Papa Francisco en el Ángelus 12-8-18: «La Virgen nos ayude a decir “no” al mal y “si” al bien con los hechos»

* «“Es bueno no hacer el mal, pero es malo, no hacer el bien”. Esto decía San Alberto Hurtado.  Hoy os exhorto a ser protagonistas en el bien! No te sientas bien cuando no haces el mal; no es suficiente, cada uno es culpable del bien que podía hacer y no ha hecho. No es suficiente no odiar, es necesario perdonar; no es suficiente no guardar rencor, debemos orar por los enemigos; no es suficiente no ser causa de división, debemos traer paz donde no existe; no es suficiente no hablar mal de los demás, debemos interrumpir cuando oímos hablar mal a alguien, detener el chisme, esto es hacer el bien. Si no nos oponemos al mal, lo alimentamos tácitamente. Es necesario intervenir donde el mal se propaga; porque el mal se extiende donde no hay cristianos atrevidos que se oponen con el bien, “caminando en la caridad”, según la advertencia de San Pablo»

Video completo de la transmisión en directo traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

12 de agosto de 2018.- (Camino Católico)  “¡Hoy los exhorto a ser protagonistas del bien! No se sientan contentos cuando no hagan el mal; cada uno es culpable del bien que podía hacer y no lo ha hecho”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración mariana del Ángelus del XIX Domingo del Tiempo Ordinario, Domingo en el cual el Obispo de Roma encontró a cerca de 100.000 peregrinos, entre ellos 70.000 jóvenes peregrinos de las Diócesis de Italia.

Comentando la segunda lectura que la liturgia presenta este Domingo, el Santo Padre recordó la invitación del apóstol Pablo: “No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención” (Ef 4,30). Pero, ¿Cómo se entristece al Espíritu Santo, se pregunta el Papa? Todos los hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación, por ello, para no entristecer al Espíritu Santo, es necesario vivir de manera coherente con las promesas del Bautismo, renovados en la Confirmación: tienen dos aspectos: renunciar al mal y adherir al bien.

Renunciar al mal, explica el Sumo Pontífice, significa decir “no” a las tentaciones, al pecado, a satanás. De modo concreto significa decir “no” a una cultura de la muerte, que se manifiesta en la fuga de la realidad hacia una felicidad falsa que se expresa en la mentira, en el engaño, en la injusticia, en el desprecio del otro. “La vida nueva que nos ha sido dada en el Bautismo – precisa el Papa – y que tiene al Espíritu como fuente, rechaza una conducta dominada por sentimientos de división y de discordia”. Por ello, el apóstol Pablo exhorta a quitar del propio corazón ‘toda amargura, arrebatos, ira, gritos e insultos y toda clase de maldades’ (v. 31). Estos seis elementos o vicios que perturban la alegría del Espíritu, agrega el Pontífice, envenenan el corazón y conducen a imprecaciones contra Dios y contra el prójimo.

Pero, no basta no hacer el mal para ser un buen cristiano, afirma el Papa Francisco, es necesario adherir al bien y hacer el bien. Es por ello que San Pablo continua: “Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo” (v. 32). Muchas veces escuchamos a algunos decir: “Yo no hago del mal a nadie”. De acuerdo, ¿pero hace el bien? Cuantas personas no hace el mal, pero ni siquiera hacen el bien, y sus vidas transcurren en la indiferencia, en la apatía, en el desinterés. “Esta actitud – afirma el Santo Padre – es contraria al Evangelio, y es contraria también al índole de ustedes jóvenes, que por naturaleza son dinámicos, apasionados y valientes”.

Hoy los exhorto a ser protagonistas del bien, anima el Papa Francisco, no se sientan contentos cuando no hagan el mal; cada uno es culpable del bien que podía hacer y no lo ha hecho. “No basta no odiar, es necesario perdonar; no basta no tener rencor, es necesario orar por los enemigos; no basta no ser causa de división, es necesario llevar la paz donde no existe; no basta no hablar mal de los demás, es necesario interrumpir cuando escuchamos hablar mal de alguien”. Si no nos oponemos al mal, subraya el Papa, lo alimentamos de modo tácito. Es necesario intervenir donde el mal se difunde; porque el mal se difunde donde faltan cristianos audaces que se opongan con el bien, caminando en la caridad, según la exhortación de San Pablo.

“Queridos jóvenes, concluyó el Papa Francisco, en estos días han caminado mucho y puedo decirles: ¡Caminen en la caridad! Caminemos juntos hacia el Sínodo de los Obispos. La Virgen María nos sostenga con su materna intercesión, para que cada uno de nosotros, cada día, con los hechos, pueda decir “no” al mal y “si” al bien”.  En el vídeo se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas y queridos jóvenes italianos, ¡buenos días!

En la segunda lectura de hoy, San Pablo nos invita con urgencia: “No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con quien fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30).

Pero yo me pregunto: ¿cómo  entristeces al Espíritu Santo? Todos lo hemos recibido en el bautismo y en la confirmación, entonces, para no entristecer al Espíritu Santo es necesario vivir de manera coherente con las promesas del bautismo, renovadas en la confirmación de manera coherente, no con hipocresía, no olvidéis esto, el cristiano no puede ser hipócrita tiene que vivir de manera coherente: las promesas del bautismo tienen dos aspectos: la renuncia al mal y la adhesión al bien.

Renunciar al mal significa decir “no” a las tentaciones, al pecado, a Satanás. Más concretamente  significa decir “no” a una cultura de la muerte, que se manifiesta en la huida de la realidad a una falsa felicidad expresada en la mentira, en el engaño, en la injusticia y el desprecio del otro. A todo esto “no”. ¿Qué cosa se dice a todo esto? (Todos los jóvenes dicen “no”). Gracias. La vida nueva que se nos ha dado en el Bautismo, y que tiene al Espíritu como fuente, rechaza un comportamiento dominado por sentimientos de división y discordia. Por esto el apóstol Pablo nos exhorta a quitar de nuestros corazones, “Toda amargura, arrebatos, ira, gritos e insultos y toda clase de maldades” (v. 31). Es así como dice Pablo. Estos seis elementos o vicios, amargura, arrebatos, ira, gritos, insultos y maldades perturban la alegría del Espíritu, envenenan el corazón y conducen a imprecaciones contra Dios y el prójimo.

Pero no es suficiente no hacer el mal para ser un buen cristiano; es necesario adherirse a lo bueno y hacer el bien. Aquí, entonces, continúa San Pablo: “En cambio, sed misericordiosos unos con otros, sed misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros como Dios os ha perdonado en Cristo” (v. 32). Muchas veces oímos decir: “Yo no hago daño a nadie” y se cree que es un santo, ¡no!. De acuerdo, pero ¿el bien lo haces? Cuántas personas no hacen daño, pero ni siquiera hacen el bien, y sus vidas fluyen hacia la indiferencia, la apatía, la tibieza. Esta actitud es contraria al Evangelio, y también es contraria a la naturaleza de los jóvenes, que por naturaleza son dinámicos, apasionados y valientes. ¡Recordad esto! -si lo recordáis podemos repetirlo juntos: “es bueno no hacer el mal, pero es malo, no hacer el bien”. Repetid conmigo: “es bueno no hacer el mal, pero es malo, no hacer el bien”. Esto decía San Alberto Hurtado.

Hoy os exhorto a ser protagonistas en el bien! No te sientas bien cuando no haces el mal; no es suficiente, cada uno es culpable del bien que podía hacer y no ha hecho. No es suficiente no odiar, es necesario perdonar; no es suficiente no guardar rencor, debemos orar por los enemigos; no es suficiente no ser causa de división, debemos traer paz donde no existe; no es suficiente no hablar mal de los demás, debemos interrumpir cuando oímos hablar mal a alguien, detener el chisme, esto es hacer el bien. Si no nos oponemos al mal, lo alimentamos tácitamente. Es necesario intervenir donde el mal se propaga; porque el mal se extiende donde no hay cristianos atrevidos que se oponen con el bien, “caminando en la caridad” (véase 5: 2), según la advertencia de San Pablo.

Queridos jóvenes, ¡habéis caminado mucho estos días! Por lo tanto, estáis entrenados y puedo deciros: Caminad en la caridad, caminad en el amor, caminemos juntos hacía el próximo Sínodo de los Obispos sobre el tema: “Juventud, fe y discernimiento vocacional”. Que la Virgen María nos apoye con su intercesión materna, para que cada uno de nosotros, todos los días, con hechos, podamos decir “no” al mal y “sí” al bien.

 Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a todos, romanos y peregrinos de muchas partes del mundo.

En particular, saludo a los jóvenes de las diócesis italianas, acompañados de sus respectivos obispos, sus sacerdotes y educadores. En estos días, habéis vertido vuestro entusiasmo y vuestra fe por las calles de Roma. ¡Os agradezco por vuestra presencia y testimonio cristiano! Y ayer, en agradecimiento, se me olvidó decir una palabra a los sacerdotes, que son los que están más cerca: ¡Muchas gracias sacerdotes, gracias por el trabajo que hacéis  todos los días, gracias por la paciencia – porque se necesita paciencia para trabajar con vosotros! La paciencia de los sacerdotes… – Muchas gracias. Y también vi muchas monjas trabajando con vosotros: también a las monjas, muchas gracias.

Y mi gratitud se extiende a la Conferencia Episcopal Italiana – aquí representada por el Presidente Cardenal Gualtiero Bassetti – quien promovió esta reunión de jóvenes con vistas al próximo Sínodo de Obispos.

Queridos jóvenes, volviendo a vuestra comunidad, testificad a vuestros compañeros y a todos los que conozcáis, la alegría de la fraternidad y la comunión que habéis experimentado en estos días de peregrinaje y oración.

Os deseo a todos un buen domingo. Un buen regreso a casa. ¡Y por favor, no os olvides de rezar por mí! Buen almuerzo y hasta la vista!

A todos os deseo un buen domingo y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Una buena comida y hasta la vista!

Francisco

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