Benedicto XVI / Ángelus 30/9/2012: «Gozar por cada gesto e iniciativa de bien, sin envidias ni celos»

30 de septiembre de 2012.-  (13 TV / Camino Católico) El Papa Benedicto XVI en su alocución previa al rezo del Ángelus, en el patio apostólico en Castelgandolfo, pidió la intercesión de la Virgen María, para que “sepamos gozar por cada gesto e iniciativa de bien, sin envidias ni celos y usar con sabiduría los bienes terrenos en la continua búsqueda de los bienes eternos”. Porque como dijo el Papa, Dios puede obrar cosas buenas e incluso prodigiosas más allá de su propio círculo, puesto que se puede colaborar a la causa del Reino de Dios en distintos modos, incluso ofreciendo un simple vaso de agua a un misionero.

Al final de sus saludos, el Pontífice en un llamamiento, recordó la difícil situación que está viviendo la población del Este de la República Democrática del Congo, y expresó su cercanía a todos los prófugos de ese país que están escapando de persistentes combates y violencias. Invocó a Dios, para que se encuentren caminos pacíficos de diálogo y de protección de tantos inocentes y que vuelva cuanto antes la paz. En el vídeo se visualiza y escucha traducida al castellano la intervención integra de Benedicto XVI, cuyo texto es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este domingo presenta uno de los episodios de la vida de Cristo que, aún considerándolo –por así decir- pasajero- contiene un profundo significado (Cfr. Mc 9,38-41). Se trata del hecho de que una persona, que no era de los seguidores de Jesús, había expulsado demonios en su nombre. El apóstol Juan, joven y diligente, quisiera impedírselo, pero Jesús no se lo permite, es más, aprovecha de aquella situación para enseñar a sus discípulos que Dios puede obrar cosas buenas y hasta prodigiosas también más allá de su propio círculo y que se puede colaborar a la causa del Reino Dios en distintos modos, aún ofreciendo un simple vaso de agua a un misionero (v. 41). El apóstol San Agustín a este propósito escribe: «Como en la Católica –es decir en la Iglesia- se puede encontrar lo que no es católico, así también fuera de la Católica puede haber algo de Católico» (Agustín, sobre el bautismo de los herejes PL 43, VII, 39, 77). Por esto, los miembros de la Iglesia, no tienen que probar celos, sino más bien alegrarse si alguien externo a la comunidad obra el bien en el nombre de Cristo, a condición que lo haga con intención recta y con respeto.

También en el interior de la Iglesia misma, puede suceder, a veces, que cueste valorizar y apreciar, en un espíritu de profunda comunión, las cosas buenas realizadas por las distintas realidades eclesiales. En cambio, todos tenemos que ser siempre capaces de apreciar y estimarnos mutuamente, alabando al Señor por la infinita ‘fantasía’ con la cual obra en la Iglesia y en el mundo.

En la liturgia de hoy resuena también la denuncia del apóstol Santiago contra los ricos deshonestos, que ponen sus seguridades en las riquezas acumuladas a fuerza de violencia (Cfr. Sant 5,1-6). Al respecto, Cesario de Arlés afirma en su discurso: «La riqueza no puede hacer el mal a un hombre bueno, porque la dona con misericordia, así como no puede ayudar a un hombre malo, mientras la conserve con avidez o la derroche disipándola» (Sermones 35,4). Las palabras del apóstol Santiago, mientras advierten de la vana codicia de los bienes materiales, constituyen un fuerte llamamiento a usarlos en la perspectiva de la solidaridad y del bien común, obrando siempre con equidad y moralidad en todos los niveles.

Queridos amigos, por la intercesión de María Santísima, oremos para que sepamos gozar por cada gesto e iniciativa de bien, sin envidias ni celos y usar con sabiduría los bienes terrenos en la continua búsqueda de los bienes eternos.

(El Papa ha hecho un llamamiento a favor de la paz en la República Democrática del Congo y ha dicho)

Sigo con afecto y preocupación los sucesos de las poblaciones del Este de la República Democrática del Congo, objeto, en estos días de la atención de una reunión de alto nivel en las Naciones Unidas. Me siento particularmente cercano a los refugiados, a las mujeres y a los niños, que a causa de la persistencia de los enfrentamientos armados están sometidos al sufrimiento, violencia y profundas angustias. Ruego a Dios, para que se encuentren medios pacíficos del diálogo y de protección de tantas personas inocentes con el fin de de que vuelva cuanto antes la paz, basada en la justicia, y sea restablecida la convivencia fraterna en esa población tan probada, así como en toda la Región.

(El Papa ha dicho en español:) 

Con todo afecto saludo a los peregrinos de lengua española. En la primera lectura de la Misa de este domingo dice Moisés: «¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!». Este anhelo se cumple en la Iglesia, que en Pentecostés recibió el Espíritu Santo. Pidamos a la Virgen María que interceda por todos nosotros, bautizados en el Espíritu de Cristo, para que seamos cada vez más conscientes del don que hemos recibido y nos decidamos a quitar de nuestra vida todo lo que nos aparte del amor de Dios. Feliz domingo.

Benedicto XVI

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