme y ser alabado, o más bien pienso en servir? ¿Sé escuchar, como María, o solo quiero hablar y recibir atención? ¿Sé guardar silencio, como María, o siempre estoy parloteando? ¿Sé cómo dar un paso atrás, apaciguar las peleas y las discusiones, o solo trato siempre de sobresalir?»

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Me uno a la preocupación unánime por la situación en Afganistán. Les pido que recen conmigo al Dios de la paz para que cese el estruendo de las armas y se encuentren soluciones en la mesa del diálogo. Solo así la atormentada población de ese país -hombres, mujeres, ancianos y niños- podrá volver a sus hogares y vivir en paz y seguridad con pleno respeto mutuo…. En las últimas horas se ha producido un fuerte terremoto en Haití, que ha causado numerosos muertos, heridos y cuantiosos daños materiales. Quisiera expresar mi cercanía a esa querida población que ha sido duramente golpeada por el sismo. Mientras elevo mis oraciones al Señor por las víctimas, dirijo mi palabra de aliento a los sobrevivientes, esperando que la comunidad internacional se interese por ellos. ¡Que la solidaridad de todos alivie las consecuencias de la tragedia! Recemos juntos a la Virgen por Haití»

15 de agosto de 2021.- (Camino Católico) Dios no nos exalta por nuestros dones, riquezas o habilidades, sino por la humildad, ha señalado el Papa en su alocución previa a rezo mariano, Dios levanta a quien se abaja, a quien sirve. “En efecto, María no se atribuye más que el «título» de sierva: es «la esclava del Señor». No dice nada más de sí misma, no busca nada más para sí misma”.

Francisco ha recordado también que Jesús nos enseña que “el que se humilla será exaltado». En la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, el Papa Francisco ha subrayado que el secreto de María es la humildad. “Es la humildad la que atrajo la mirada de Dios hacia ella. El ojo humano busca la grandeza y se deslumbra por lo que es ostentoso Dios, en cambio, no mira las apariencias, sino el corazón y le encanta la humildad”.

Para seguir el ejemplo de la Virgen María, Francisco nos recuerda que ella, en su pequeñez, conquista primero los cielos. “El secreto de su éxito reside precisamente en reconocerse pequeña, necesitada. Con Dios, solo quien se reconoce como nada es capaz de recibirlo todo. Solo quien se vacía es llenado por Él. Y María es la «llena de gracia» precisamente por su humildad”.

Este es el consejo que da el Papa, que nuestro punto de partida, que el comienzo de nuestra fe sea la humildad. “Es esencial ser pobre de espíritu, es decir, necesitado de Dios. El que está lleno de sí mismo no da espacio a Dios, pero el que permanece humilde permite al Señor realizar grandes cosas”, ha manifestado el Santo Padre.

Y la Virgen María, la “criatura más humilde y elevada de la historia, la primera en conquistar los cielos con todo su ser, cuerpo y alma, pasó su vida mayormente dentro del hogar, en lo ordinario”,  sus días no tuvieron mucho de impresionantes, ha señalado Francisco, eran iguales, en silencio, por fuera, “nada extraordinario”. Sin embargo, “la mirada de  Dios permaneció siempre sobre ella, admirando su humildad, su disponibilidad, la belleza de su corazón, nunca tocado por el pecado”.

“Para ti, que vives las mismas jornadas, agotadoras y a menudo difíciles. María te recuerda hoy que Dios también te llama a este destino de gloria. No son palabras bonitas. No es un final feliz artificioso, una ilusión piadosa o un falso consuelo. No, es la pura realidad, viva y verdadera como la Virgen Asunta al Cielo. Celebrémosla hoy con amor de hijos, animados por la esperanza de estar un día con ella en el Cielo”.

Después de rezar el ángelus, el Papa ha hecho un apremiante llamamiento, recordando al pueblo de Haití duramente afectado por un terremoto y ha elevado sus “oraciones al Señor por las víctimas ofreciendo su palabra de aliento “a los supervivientes, con la esperanza de que la comunidad internacional muestre un interés compartido por ellos y que la solidaridad de todos pueda aliviar las consecuencias de la tragedia”.

También Francisco se ha sumado a «la preocupación unánime por la situación en Afganistán», donde los talibanes se han apoderado ahora también de la capital, Kabul: Os ruego que recéis conmigo al Dios de la paz para que cese el ruido de las armas y se encuentren soluciones en la mesa del diálogo. Sólo así la población martirizada de ese país -hombres, mujeres, ancianos y niños- podrá regresar a sus hogares y vivir en paz y seguridad con pleno respeto mutuo”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz fiesta!

En el Evangelio de hoy, Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María al Cielo, en la liturgia destaca el Magnificat. Este canto de alabanza es como una «fotografía» de la Madre de Dios. María «se alegra en Dios. ¿Por qué? Porque ha mirado la humildad de su sierva», así lo dice (cf. Lc 1,47-48).

La humildad es el secreto de María. Es la humildad la que atrajo la mirada de Dios hacia ella. El ojo humano busca siempre la grandeza y se deslumbra por lo que es ostentoso. Dios, en cambio, no mira las apariencias, Dios mira el corazón (cf. 1 Sam 16,7) y le encanta la humildad. La humildad de los corazones le encanta a Dios. Hoy, mirando a María Asunta, podemos decir que la humildad es el camino que conduce al Cielo. La palabra «humildad», como sabemos, viene del latín humus, que significa «tierra». Es paradójico: para llegar a lo alto, al Cielo, es necesario permanecer bajos, como la tierra. Jesús enseña: «El que se humilla será exaltado» (Lc 14,11). Dios no nos exalta por nuestros dones, riquezas, o por las habilidades, sino por la humildad. Dios está enamorado de la humildad. Dios levanta a quien se abaja, levanta a quien sirve. En efecto, María no se atribuye más que el «título» de sierva, servir: es «la esclava del Señor» (Lc 1,38). No dice nada más de sí misma, no busca nada más para sí misma. Solamente ser la sierva del Señor.

Entonces, hoy podemos preguntarnos, cada uno de nosotros en nuestro corazón: ¿cómo está mi humildad? ¿Busco ser reconocido por los demás, reafirmarme y ser alabado, o más bien pienso en servir? ¿Sé escuchar, como María, o solo quiero hablar y recibir atención? ¿Sé guardar silencio, como María, o siempre estoy parloteando? ¿Sé cómo dar un paso atrás, apaciguar las peleas y las discusiones, o solo trato siempre de sobresalir? Pensemos en estas preguntas, cada uno de nosotros. ¿Cómo está mi humildad?

María, en su pequeñez, conquista primero los cielos. El secreto de su éxito reside precisamente en reconocerse pequeña, en reconocerse necesitada. Con Dios, solo quien se reconoce como nada es capaz de recibirlo todo. Solo quien se vacía es llenado por Él. Y María es la «llena de gracia» (v. 28) precisamente por su humildad. También para nosotros, la humildad es el punto de partida, siempre, es el comienzo de nuestra fe. Es esencial ser pobre de espíritu, es decir, necesitado de Dios. El que está lleno de sí mismo no da espacio a Dios, y tantas veces estamos llenos de nosotros, y quien está lleno de sí mismo no da espacio a Dios, pero el que permanece humilde permite al Señor realizar grandes cosas (cf. v. 49).

El poeta Dante se refiere a la Virgen María como «humilde y más elevada que una criatura» (Paraíso XXXIII, 2). Es hermoso pensar que la criatura más humilde y elevada de la historia, la primera en conquistar los cielos con todo su ser, cuerpo y alma, pasó su vida mayormente dentro del hogar, pasó su vida en lo ordinario, en la humildad. Los días de la Llena de gracia no tuvieron mucho de impresionantes. A menudo se sucedieron iguales, en silencio: por fuera, nada extraordinario. Pero la mirada de Dios permaneció siempre sobre ella, admirando su humildad, su disponibilidad, la belleza de su corazón, nunca tocado por el pecado.

Este es un gran mensaje de esperanza para nosotros; para ti, para cada uno de nosotros, para ti que vives las mismas jornadas, agotadoras y a menudo difíciles. María te recuerda hoy que Dios también te llama a este destino de gloria. No son palabras bonitas, es la verdad. No es un final feliz artificioso, una ilusión piadosa o un falso consuelo. No, es la verdad, es la pura realidad, viva y verdadera como la Virgen Asunta al Cielo. Celebrémosla hoy con amor de hijos, celebrémosla gozosos pero humildes, animados por la esperanza de estar un día con ella en el Cielo.

Y recemos a ella ahora, para que nos acompañe en el camino que conduce de la Tierra al Cielo. Que ella nos recuerde que el secreto del recorrido está contenido en la palabra humildad. No olvides esta palabra, y que la Virgen nos la recuerde siempre. Y que la pequeñez y el servicio son los secretos para alcanzar la meta, para alcanzar el cielo.

Oración del Ángelus:

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…

Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…

Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…

Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.

Amen.

Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…

Benedictio Apostolica seu Papalis

Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.

Amen.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Me uno a la preocupación unánime por la situación en Afganistán. Les pido que recen conmigo al Dios de la paz para que cese el estruendo de las armas y se encuentren soluciones en la mesa del diálogo. Solo así la atormentada población de ese país -hombres, mujeres, ancianos y niños- podrá volver a sus hogares y vivir en paz y seguridad con pleno respeto mutuo.

En las últimas horas se ha producido un fuerte terremoto en Haití, que ha causado numerosos muertos, heridos y cuantiosos daños materiales. Quisiera expresar mi cercanía a esa querida población que ha sido duramente golpeada por el sismo. Mientras elevo mis oraciones al Señor por las víctimas, dirijo mi palabra de aliento a los sobrevivientes, esperando que la comunidad internacional se interese por ellos. ¡Que la solidaridad de todos alivie las consecuencias de la tragedia! Recemos juntos a la Virgen por Haití. Dios te salve, María…

Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de varios países: familias, asociaciones y fieles individuales. En particular, saludo al grupo de Santa Giustina in Colle, a los jóvenes de Carugate, a los de Sabbio Bergamasco y a los de Verona.

También quiero dirigir mis pensamientos a todos los que están pasando estos días feriados en torno a la Fiesta de la Asunción en sus distintos lugares de vacaciones: les deseo serenidad y paz. Sin embargo, no puedo olvidar a los que no pueden irse de vacaciones, a los que permanecen al servicio de la comunidad y también a los que se encuentran en circunstancias difíciles, agravadas por el fuerte calor y el cierre de algunos servicios por las vacaciones. Pienso especialmente en los enfermos, los ancianos, los presos, los desempleados, los refugiados y todos aquellos que están solos o en dificultades. Que María extienda su protección maternal a cada uno de ellos.

Los invito a hacer un bonito gesto hoy: ir a un santuario mariano para venerar a la Virgen; los que estén en Roma pueden ir a rezar ante el icono de la Salus Populi Romani en la Basílica de Santa María la Mayor.

Les deseo a todos un buen domingo y una feliz fiesta de la Asunción. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Que tengan un buen almuerzo y adiós!

Francisco


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