El Papa en la Audiencia 13-11-19: «Una familia es una iglesia doméstica, donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad»

*  «Pidamos al Padre, que ha elegido hacer de los esposos su «verdadera escultura viviente». Recién casados: escuchad cual es vuestra vocación. Que derrame su Espíritu sobre los matrimonios cristianos que, a ejemplo de Aquila y Priscila, abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y transformen sus hogares en iglesias domésticas. Recemos a los santos Áquila y Priscila, para que enseñen a nuestras familias a ser como ellos: una iglesia doméstica donde hay humus para que la fe crezca»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Dirijo un pensamiento especial al querido Burkina Faso, que desde hace algún tiempo sufre violencias recurrentes y en donde recientemente un atentado ha costado la vida a casi cien personas. Confío al Señor a las víctimas, a los heridos, a los desplazados y a los que sufren esta tragedia. Hago un llamamiento para que no falte la protección de los más vulnerables; y aliento a las autoridades civiles y religiosas y a todos los que están animados por la buena voluntad a que multipliquen sus esfuerzos, en el espíritu del Documento de Abu Dhabi sobre la Fraternidad Humana, para promover el diálogo interreligioso y la concordia»

13 de noviembre de 2019.- (Camino Católico) El Papa Francisco ha animado a los matrimonios cristianos a seguir el ejemplo de Áquila y Priscila y convertir sus casas en “iglesias domésticas” al servicio de la comunidad y de los más necesitados. En su catequesis, pronunciada este miércoles 13 de noviembre durante la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el Pontífice ha hablado de los discípulos Áquila y Priscila, que recibieron a San Pablo en Corinto, donde llegó el Apóstol tras su estancia en Atenas. Estos cónyuges “demostraron tener un corazón lleno de la fe de Dios y generoso hacia los demás, capaz de hacer espacio a quien experimenta la condición de forastero”.

“Esta sensibilidad les lleva a salir de sí mismos para practicar el arte cristiana de la hospitalidad, y abrir las puertas de su casa para acoger al apóstol Pablo. Así, no sólo acogen al evangelizador, sino también el anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo”. El Santo Padre ha destacado cómo “la casa de Áquila y Priscila en Corintio abre las puertas no sólo al Apóstol, sino también a los hermanos y hermanas en Cristo. Pablo, de hecho, puede hablar de la comunidad que se reúne en su casa, la cual se convierte en una ‘domus ecclesiae’, un lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía”.

Francisco ha explicado que Áquila y Priscila emergen, de entre los numerosos discípulos y colaboradores de Pablo “como modelos de una vida conyugal responsablemente comprometida con el servicio a toda la comunidad cristiana y nos recuerdan que gracias a la fe y al compromiso en la evangelización de muchos laicos como ellos, el cristianismo a llegado hasta nosotros”.

Por último, el Papa Francisco ha pedido a los matrimonios cristianos que sigan el ejemplo de Áquila y Priscila y que “sepan abrir las puertas de sus corazones a Cristo y a los hermanos, y que transformen sus casas en iglesias domésticas donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad”.  En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Esta audiencia se hace con dos grupos: los enfermos están en el Aula Pablo VI –yo he estado con ellos, les he saludado y bendecido; serán alrededor de doscientos cincuenta. Allí estarán más cómodos a causa de la lluvia – y nosotros aquí. Pero ellos nos miran gracias a la pantalla gigante. Vamos a saludarnos, los dos grupos, con un aplauso.

Los Hechos de los Apóstoles narran que Pablo, como evangelizador incansable que es, después de su estancia en Atenas, caracterizada por la hostilidad continúa la carrera del Evangelio en el mundo. La nueva etapa de su viaje misionero es Corinto, capital de la provincia romana de Acaya,  una ciudad comercial y cosmopolita, gracias a la presencia de dos importantes puertos.

Como leemos en el capítulo 18 de los Hechos, Pablo encuentra hospitalidad con un matrimonio, Áquila y Priscila (o Prisca), obligados a mudarse de Roma a Corinto después de que el emperador Claudio decretase la expulsión de los judíos (cf. Hechos 18:2).  Me gustaría hacer un paréntesis. El pueblo judío ha sufrido tanto en la historia. Ha sido expulsado, perseguido… Y, el siglo pasado, hemos visto tantas cosas, tantas brutalidades cometidas contra el pueblo judío y todos estaban convencidos de que se hubiera acabado. Pero hoy, empieza a renacer aquí y allí la costumbre de perseguir a los judíos. Hermanos y hermanas, esto no es ni humano ni cristiano. ¡Los judíos son hermanos nuestros! Y no hay que perseguirlos ¿entendido? Estos esposos demuestran que tienen un corazón lleno de fe en Dios y generoso con los demás, capaz de dar cabida a quienes, como ellos, experimentan la condición de forasteros. Su sensibilidad los llevó a olvidarse de sí mismos para practicar el arte cristiano de la hospitalidad (cf. Rm 12,13; Hb 13,2) y a abrir las puertas de su casa para acoger al apóstol Pablo. Así hospedan no sólo al evangelizador, sino también al anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo, que es «una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rm 1,16). Y desde ese momento en adelante su casa se impregna del perfume de la Palabra «viva» (Heb 4,12) que vivifica los corazones.

Áquila y Priscila también comparten con Pablo su actividad profesional, es decir, la fabricación de lonas. Pablo, en efecto, tenía en gran estima el trabajo manual y lo consideraba un espacio privilegiado para el testimonio cristiano (cf. 1 Cor 4, 12), así como una manera justa de mantenerse sin ser una carga para los demás o para la comunidad.

La casa de Áquila y Priscila en Corinto abre sus puertas no sólo al Apóstol sino también a los hermanos y hermanas en Cristo. En efecto, Pablo puede hablar de la «comunidad que se reúne en su casa» (1 Co 16,19), que se convierte en una “casa de la Iglesia”, una  «domus ecclesiae», lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía. También hoy en algunos países donde no hay libertad religiosa y no hay libertad para los cristianos, los cristianos se reúnen en una casa, algo escondidos, para rezar y celebrar la Eucaristía. También hoy existen estas casas, estas familias que se convierten en un templo para la Eucaristía,

Después de un año y medio en Corinto, Pablo dejó la ciudad junto con Áquila y Priscila, que se quedan en Éfeso. También allí su casa se convierte en un lugar de catequesis (cf. Hch 18,26). Finalmente, el matrimonio regresará a Roma y recibirá un espléndido elogio que el Apóstol inserta en su Carta a los Romanos. Tenía el corazón agradecido, y así escribía Pablo de estos dos esposos en la Carta a los Romanos, escuchad: “Saludad a Prisca y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy yo solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad» (16:4) ¡Cuántas familias en tiempos de persecución se juegan la cabeza para esconder a los perseguidos! Este es el primer ejemplo: la hospitalidad familiar, también en los momentos difíciles.

Entre los numerosos colaboradores de Pablo, Áquila y Priscila, emergen como «modelos de una vida conyugal responsablemente comprometida al servicio de toda la comunidad cristiana.» y nos recuerdan que, gracias a la fe y al compromiso de evangelización de tantos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros. En efecto, «para arraigar en la tierra del pueblo, para desarrollarse ampliamente, era necesario el compromiso de estas familias. Pensad que el cristianismo desde el principio lo predicaron los laicos. También vosotros, laicos, sois responsables por vuestro bautismo, de llevar adelante vuestra fe. Era el compromiso de tantas familias, de estos esposos, de estas comunidades cristianas, de fieles laicos que ofrecieron el «humus» al crecimiento de la fe. Y sólo así crece siempre la Iglesia. “(Benedicto XVI, Catequesis 7 de febrero de 2007). Es hermosa esta frase del Papa Benedicto XVI: los laicos ofrecen el humus al crecimiento de la fe.

Pidamos al Padre, que ha elegido hacer de los esposos su «verdadera escultura viviente» (Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, 11). Creo que aquí hay recién casados: escuchad cual es vuestra vocación, debéis ser la verdadera escultura viviente, que derrame su Espíritu sobre todos los matrimonios cristianos para que, a ejemplo de Aquila y Priscila, abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y hermanas y transformen sus hogares en iglesias domésticas. Hermosa palabra: una casa es una iglesia doméstica, donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad. Tenemos que rezar a estos dos santos: Áquila y Prisca, para que enseñen a nuestras familias a ser como ellos: una iglesia doméstica donde hay humus para que la fe crezca.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Los Hechos de los Apóstoles nos cuentan que Pablo, después de su estadía en Atenas, prosiguió su viaje misionero y llegó a Corinto, ciudad comercial y cosmopolita, que era capital de la provincia romana de Acaya.

Ahí encontró a Áquila y Priscila, pareja de esposos cristianos que había tenido que dejar Roma por la expulsión de los judíos decretada por el emperador Claudio. Ellos, con un corazón lleno de fe en Dios y de generosidad hacia el prójimo, le abrieron las puertas de su hogar a Pablo, testimoniando el valor cristiano de la hospitalidad. Acogieron al Evangelizador y también el anuncio que él llevaba: el Evangelio de Cristo.

Como Pablo, también ellos eran tejedores de lona para tiendas de uso doméstico. El Apóstol apreciaba mucho el trabajo manual, que no sólo consideraba lugar privilegiado para dar testimonio cristiano, sino también medio de subsistencia y no ser un peso para los demás. Esta pareja cristiana abrió también su casa a la comunidad local de cristianos, convirtiéndola en una “domus ecclesiae”, es decir, lugar de escucha de la Palabra de Dios y celebración de la Eucaristía.

De entre los numerosos colaboradores de san Pablo, Áquila y Priscila sobresalen como como modelos de una vida conyugal comprometida al servicio de toda la comunidad cristiana y nos recuerdan que gracias a la fe y al compromiso en la evangelización de muchos laicos como ellos, el cristianismo echó raíces y ha llegado hasta nosotros.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España y Latinoamérica. Pidamos a Dios nuestro Padre que infunda su Espíritu Santo en todas las parejas cristianas para que, a ejemplo de Áquila y Priscila, sepan abrir las puertas de su corazón a Cristo y a los hermanos, para que sus hogares sean verdaderas iglesias domésticas donde se viva la comunión fraterna y se dé a Dios el culto de una vida de fe, de esperanza y de caridad. Que Dios los bendiga.

El Papa ha dicho al saludar a los peregrinos en otras lenguas:

Dirijo un pensamiento especial al querido Burkina Faso, que desde hace algún tiempo sufre violencias recurrentes y en donde recientemente un atentado ha costado la vida a casi cien personas. Confío al Señor a las víctimas, a los heridos, a los desplazados y a los que sufren esta tragedia. Hago un llamamiento para que no falte la protección de los más vulnerables; y aliento a las autoridades civiles y religiosas y a todos los que están animados por la buena voluntad a que multipliquen sus esfuerzos, en el espíritu del Documento de Abu Dhabi sobre la Fraternidad Humana, para promover el diálogo interreligioso y la concordia.

Saludo a los enfermos en el Aula Pablo VI antes de iniciar la audiencia en la plaza de San Pedro:

¡Buenos días a todos!

Está lloviendo fuera. Aquí estaréis tranquilos, podréis seguir la audiencia desde la pantalla grande, tranquilos, en paz, sin mojaros. Esto es bueno. Gracias por esta visita. Para mí es una alegría ver que venís así, con tantas dificultades, pero por amor a la Iglesia, a decir que amáis a la Iglesia. Esto es bueno para todos los que os ven; es bueno para mí. Gracias.

Y ahora voy donde el otro grupo que está en la plaza; estará algo mojado, pero vosotros quedaos aquí. Estamos unidos a través de la pantalla grande, ahora me gustaría bendeciros a todos. Todos, recemos primero a Nuestra Señora. [Rezo del Ave María y bendición].

Francisco

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