María Esposito, madre de familia, asegura que por intercesión de Pío XII se curó de agresivo cáncer y la familia ha recibido la gracia de la oración diaria

12 de julio de 2011.- En julio de 2005, María Esposito tenía 36 años de edad, estaba embarazada de su segundo hijo y le diagnosticaron linfoma de Burkitt, una agresiva leucemia que podía terminar con su vida. Pesaba solo 42 kilos, acudió junto a su familia a la intercesión del Papa Pío XII y después de la primera sesión de quimioterapia se curó completamente.

Junto a su esposo Umberto, María llegó a Roma para dar testimonio de su curación por la apertura del nuevo Museo dedicado a Pío XII, el Papa que lideró a la Iglesia entre 1939 -1958, durante el difícil periodo de la Segunda Guerra Mundial y que con frecuencia es acusado -sin sustento histórico- de no haber hecho lo suficiente por los judíos víctimas de los nazis.

«Estoy convencida de que mi curación es un milagro gracias a la intercesión del Papa Pío XII. Me escuchó. Todos los que rezaron fueron escuchados», asegura la maestra en declaraciones a ACI Prensa.

Umberto explica que dirigieron sus plegarias al Papa tras un peculiar sueño. «Cuando vi que mi mujer seguía enferma, me puse a rezar a Juan Pablo II que había muerto el 2 de abril de ese año. Una noche lo vi en sueños y estaba triste. No me habló, pero me empezó a mostrar unas tarjetas con imágenes de iglesias y santos. Se detuvo en la fotografía de un sacerdote vestido de negro, con una túnica y un pequeño gorro en la cabeza. Era muy delgado», recuerda.

Según relata, Juan Pablo II «se detuvo (en esa imagen) y me dijo que debía acudir a esta persona para obtener una respuesta». Umberto no reconoció al hombre de la imagen hasta que su madre lo visitó dos semanas más tarde con el ejemplar de una revista católica en la que había una historia sobre el Papa Pío XII.

«Tan pronto como vi la foto de la cara del Papa, le dije a María ‘Esta es la persona que Juan Pablo II indicó. Debemos acudir a él con nuestras oraciones’». Los esposos aseguran que desde ese momento las cosas mejoraron al punto tal que después de un solo ciclo de quimioterapia el cáncer había desaparecido por completo.

«Cuando hablamos con su médico y le preguntamos si esto era un milagro, dijo, ‘No, no, no, no hablemos de estas cosas»,rememora Umberto. «Ellos no creen en estas cosas», agrega María.

La pareja dejó su hogar de Castellammare di Stabia, en la costa cerca de Nápoles en el sur de Italia, para visitar la capital italiana y apoyar públicamente la creación de un museo en honor a Pío XII que cuenta con el respaldo del alcalde de Roma. Los Esposito aseguran que además de la asombrosa curación de María, Pío XII hizo el milagro de llevar a su familia «de regreso a nuestro religión».

«No es que no fuéramos católicos pero yo, por ejemplo, yo sólo iba a la iglesia de forma esporádica, rezaba un poco. Después de este hecho, sin embargo, nunca me pierdo la Misa y rezamos juntos cada mañana», sostiene Umberto.