Eddie Gaven, el futbolista de Estados Unidos que se convirtió gracias a una lesión: “A medida que mi vida de oración crecía, me tomaba más en serio mi fe”

El rosario, la adoración eucarística y la misa tradicional son los tres pilares de su amor a la Iglesia    

5 de agosto de 2012.- (Religión en Libertad / Camino CatólicoEddie Gaven figura entre los nombres conocidos de la Primera División de futbol europeo de los Estados Unidos (Major League), donde lleva jugando diez años. Cuando su carrera empezó a subir, su fe empezó a bajar… Educado católicamente, su familia iba a misa todos los domingos y mantenía costumbres como bendecir la mesa, pero él empezó a decaer en la práctica religiosa a medida que el deporte le absorbía y el éxito le convertía en un pequeño ídolo. No obstante, el Señor que siempre nos ama y desea lo mejor para cada hijo suyo se le hizo presente en el momento que sufrió una lesión. Su vida cambió y aunque estuvo en algún grupo protestante donde conoció a Paula, que es hoy su esposa, él siguió creciendo en su fe católica y consiguió que ella también se convirtiera.

Eddie Gaven fue campeón en 2008 con su actual equipo, el Columbus Crew de Ohio. En 2003, a los 16 años, se convirtió en el jugador más joven que firmaba un contrato para Primera División, y un año después era seleccionado para el partido All Stars.

Una lesión mantuvo un mes apartado a Eddie Gaven de los terrenos de juego y en parte hospitalizado, y empezó a pensar en las cosas importantes de la vida: «Empecé a ver las cosas con mayor claridad y a comprender que, aunque el deporte es divertido, no durará siempre. Lo que durará siempre es el cielo o el infierno», explica en una entrevista concedida a National Catholic Register.

Empezó a rezar de nuevo, siiguiendo los consejos de San Alfonso María de Ligorio y según un libro de Santa Brígida de Suecia: «Noté que a medida que mi vida de oración crecía, me tomaba más en serio mi fe. Cuando más rezaba, más quería ir a misa y confesarme y vivir las virtudes a diario».

En la imagen de la izquierda Eddie Gaven en el bautizo de su hijo

Pudo acabar protestante… y se convirtió su novia

Lo llamativo es que su madre, tiempo atrás, deseándole verle más comprometido con Dios, le había animado a unirse a un grupo juvenil protestante muy activo. «Yo no quería, pero fui sólo por complacerla», confiesa Eddie. Y allí conoció a una chica. Se enamoraron, y como querían casarse y tomárselo en serio, comprendieron que la diferencia de religión era un problema. Discutían mucho: «Yo le explicaba las pruebas que había encontrado de que la Iglesia católica había sido fundada por Jesucristo, y ella me daba argumentos de por qué era protestante». Al final, «por la gracia de Dios», Paula, su hoy esposa y madre de su hijo de trece meses, «vio la luz sobre la belleza de nuestra fe católica. Es una bendición, y realmente creo que sin las mismas creencias nuestro matrimonio no habría funcionado».

Eddie intenta ser «un buen marido, un buen padre y un buen trabajador imitando a San José, que es el perfecto modelo de las tres cosas. Él todo lo hacía por Cristo, toda su vida estaba llena por la gracia, y estaba absolutamente unido a la voluntad de Dios. Es un modelo para cualquier hombre que quiera crecer en la virtud».

Tres motivos cautivadores

Gaven ve tres aspectos fundamentales que le atraen de la religión católica: «La primera es el rosario, tuvo un impacto tan profundo en mi vida que renovó la fe en mi corazón. La segunda es la adoración eucarística, normalmente vamos toda la familia una vez a la semana, además de ir a misa los domingos y a diario si es posible. La tercera es la santa misa: no hay forma de expresar el poder de la misa, porque es el mismo sacrificio del Calvario».

Generacionalmente, no habiendo cumplido aún los 26 años, Eddie creció conociendo solamente la misa postconciliar: «No sabía que existía la misa en latín. Pero cuando empecé a profundizar seriamente en mi fe, empecé a ir a la misa tradicional. Es toda una experiencia asistir a ella por primera vez. Era algo más allá de lo que yo había soñado jamás. Ahora asisto habitualmente a ella. ¡Hay tanta reverencia! Estoy muy agradecido al Papa Benedicto por hacer que la forma extraordinaria está disponible con mayor amplitud gracias a su motu proprio Summorum Pontificum de hace cinco años. Es lo más bello que existe, si exceptuamos el cielo».