El Papa en homilía en la Misa de la Virgen de Guadalupe 12-12-19: «María es mujer y discípula, fiel a su Maestro, su Hijo, el único Redentor»

* «María es Madre nuestra, es Madre de nuestros pueblos, es Madre de todos nosotros, es Madre de la Iglesia, pero es figura de la Iglesia también. Y es madre de nuestro corazón, de nuestra alma. Algún Santo Padre dice que lo que se dice de María se puede decir, a su manera, de la Iglesia, y a su manera, del alma nuestra. Porque la Iglesia es femenina y nuestra alma tiene esa capacidad de recibir de Dios la gracia, y en cierto sentido los Padres la veían como femenina. No podemos pensar la Iglesia sin este principio mariano que se extiende»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News con la homilía del Papa

* «La mujer en la Iglesia va más allá, con ese principio mariano, que «maternaliza» a la Iglesia, y la transforma en la Santa Madre Iglesia. María mujer, María madre, sin otro título esencial. Los otros títulos —pensemos en las letanías lauretanas— son títulos de hijos enamorados que le cantan a la Madre, pero no tocan la esencialidad del ser de María: mujer y madre»

12 de diciembre de 2019.- (Camino Católico) El Papa Francisco ha celebrado este 12 de diciembre en la Basílica de San Pedro la Misa por la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, en la que ha destacado el carácter mestizo de esta aparición con la que María se hizo madre de toda la humanidad. En una homilía improvisada en español, el Pontífice ha afirmado que si bien los hombres dan diferentes títulos a la Virgen como parte de su amor filial, estos “no tocaban en nada ese ser mujer discípula” de María, que además es madre y mestiza.

“San Bernardo nos decía que cuando hablamos de María nunca es suficiente la alabanza, los títulos de alabanza, pero no tocaban para nada ese humilde discipulado de ella. Discípula. Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como co-redentora. No, discípula Jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo, jamás se presentó como co-redentora. Discípula”, ha expresado. María, ha reiterado, “nunca robó para sí nada de su Hijo, lo sirvió porque es madre, da la vida en la plenitud de los tiempos, como escuchamos a ese Hijo nacido de mujer”.

Antes de la bendición final, el Cardenal Marc Ouellet, presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, ha saludado al Santo Padre por los 50 años de sacerdocio que cumplirá mañana 13 de diciembre. El Purpurado agradeció a Dios por el Papa Francisco, cuyo ministerio sacerdotal y petrino lo ejerce “en espíritu de humildad y misericordia, en espíritu de reforma y santidad, dando prioridad y sumo cariño a los más necesitados de caridad y esperanza, y en especial a los pobres”.

Antes de retirarse de la Basílica de San Pedro, el Pontífice tuvo un momento de oración frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe. Como se recuerda, en su viaje a México en febrero de 2016, Francisco rezó frente a la tilma de San Juan Diego donde se plasmó la imagen mariana. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:

La celebración de hoy, los textos bíblicos que hemos escuchado, y la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que nos recuerda el Nican mopohua, me sugieren tres adjetivos para ella: señora-mujer, madre y mestiza.

María es mujer. Es mujer, es señora, como dice el Nican mopohua. Mujer con el señorío de mujer. Se presenta como mujer, y se presenta con un mensaje de otro, es decir, es mujer, señora y discípula. A San Ignacio le gustaba llamarla Nuestra Señora. Y así es de sencillo, no pretende otra cosa: es mujer, discípula.

La piedad cristiana a lo largo de los tiempos siempre buscó alabarla con nuevos títulos: eran títulos filiales, títulos del amor del pueblo de Dios, pero que no tocaban en nada ese ser mujer-discípula.

San Bernardo nos decía que cuando hablamos de María nunca es suficiente la alabanza, los títulos de alabanza, pero no tocaban para nada ese humilde discipulado de ella. Discípula.

Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como co-redentora. No, discípula.

Y algún Santo Padre dice por ahí que es más digno el discipulado que la maternidad. Cuestiones de teólogos, pero discípula. Nunca robó para sí nada de su Hijo, lo sirvió porque es madre, da la vida en la plenitud de los tiempos, como escuchamos a ese Hijo nacido de mujer.

María es Madre nuestra, es Madre de nuestros pueblos, es Madre de todos nosotros, es Madre de la Iglesia, pero es figura de la Iglesia también. Y es madre de nuestro corazón, de nuestra alma. Algún Santo Padre dice que lo que se dice de María se puede decir, a su manera, de la Iglesia, y a su manera, del alma nuestra. Porque la Iglesia es femenina y nuestra alma tiene esa capacidad de recibir de Dios la gracia, y en cierto sentido los Padres la veían como femenina. No podemos pensar la Iglesia sin este principio mariano que se extiende.

Cuando buscamos el papel de la mujer en la Iglesia, podemos ir por la vía de la funcionalidad, porque la mujer tiene funciones que cumplir en la Iglesia. Pero eso nos deja a mitad de camino.

La mujer en la Iglesia va más allá, con ese principio mariano, que «maternaliza» a la Iglesia, y la transforma en la Santa Madre Iglesia.

María mujer, María madre, sin otro título esencial. Los otros títulos —pensemos en las letanías lauretanas— son títulos de hijos enamorados que le cantan a la Madre, pero no tocan la esencialidad del ser de María: mujer y madre.

Y tercer adjetivo que yo le diría mirándola, se nos quiso mestiza, se mestizó. Pero no sólo con el Juan Dieguito, con el pueblo. Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo.

Cuando nos vengan con historias de que había que declararla esto, o hacer este otro dogma o esto, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, es Nuestra Señora, María es Madre de su Hijo y de la Santa Madre Iglesia jerárquica y María es mestiza, mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios.

Que nos hable como le habló a Juan Diego desde estos tres títulos: con ternura, con calidez femenina y con la cercanía del mestizaje. Que así sea.

Francisco

Santa Misa presidida por el Papa Francisco en la Solemnidad de la Santísima Virgen María de Guadalupe, 12-12-19

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