Oración a San José de Cupertino para que dejemos a Dios ser Dios y que Él lo haga todo en nosotros / Por P. Carlos García Malo

*  «San José de Cupertino, franciscano torpe e inútil para los demás, hombre distraido y mal ataviado,»Fray asno», como te llamabas a ti mismo. Repudiado desde la infancia por los tuyos. Por puro designio de Dios y, a pesar de tu incapacidad intelectual, llegaste a ser ordenado sacerdote, el buen Señor te regaló innumerables dones y carísimas. Las gentes te buscaban pidiendo tu intercesión y arrancaste al cielo muchos milagros. Taumaturgo de Dios, hombre dispuesto a sufrir y ofrecerle los sacrificios a la siempre Virgen María de la que eras un enamorado. Fray José de Cupertino, ayúdanos a ser como tú. A no pretender nada de nosotros mismos sino a dejar a Dios ser Dios y que Él lo haga todo»

P. Carlos García Malo / Camino Católico.-  Hoy la Iglesia celebra a San José de Cupertino, patrono de estudiantes con problemas. “Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que le pide, recibe”, afirmaba San José de Cupertino, el franciscano que no era bueno en los estudios, pero que llegó a ser el patrono de los estudiantes.

Este santo nació en 1603 en el pueblo llamado Cupertino (Italia) en una familia muy pobre. Cuando tenía 17 años pidió ser admitido en la orden franciscana, pero lo rechazaron. Entonces solicitó ingresar a los capuchinos, donde entró como hermano lego.  Después de unos meses fue expulsado por ser muy distraído. Dejaba caer los platos que llevaba al comedor, se olvidaba los encargos asignados y parecía que siempre estaba pensando en otra cosa.

San José de Cupertino buscó refugio en la casa de un familiar rico que también lo echó a la calle, porque dijo que el joven no era bueno para nada. Ante esto, su madre le rogó a un pariente franciscano que recibiera al muchacho como mandadero en un convento. Los frailes lo aceptaron como obrero, lo pusieron a trabajar en el establo y el joven empezó a desempeñarse con gran destreza en todos los oficios que le encomendaban.

Con su humildad, amabilidad, espíritu de penitencia y de oración se ganó rápidamente el aprecio de los religiosos, quienes en 1625 por votación unánime lo admitieron como uno de sus miembros. Lo pusieron a estudiar para que fuera ordenado sacerdote, sin embargo en los exámenes San José de Cupertino se trababa y no era capaz de responder. Llegó una de las pruebas finales y la única frase del Evangelio que el fraile sabía explicar era: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”.

El examinador dijo que abriría la Biblia y leería una frase al azar para escuchar la interpretación. José estaba asustadísimo y la Providencia quiso que el pasaje escogido fuera el único que era capaz de explicar.

Además, en el examen definitivo para que las autoridades decidieran quiénes serían ordenados sacerdotes, el obispo examinó a los diez primeros. Ellos respondieron tan maravillosamente que el prelado no vio necesario seguir examinando a los demás. De esta manera San José, que era el siguiente en la lista, se libró de la prueba. Por ello este santo es considerado patrón de los estudiantes, especialmente de los que encuentran dificultades en los estudios como él.

Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1628, pero consciente de que no tenía cualidades especiales para predicar y enseñar, se dedicó a ofrecer penitencias y oraciones por los pecadores. Por su intercesión en vida, Dios obró muchos milagros y con ellos logró la conversión de muchos. Partió a la Casa del Padre el 18 de septiembre de 1663. Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV y canonizado en 1767 por Clemente XIII.

Pidamos a San José de Cupertino no pretender nada de nosotros mismos sino dejar a Dios ser Dios y que Él lo haga todo en nuestra vida:

Cuerpo de José de Cupertino, en la cripta de la basílica que lleva su nombre, en Osimo
Cuerpo de José de Cupertino, en la cripta de la basílica que lleva su nombre, en Osimo

San José de Cupertino,

franciscano torpe e inútil para los demás,

hombre distraido y mal ataviado,

«Fray asno»,

como te llamabas a ti mismo.

Repudiado desde la infancia por los tuyos,

rechazado por tus vecinos,

expulsado de varios conventos por tu torpeza y despistes constantes;

la providencia que siempre mira más allá tenía sobre ti designios de misericordia.

Por puro designio de Dios y, a pesar de tu incapacidad intelectual,

llegaste a ser ordenado sacerdote,

el buen Señor te regaló innumerables dones y carísimas.

Tus éxtasis y levitaciones no sólo causaron admiración y te dieron fama,

también la envidia provocó en tu vida no pocos sufrimientos.

Las gentes te buscaban pidiendo tu intercesión

y arrancaste al cielo muchos milagros.

Taumaturgo de Dios,

hombre dispuesto a sufrir

y ofrecerle los sacrificios a la siempre Virgen María de la que eras un enamorado.

Así en esa humillación constante sin pedir nada a cambio

y esa devoción a las cosas divinas,

el cielo se abrió sobre ti y te concedió gracias abundantes

que repartías entre los humildes en curaciones, liberaciones y milagros.

Fray José de Cupertino, ayúdanos a ser como tú.

A no pretender nada de nosotros mismos

sino a dejar a Dios ser Dios y que Él lo haga todo.

Amén.

San José de Cupertino, ruega por nosotros.

Carlos García Malo

San José de Cupertino, la película de 1962 sobre su vida, «The Reluctant Saint»


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