Fernando Baena tuvo un accidente y se quedó tetrapléjico, acudió a psiquiatras, medicación, drogas, meditación… Su vida cambió cuando clamó: «¡Dios, si tú existes, ayúdame!»

*  «Cuando ya no había nada a que recurrir, y me di cuenta de que no podía hacer nada y dije, me doy por vencido, en un instante que no sé lo que paso, fue como si me rindiese, y le dijera a Dios que dejaba de ser yo el que mandaba, el que decía lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero que me ayudaseí. Era como una voz en mi interior que salía de mí mismo, de partes que ni conocía, y así fue. Sin fe no hay aceptación. La aceptación la da la fe, en mi caso. Entonces empecé a ir a la iglesia, al principio sin entender nada, sintiéndome como un intruso frente a gente que veía por allí que me parecían como muy perfectos, y un cura Ángel Lorenzo Sánchez empezó a ayudarme, y cambiaron muchas cosas en mi vida»

Camino Católico.- Fernando Baena es economista, padre de una familia con cinco hijos, soy economista, y en 1973, con 20 años, tuvo un accidente de coche que le produjo una tetraplejia que le cambió la vida radicalmente. De este grave accidente que le pudo costar la vida y de su propia experiencia quiso escribir el libro «Salir desde el Fondo», que en el 80 % es autobiográfico. Pasaron años de combate hasta que clamó a Dios y aceptó su nueva situación. Fernando Baena cuenta su testimonio de vida y conversión en el vídeo de  Mater Mundi TV.

Según ha contado para presentar su libro, el proceso de aceptación de la nueva realidad para Fernando Baena fue “muy duro, y de bastante tiempo, años. Después de un tiempo acabé la carrera, no encontré trabajo por la tetraplejía. Puse un quiosco de prensa y revistas, vi que aquello no tenía futuro’. Hacía mucho tiempo que había dejado la Iglesia a un lado. Lo intente todo para sentirme bien, psicólogos, psiquiatras, medicación, drogas, meditación, todo, y cuando ya no había nada a que recurrir, y me di cuenta de que no podía hacer nada y dije, me doy por vencido, en un instante que no sé lo que paso, fue como si me rindiese, y le dijera a Dios que dejaba de ser yo el que mandaba, el que decía lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero que me ayudase: ‘¡Dios, si tú existes, ayúdame!’, dejaré de hacer lo que me dé la gana pero ayúdame, no puedo seguir más así. Era como una voz en mi interior que salía de mí mismo, de partes que ni conocía, y así fue. Sin fe no hay aceptación. La aceptación la da la fe, en mi caso”.

Fernando Baena con su familia

Fernando explica que “entonces empecé a ir a la iglesia, al principio sin entender nada, sintiéndome como un intruso frente a gente que veía por allí que me parecían como muy perfectos, y un cura Ángel Lorenzo Sánchez empezó a ayudarme, y cambiaron muchas cosas en mi vida. Allí me encontré con cariño de gente cuando yo me encontraba completamente solo, vi la fraternidad, la solidaridad, como hay que hacer para vivir bien en esta vida, pero me faltaba resurrección. Yo aún tenía la muerte dentro de la parálisis y no conseguía sacármela de encima… En una predicación me sentí contento. Volví a casa y seguía muy feliz’. »Y un día haciendo gimnasia, me di cuenta que el odio había desaparecido por completo. ‘Y no solamente no me importaba tener una discapacidad, sino que casi me parecía un premio»

Fernando Baena con su esposa Ángela

Ahora tiene un profundo agradecimiento a Dios, en primer lugar, por haberle dado a su mujer Ángela que es lo que más valora de esta creciente fe. “Doy gracias a Dios por haberme mandando hace veintitrés años a mi mujer Ángela con quien veo cada día el amor que vence la muerte de las dificultades, y las limitaciones en las actividades de la vida diaria con las que me tengo que enfrentar cada día.  Yo soy una persona completamente dependiente desde el punto de vista físico y solo puedo dar gracias a Dios por la familia que me ha dado que me ayuda en todo para sacar mi vida cada día adelante”.

Para Fernando el verbo amar significa entrar en el sufrimiento y morir al otro “para que el otro sea, para poder vivir en el otro”. Pese a tener claro ese significado, cuando le sucedió el accidente, no podía dejar de cuestionar a Dios constantemente: “¿por qué Dios permite esto si se supone que todo lo que ha creado lo ha creado para el bien de los demás?” Pero bien es cierto, como dice Fernando, que ante el sufrimiento hay dos posturas: aceptarlo o no aceptarlo. Y en todas estas reflexiones se basa la trama del libro: “¿Es posible aceptar totalmente una discapacidad total que aparece de pronto, y te cambia la vida para siempre totalmente?” La respuesta de Fernando es un sí rotundo.

En una entrevista en El Correo de Madrid presentando su libro, Fernando cuenta que el mensaje que quiere dar en «Salir desde el Fondo» tiene que ver con su trascendente experiencia de conversión:

Que la vida tiene sentido, aunque a veces no podamos entender las cosas que nos pasan en un momento determinado de nuestra historia, por eso cuando aparece la esperanza lo cambia todo, porque crea las ganas de querer vivir. Y a su vez hace vivir en esperanza, sabiendo que todas las cosas que a lo mejor no entendemos hoy, un día se nos descubrirán como un velo que se descorre tras el cual hay un paisaje maravilloso. El futuro puede cambiar, es mentira lo del destino, la predestinación etc. Lo que pasa es que proyectamos el pensamiento de lo que nos pasa en el presente en el futuro y deducimos cómo será el futuro, y eso es otra mentira. Por eso esta novela, en este sentido tiene un poco de ajuste de cuentas con el pasado, cuando el pasado era presente y te decía que nada podía cambiar. Las virtudes teologales –creo que son las teologales- son un motor, la primera la fe, la fe lo cambia todo.

Segundo la esperanza que cambia la actitud y tercero el amor, que es la obra de las otras dos, y su plasmación en la vida. Dios es amor y no puede dejar de amarnos porque su naturaleza es esa, aunque seas un golfo, aunque seas un sinvergüenza, aunque seas un criminal, aunque seas lo que seas. San Pablo dice que Dios envió a su hijo en una carne similar a la nuestra, similar a la del pecado para dar la vida por nosotros, para que nosotros viviéramos. ¡No lo envió cuando ya éramos buenos, no cuando éramos santos, sino cuando éramos pecadores. Aquí está la naturaleza de Dios, lo que pasa es que nos ha hecho libres, y tú y yo podemos decir: ‘¡ah sí, me das tu amor! Pues no lo quiero, no quiero saber nada de ti’.

Y esa es justamente la prueba de que Dios existe y de que todo es un diseño maravilloso del que somos parte: nuestra libertad. La novela quiere dar el mensaje de que Dios quiere a los pecadores, de cómo el pecado te hunde en la miseria, y de como Dios si te vuelves a Él puede sacarte de ahí”.

La vida de Fernando Baena está ahora orientada a testimoniar con las propias obras que es posible “amar al prójimo como a ti mismo”.

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