Federico Rizzi, futbolista, en Medjugorje le dijo a Dios «déjame ver si existes», el Señor le mostró su poder contra el mal y dejó el fútbol para dar a conocer a Cristo

* «Nuestras hijas Evelina y Elisabetta – ambas también llamadas Rita, en homenaje a la santa de lo imposible – nacieron siamesas. Nos decían que el aborto sería más fácil y que luego ya podríamos tener más hijos. Sin algo de fe, no nos habríamos enfrentado al embarazo; o incluso creo que nos habríamos separado. El Señor estaba cerca de nosotros y le fuimos fieles. Sólo con Él se puede aceptar lo que sucede. Las pequeñas siamesas fueron operadas en 2018, cinco meses después de su nacimiento. En el quirófano veinte médicos dieron lo mejor de sí. La cuna de las bebés fue custodiada durante muchas semanas por una reliquia del Padre Pío, un trozo de gasa usada por el fraile en el costado, que nos dio una de sus hijas espirituales. Antes de operar, los médicos se hicieron bendecir las manos por padre Paolo, porque nadie sabía en qué terminaría aquella intervención. Con nuestros padres nos quedamos todo el día en la pequeña capilla del hospital, rezando frente al tabernáculo. Espiritualmente nunca estuvimos solos y entonces fue como un segundo nacimiento. María y Jesús pusieron su mano en nuestras vidas y en las de nuestras hijas. Algún día les diremos a Evelina y Elisabetta que aprecien la vida porque el Señor ha hecho algo maravilloso por ellas»

Camino Católico.- «Me encerré en el baño y lloré. Dejar el fútbol era para mí como el ‘negarse uno mismo’ del que habla el Evangelio».  Así recuerda a Famiglia Cristiana el futbolista profesional Federico Rizzi, aquel momento del año 2014 cuando colgó los botines. Tenía 33 años, el número 23 de la Salernitana bien cosido en la espalda y un estado físico que aún le permitía varios años de carrera por delante. «Pero cuando tu corazón se aleja de lo que dice tu cabeza, entonces es hora de hacer una elección madura. Los demás no deciden por ti, tú eliges, aunque no todo el mundo pueda entender por qué dejas de jugar cuando todavía estás en forma y te buscan diferentes equipos».

Rizzi, siendo apenas un niño, comenzó a mostrar habilidades jugando con sus compañeros de catecismo. «Todavía recuerdo los torneos de verano por la tarde en la parroquia. Me gustaba marcar goles y aunque entendía que era más hábil que los demás, lo importante era poder divertirse con los amigos. Mi padre nos entrenaba, pero nunca insistió en que tomara el camino profesional», cuenta Federico, que ahora tiene 39 años.

Formado por su familia como católico, subraya lo difícil que le resultaba vivir su fe siendo un futbolista profesional, pues “entre los entrenamientos y los partidos, no es fácil ni siquiera asistir a misa. Casi olvidas la existencia de Dios, estás tan atrapado en todo lo demás. Y es más feo que ser ateo, porque en el fondo sabes que hay algo en lo que creer, pero no puedes hacer el seguimiento».

En Medjugorje tuvo una experiencia del poder de la oración y de Dios sobre el mal al ver una poseída

Y como estaba cada vez más alejado del trato cotidiano con Dios, no fue grato que su futura esposa, Claudia, le pidiera como regalo de titulación de abogado viajar a una aldea de Bosnia Herzegovina, Medjugorje, donde -según le dijo- se aparecía la Virgen. “Para ser honesto, hubiera preferido ir al mar, pero la satisfice. Sólo lo hice por ella. Hablando sin rodeos, durante el viaje en autobús los demás rezaban el Rosario mientras yo escuchaba la música”.

Parroquia Santiago Apóstol de Medjugorje

Ese año se cumplía el aniversario número 30 de las apariciones y nada más llegar al lugar, Claudia se fue a rezar a la parroquia Santiago Apóstol de Medjugorje y Federico prefirió ir a por una cerveza. “Había 40 grados y después de una hora entré en la iglesia para preguntarle si no era tiempo ya de volver al hotel». Claudia le miró sonriendo y su respuesta descolocó al futbolista… «Ella solo me dijo: «Después de todo este viaje, ¿no rezas ni siquiera un poco?» Entonces, con esa actitud engreída que acompaña a quienes consideran tener éxito y suerte en la vida, me dirigí a Dios de forma descarada con la siguiente petición: «Déjame ver si existes»».

Al día siguiente, 24 de junio de 2011, Claudia le insistió en que se confesara. Cuestión que fue compleja pues ya habían pasado 15 años desde su última confesión, pero hizo lo que ella le sugería.  «Luego fuimos a misa y en el momento de la eucaristía vi a una chica -tendría unos 24 años- poseída, sostenida firmemente por sus padres. De camino al altar de forma espontánea me arrodillé ante ella y comencé a balbucear un Ave María, según recordaba esta oración. Entonces, ella se desplomó a mi lado. Yo comencé a llorar como un bebé y en la confusión general perdí de vista a Claudia. No la encontré hasta media hora después y lo primero que me dijo fue un recordatorio: «¿No le habías pedido una prueba al Señor?» En ese momento comprendí que el mal existe y mediante nuestra oración se puede vencer».

Desde Medjugorje Federico no regresó exaltado, sino lleno de preguntas. «Comencé un viaje de fe con mi esposa, acompañado por algunos sacerdotes. Jugué durante otros tres años más, pero para entonces el fútbol ya estaba como muerto para mí, la pirámide de valores se había vuelto del revés. No me interesaba tener un buen coche, salir a cenar o leer los comentarios de la Gazzetta dello Sport… Empecé a pedir a los directivos que buscaran hoteles cerca de iglesias para poder ir a misa”.

Guía de viajes espirituales

Poco a poco en el corazón de Frederick, un llamado se hizo cada vez más claro y el 2014 dejó el fútbol profesional para abrir una agencia de “viajes espirituales” con su esposa:  Viaggiando con gioia. “El Señor me mostró espiritualmente que este era el camino correcto. Recé mucho y supe debía continuar con este proyecto”, afirma Federico. Decisión que mantuvo, aunque al comienzo la familia parental y hasta su abogado se oponían. «El Señor no pretende que seamos exitosos, sino que le seamos fieles» reflexiona el ex – futbolista.

En el primer viaje llevando peregrinos con Claudia hasta la cuna de San Francisco, Asís, Federico confirmó que esto era querido por Dios cuando algunas personas le testimoniaron experiencias personales significativas. “Comprendí que para mí no era un trabajo sino una misión y el Señor me ha abierto sus puertas de par en par», dice Federico con satisfacción.

Su fe probada con sus hijas siamesas

Claudia y Federico han sido bendecidos con tres hijas: María que ya tiene 4 años, Evelina y Elisabetta, ambas de 3. Fue precisamente en este empeño por ser padres que vivirían un auténtico crisol de la fe.  «María llegó después de cuatro años de anhelarlo. Evelina y Elisabetta – ambas también llamadas Rita, en homenaje a la santa de lo imposible – nacieron siamesas. Nos decían que el aborto sería más fácil y que luego ya podríamos tener más hijos. Sin algo de fe, no nos habríamos enfrentado al embarazo; o incluso creo que nos habríamos separado. Durante los cinco meses en que las niñas estuvieron hospitalizadas, mi esposa y yo aprendimos a conocernos en el hospital. Nos turnábamos, estando uno con María y el otro con las gemelas. El Señor estaba cerca de nosotros y le fuimos fieles. Sólo con Él se puede aceptar lo que sucede», asevera Federico.

Federico Rizzi repartiendo alimentos hace una semana. Ha creado un proyecto de ayuda alimentaria para los pobres: Pellegrini con Gioia.

En ese tiempo de prueba el padre Primo y padre Paolo les apoyaron y acompañaban en la oración y Federico lo recuerda agradecido: «Inmediatamente después de la visita en la que se nos anunció la patología de las pequeñas, padre Primo nos dijo: «Este es el momento de creer»».

Gracias a la competencia y dedicación del Hospital Papa Juan XXIII de Bérgamo, las pequeñas siamesas fueron operadas en 2018, cinco meses después de su nacimiento. Una intervención que tuvo relevancia internacional por la complejidad de la situación y el resultado exitoso de la operación. «Fue el 31 de enero, fiesta de San Juan Bosco. En el quirófano veinte médicos dieron lo mejor de sí. La cuna de las bebés fue custodiada durante muchas semanas por una reliquia del Padre Pío, un trozo de gasa usada por el fraile en el costado, que nos dio una de sus hijas espirituales».

El poder de la oración

Federico prosigue su relato, con la gratitud de quien se sabe acompañado por Dios: «Antes de operar, los médicos se hicieron bendecir las manos por padre Paolo, porque nadie sabía en qué terminaría aquella intervención. Con nuestros padres nos quedamos todo el día en la pequeña capilla del hospital, rezando frente al tabernáculo. Espiritualmente nunca estuvimos solos y entonces fue como un segundo nacimiento. María y Jesús pusieron su mano en nuestras vidas y en las de nuestras hijas. Algún día les diremos a Evelina y Elisabetta que aprecien la vida porque el Señor ha hecho algo maravilloso por ellas”.

Por estos días cuando la pandemia deja expuestos a necesidades múltiples a millones en el mundo, Federico ha creado un proyecto de ayuda alimentaria para los pobres: Pellegrini con Gioia.


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