Joel Solano y Marina vivían sin estar casados, llevaron a su hijo a catequesis, dejaron entrar a Dios y Él transformó y ordeno su vida: de alejado y violento a servir en la parroquia

* Joel: «Dios transformó mi vida de tal forma que ahora ni yo mismo me reconozco. Antes mi vida era muy vacía, me levantaba como un animal, enojado, frustrado, era muy egoísta, no dedicaba ningún tiempo para agradecer a Dios. Ahora doy gracias a Dios por un nuevo día de vida, por poder ver, caminar, le encomiendo mi familia, mi trabajo, mis hermanos de la iglesia, soy una persona muy diferente, siento mucha paz y una alegría que no puedo explicar. Ahora, todo lo pongo en manos de Dios. Incluso, en mi trabajo en el aserradero, cuando hay cosas que no puedo hacer, de repente se aparece alguien para explicarme cómo hacerlo, es increíble»

* Marina: «Trabajo de noche y cada día me voy camino al trabajo en oración, le dejo en sus manos a mi familia. Es increíble la paz y confianza que Dios me da de saber que todo va a estar bien. A veces mis compañeras de trabajo me preguntan ¿con quién andas hablando? ¿Estás loca? ¿Estás hablando sola?, entonces, les respondo que no estoy sola porque ¡Dios está conmigo! Siento la presencia de Dios en mi vida y estoy en comunicación constante con Él. Le canto, dialogo con Él, le rezo por mi familia, por todas las personas que necesitan de Él»

Camino Católico.- “Dios ha hecho tantos cambios en mi vida que a veces no sé cómo explicarlo”, dice Joel Solano, feligrés de la parroquia San Mateo en Hillsboro de Oregon, EEUU, al narrar a Patricia Montana en El Centinela su experiencia de conversión y “nueva vida en Cristo”, tal como la describen Él y su esposa Marina. “Dios ha traído tanto amor y paz a nuestras vidas y es una experiencia muy bonita. Siento una paz muy profunda conmigo mismo”, asegura Joel, con voz entrecortada y sus ojos llenos de lágrimas. Y sigue relatando el mismo en primera persona:

“Antes no venía a la iglesia o cuando asistíamos a misa era de entrada por salida. No nos involucrábamos en nada, pero todas las cosas llegan en el tiempo de Dios. Sé que mis padres me bautizaron cuando niño, en mi natal Tula, en el municipio de Tepexi de Rodríguez, en Puebla; pero, una vez que vine a vivir aquí, me alejé de Dios y no me preocupé por ningún sacramento

En catequesis se da cuenta de lo mal que trataba a su hijo

Cuando mi hijo empezó sus clases de preparación para los sacramentos, a veces veníamos a las clases para padres con mi esposa Marina y fue a partir de entonces, cuando empecé a reflexionar acerca de mi comportamiento. Las explicaciones del hermano Esteban, añadió, me ayudaron a darme cuenta lo mal que trataba a mi hijo, a quien incluso algunas veces le di chanclazos y le dije malas palabras.

Empecé a preguntarme por qué si nuestro Padre que nos da todo y nos acepta como somos, nos ama y nos perdona siempre, ¿por qué tenemos que tratar mal a nuestros hijos? ¿Por qué hacer eso si nuestro Padre no lo hace con nosotros?

Ese fue un momento muy duro y sentí mucho dolor, entonces, le pedí perdón muchas veces a mi hijo, no se imagina cuantas veces. Reconocí lo equivocado que estaba, pensé que para corregir a mi hijo era necesario maltratarlo, le he explicado de muchas formas mi error”.

La familia Solano es feligresa de la parroquia de San Mateo de Hillsboro (Oregón)

El acercamiento a Dios, los sacramentos y la boda

Por su parte Marina añade que “a mi esposo quería criar a nuestro hijo de la forma que a él lo criaron”. Y Joel cuenta que “a partir de entonces y gracias a mi esposa y a nuestro Padre que lo ha permitido, sentí más la necesidad de acercarme a Dios”.

Marina señala que “llevamos viviendo juntos en unión libre bastante tiempo, y continuamente el me pedía que nos casáramos. Nuestro hijo nos preguntaba con frecuencia ¿cuándo se van a casar? Eso también nos ayudó a tomar la decisión”.

Joel subraya que “no fue fácil, porque tuvimos que resolver varias situaciones. Ella se había casado en México y necesitábamos hacer el proceso de nulidad de su matrimonio. Yo no había recibido ningún sacramento, así que tuve que empezar por eso. Marina me motivó para inscribirme en las clases de RICA (curso de catequesis para adultos) y después de mucha insistencia me convencí. Como adulto, tenía vergüenza de participar en la preparación con los niños pequeños”, dijo.

Sin embargo, según Marina, quien afirma haber estado un poco más activa en su fe, “después de hablar con varias personas de la iglesia, se convenció que las clases eran para adultos”. Y sigue explicando ella que “por mi parte, fue un ir y venir de documentos y firmas pero Dios se encargó de facilitar todo y en menos del tiempo que imaginamos, los documentos de la nulidad estuvieron listos para celebrar nuestro matrimonio”.

La presencia de Dios en sus vidas

“Ha sido algo maravilloso. Llevaba más de 18 años sin comulgar y sentía un vacío muy grande en mi corazón”, manifiesta Joel, quien asegura que “Dios transformó mi vida de tal forma que ahora ni yo mismo me reconozco. Antes mi vida era muy vacía, me levantaba como un animal, enojado, frustrado, era muy egoísta, no dedicaba ningún tiempo para agradecer a Dios. Ahora doy gracias a Dios por un nuevo día de vida, por poder ver, caminar, le encomiendo mi familia, mi trabajo, mis hermanos de la iglesia, soy una persona muy diferente, siento mucha paz y una alegría que no puedo explicar. Ahora, todo lo pongo en manos de Dios. Incluso, en mi trabajo en el aserradero, cuando hay cosas que no puedo hacer, de repente se aparece alguien para explicarme cómo hacerlo, es increíble”.

Marina interviene para decir que “es igual para mí, trabajo de noche y cada día me voy camino al trabajo en oración, le dejo en sus manos a mi familia. Es increíble la paz y confianza que Dios me da de saber que todo va a estar bien. A veces mis compañeras de trabajo me preguntan ¿con quién andas hablando? ¿Estás loca? ¿Estás hablando sola?, entonces, les respondo que no estoy sola porque ¡Dios está conmigo! Siento la presencia de Dios en mi vida y estoy en comunicación constante con Él. Le canto, dialogo con Él, le rezo por mi familia, por todas las personas que necesitan de Él”.

Llamado al servicio como Ministros de Hospitalidad

«En su búsqueda, Joel y Marina encontraron un sentido a la vida en el servicio. Se interesaron en los programas de catequesis para adultos y completaron los sacramentos que necesitaban y ahora viven en relación muy cercana con Dios y los demás, especialmente sus hijos», dice el padre Agustín Rodríguez. Foto: cortesía Joel y Marina Solano.

“Dios nos ha llamado a servir como ministros de hospitalidad en la iglesia de San Mateo y sentimos mucho amor y alegría de recibir a las personas y nos sentimos orgullosos de transmitir una sonrisa y dar la bienvenida a nuestros hermanos en Cristo”, afirma Joel.

El padre Agustín Rodríguez, sacerdote de la iglesia de San Mateo, ofrece el siguiente testimonio sobre Joel y Marina:

“La vida diaria de nuestros tiempos esta “diseñada” para volver loco a cualquiera que no tenga una esperanza o un amigo poderoso.

Hay muchas situaciones en nuestras comunidades en las que las personas han perdido toda esperanza del gobierno, las agencias de ayuda, iglesias, etc.

Las personas buscan esperanza y protección en el poder o el dinero, eso es lo que ven en casi todos los medios de comunicación y es lo primero que la gente busca para estar bien.

Cuando la gente descubre que nunca podrán estar bien económicamente, porque siempre habrá mucho en donde gastar el dinero, empiezan a buscar algo más que llene sus vidas.

Joel y Marina empezaron a buscar sentido a sus vidas en este país, y lo encontraron en Dios. Ellos empezaron a integrarse en nuestra comunidad parroquial buscando a Dios y se encontraron con una familia que los valora y los quiere.

En su búsqueda encontraron un sentido a la vida en el servicio. Se interesaron en los programas de catequesis para adultos y completaron los sacramentos que necesitaban y ahora viven en relación muy cercana con Dios y los demás, especialmente sus hijos.

Se integraron a la comunidad y sus hijos también encontraron unos padres amorosos que aun con los retos de la vida encuentran tiempo para ser los padres que siempre desearon ser. Joel y Marina están muy integrados en la comunidad, veo que asisten a Misa todos en familia.

Los niños reflejan en su semblante mucha paz y alegría. Tienen un hijo adolescente que aun con los retos de estos tiempos se le mira su cara radiante de paz y felicidad por ver a su familia unida.

A mí en lo personal me da mucha paz poder ver a nuestras familias donde se cultiva el amor. Yo siempre les digo en mis homilías que una comunidad que vive en santidad santificarán a sus sacerdotes. Y lo mismo les digo de los sacerdotes, porque es mutuo el compromiso, si el sacerdote es santo, entonces la comunidad se santificará también. No es que seamos santos los sacerdotes, sino que hemos aprendido a caminar todos juntos como una sola comunidad creciendo en Cristo”, dice el sacerdote.


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