Oración de liberación de los pecados de nuestra familia

Señor, asumo mi casa, la familia que me diste.
Como miembro de esta familia, te pido perdón por mis pecados personales, Señor. Los pecados que cometí de pensamientos, mis pecados de sentimientos, de emociones, de actos; todas las cosas erradas que hice.
Te pido perdón, Señor, por todas las palabras erradas que dije, palabras falsas, ofensivas, que hirieron a mis hermanos y que no fueron convenientes.

Te pido perdón por todos mis pecados de omisión. Las cosas que debía hacer y no hice. Por no haber orado como debía, por no interceder cómo debía, por no vigilar cómo debía, por no comandar cómo debía, por no usar de mi autoridad como debía, por no hablar cuando debía, por no callarme cuando debía,… finalmente, Señor, todas mis omisiones.

Te pido perdón por toda mi malicia, maldad, falsedad, hipocresía… de todo mi pecado, Señor. Tú sabes de la sinceridad de mi corazón.

Digo, sinceramente, delante de Ti: rompo con el pecado. No quiero pecar, Señor. Digo “no” al pecado.

Ahora asumo la autoridad espiritual que no es mía, pero que tú me diste, sobre mi familia.
Asumiendo esta autoridad espiritual, digo:

Perdón, Señor, por los pecados de la familia que me diste. Asumo sobre mí estos pecados, como tú asumiste sobre tí los pecados de tu pueblo, los pecados de la familia que el Padre te dio. Tú fuiste hasta la cruz y derramaste tu Sangre por esta familia.


Señor, te pido perdón por todos los pecados de pensamientos, de juicios, de palabras, de sentimientos, de emociones que – por mi culpa o sin mi culpa –mi familia cometió.


Te pido perdón por todos los pecados de omisión de mi familia. Por todo aquello que mis parientes queridos hicieron, disgustando y ofendiendo tu Corazón, disgustando y hiriendo a mis hermanos.
Yo y mi casa rompemos con el pecado, ya no queremos pecar. Yo y mi casa ya no queremos ser una “hija apóstata”. Ya no queremos quedarnos vagando por caminos errados, por los caminos de la tentación, resbalando en el pecado y dando apertura a él.
Yo y mi casa decimos como Domingo Sávio: “La muerte, pero no el pecado. Antes morir que pecar”.

Sabemos de nuestra fragilidad, Señor, pero firmes en la fe, firmes en tu poder, en el poder de tu cruz, hacemos esta proclamación: “Mi casa y yo rompemos con el pecado”. Mi Señor y mi Dios, lávanos ahora con tu Sangre preciosa. Lava toda mi casa, mi familia, a todos aquellos que bondadosamente me diste. Amén


Padre Jonas Abib Fundador de la Comunidad Canción Nueva

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