Carmen Massanet, 29 años, soprano invidente, dejó de ir a la Iglesia y con los Franciscanos se convirtió: «En los momentos más difíciles debes pedir a Dios que te guíe, yo confío en él»

Camino Católico.- Carmen Massanet es una mujer de 29 años de profunda fe y además es soprano con una voz que llega al alma de cualquiera que la escucha. Su discapacidad visual, Carmen es ciega no le ha impedido que se trasladara desde su Mallorca natal a la capital en busca de nuevas oportunidades. Carmen Massanet cuenta su testimonio de fe y conversión en el vídeo de Mater Mundi TV.

«Como mi vocación es la música comencé a estudiar canto, es a lo que me gustaría dedicarme en la vida», explica. Carmen que es ciega de nacimiento no tuvo tanta dificultad en asumirlo como parte de su vida, como la familia que muchas veces son los que más lo sufren:

«La anécdota que me cuenta mi madre de cuando tengo mi primer contacto con la ONCE. Le dijo a la trabajadora social: «Dios mío, nos acabamos de comprar una casa con escaleras, ¿cómo va a subir mi hija las escaleras? y la trabajadora social dijo, ‘pero tu hija es ciega, ¡no tiene nada en los pies!».

Carmen Massanet con su familia

A partir de ese momento la madre de Carmen se quedó tranquila. Tranquilidad de la que también ha jugado un papel fundamental la fe. «En mi casa la fe siempre estuvo presente, me crié en un ambiente católico, fue mi madre la que me inculcó estos valores ya que ella participa mucho de la parroquia», relata.

Fue después de hacer la comunión cuando Carmen como muchas personas sintió que ya no tenía que volver a la Iglesia, pero al pasar los años y al empezar a estudiar la educación secundaria con los franciscanos fue cuando volvió a retomar el camino de la fe de mano de ellos.

«Fue a partir de ahí cuando me quise implicar más, participar más en mi parroquia, integrarme. Hacía las lecturas en braille, que ahora se está haciendo pero antes no era tan común. Sacaba las lecturas de internet, me las copiaba en braille, me llevaba el papel y lo hacía».

En los momentos difíciles de su vida la fe estuvo presente en la vida de Carmen, sobre todo al llegar a Madrid con todos los cambios en el trabajo hasta conseguir una estabilidad. «En esos momentos lo que te queda es la fe y pedirle a Dios que te guíe, que haga lo que tenga que hacer, yo confío en él».