Papa Francisco en el Ángelus, 8-12-2022: «A la Virgen, le decimos: ‘Madre, guíame tú: contigo tendré más fuerza en la lucha contra el mal, redescubriré mi belleza original’»

* «Hoy, la Palabra de Dios nos enseña otra cosa importante: que conservar nuestra belleza acarrea un costo, acarrea una lucha. De hecho, el Evangelio nos muestra la valentía de María, que dijo «sí» a Dios, que eligió correr el riesgo de Dios; y el pasaje del Génesis, relativo al pecado original, nos habla de una lucha contra el tentador y sus tentaciones (cf. Gn 3,15). Pero también lo sabemos por experiencia todos nosotros: cuesta elegir el bien, cuesta, cuesta mucho custodiar el bien que llevamos dentro. Pensemos en cuántas veces lo hemos malgastado cediendo a la atracción del mal, actuando de modo astuto para nuestros propios intereses o haciendo algo que contaminaría nuestro corazón; o incluso perdiendo el tiempo en cosas inútiles y perjudiciales, aplazando la oración, por ejemplo, y diciendo «hoy no puedo» o decir “no puedo” a los que nos necesitaban y, sin embargo, podíamos»     

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Confiamos el deseo universal de paz, en particular por la martirizada Ucrania, que tanto sufre. Pienso en las palabras del Ángel a la Virgen: ‘No hay nada imposible para Dios’ (Lc 1,37). Con la ayuda de Dios la paz es posible; el desarme es posible. Pero Dios quiere nuestra buena voluntad. Que la Virgen nos ayude a convertirnos a los designios de Dios»

8 de diciembre de 2022.- (Camino Católico) “Confiándonos, consagrándonos a la Virgen, le decimos: ‘Tómame de la mano, guíame tú: contigo tendré más fuerza en la lucha contra el mal, contigo redescubriré mi belleza original´. Encomendémonos a María hoy, cada día, repitiéndole: ‘María, te encomiendo mi vida, mi familia, mi trabajo, mi corazón y mis luchas. Me consagro a ti’. Que la Inmaculada nos ayude a preservar del mal nuestra belleza”, ha rezado el Papa Francisco en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, antes de rezar la oración del Ángelus, centrando su alocución en el Evangelio según san Lucas que relata la Anunciación a María.

Foto: Vatican Media

Hoy, María nos lleva a maravillarnos de “nuestra belleza”, que podemos captar a través de la imagen de la túnica blanca del Bautismo: “Ella nos recuerda que, por debajo del mal con el que nos hemos manchado a lo largo de los años, hay en nosotros un bien mayor”, asegura el Papa y exhorta a confiar en la cercanía de Dios, en nuestra gracia original:

A continuación, Francisco evidencia otra cosa importante que nos enseña hoy la Palabra de Dios:  que conservar nuestra belleza acarrea un costo, una lucha. “De hecho, – afirma – el Evangelio nos muestra la valentía de María, que dijo «sí» a Dios, que eligió correr el riesgo de Dios; y el pasaje del Génesis, relativo al pecado original, nos habla de una lucha contra el tentador y sus tentaciones”. Algo que también sabemos por experiencia, precisa el Papa.

“Pero frente a todo esto, hoy tenemos una buena noticia”. Y es que “María, la única criatura humana sin pecado de la historia, está con nosotros en la lucha, es nuestra hermana y sobre todo nuestra Madre. Y nosotros, a quienes nos cuesta elegir el bien, podemos confiarnos a ella”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Foto: Vatican Media
PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro, Vaticano
Domingo, 8 de diciembre de 2022

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz fiesta!

El Evangelio de la Solemnidad de hoy nos introduce en la casa de María para relatarnos la Anunciación (cf. Lc 1,26-38). El ángel Gabriel saluda así a la Virgen: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (v. 28). No la llama por su nombre, María, sino por un nombre nuevo que ella no conocía: llena de gracia. Llena de gracia, y por tanto vacía de pecado, es el nombre que Dios le da y que hoy nosotros celebramos.

Pero pensemos en el asombro de María: solo entonces ella descubrió su identidad más verdadera. En efecto, al llamarla por ese nombre, Dios le revela su mayor secreto, que hasta entonces ella había ignorado. A nosotros también nos puede pasar algo parecido. ¿En qué sentido? En el sentido de que también nosotros, pecadores, hemos recibido un don inicial que ha llenado nuestra vida, un bien mayor que todo, hemos recibido una gracia original. Nosotros hablamos tanto del pecado original, pero también hemos recibido una gracia original, de la que a menudo no somos conscientes.

Foto: Vatican Media

¿De qué se trata esta gracia original? Se trata de aquello que recibimos el día de nuestro Bautismo, por eso es bueno que lo recordemos, ¡y también que lo celebremos! Pero me cuestiono, esta gracia recibida en el Bautismo es importante. Pero ¿cuántos de ustedes recuerdan cuál es la fecha del Bautismo? ¿cuál fue la fecha del propio Bautismo? Piénsenlo. Y si no la recuerdan, cuando regresen a casa pregúntenselo al padrino, a la madrina, a papá o a mamá: ¿Cuándo fui bautizado, bautizada? Porque aquel día es el día de la gracia grande, de un nuevo inicio de la vida, de una gracia que nosotros tenemos. Dios descendió a nuestras vidas aquel día, nos convertimos en sus hijos amados para siempre. ¡He aquí nuestra belleza original de la cual nos podemos regocijar! Hoy, María, sorprendida por la gracia que la hizo bella desde el primer momento de su vida, nos lleva a maravillarnos de nuestra belleza. Podemos captarlo a través de una imagen: la imagen de la túnica blanca del Bautismo; ella nos recuerda que, por debajo del mal con el que nos hemos manchado a lo largo de los años, hay en nosotros un bien mayor que todos aquellos males que nos han sucedido. Escuchemos el eco, oigamos a Dios que nos dice: «Hijo, hija, te quiero y estoy siempre contigo, tú eres importante para mí, tu vida es preciosa». Así se dirige Dios a nosotros. Cuando las cosas no vayan bien y nos desanimemos, cuando nos abatamos y corramos el riesgo de sentirnos inútiles o equivocados, pensemos en esto, en la gracia original. Y Dios está con nosotros, Dios está conmigo desde ese día. Pensémoslo una vez más.

Hoy, la Palabra de Dios nos enseña otra cosa importante: que conservar nuestra belleza acarrea un costo, acarrea una lucha. De hecho, el Evangelio nos muestra la valentía de María, que dijo «sí» a Dios, que eligió correr el riesgo de Dios; y el pasaje del Génesis, relativo al pecado original, nos habla de una lucha contra el tentador y sus tentaciones (cf. Gn 3,15). Pero también lo sabemos por experiencia todos nosotros: cuesta elegir el bien, cuesta, cuesta mucho custodiar el bien que llevamos dentro. Pensemos en cuántas veces lo hemos malgastado cediendo a la atracción del mal, actuando de modo astuto para nuestros propios intereses o haciendo algo que contaminaría nuestro corazón; o incluso perdiendo el tiempo en cosas inútiles y perjudiciales, aplazando la oración, por ejemplo, y diciendo «hoy no puedo» o decir “no puedo” a los que nos necesitaban y, sin embargo, podíamos.

Pero frente a todo esto, hoy tenemos una buena noticia: María, la única criatura humana sin pecado de la historia, está con nosotros en la lucha, es nuestra hermana y sobre todo nuestra Madre. Y nosotros, a quienes nos cuesta elegir el bien, podemos confiarnos a ella. Confiándonos, consagrándonos a la Virgen, le decimos: «Tómame de la mano, Madre, guíame tú: contigo tendré más fuerza en la lucha contra el mal, contigo redescubriré mi belleza original». Encomendémonos a María hoy, encomendémonos a María cada día, repitiéndole: «María, te encomiendo mi vida, te encomiendo mi familia, mi trabajo, te encomiendo mi corazón y mis luchas. Me consagro a ti». Que la Inmaculada nos ayude a preservar del mal nuestra belleza.

Foto: Vatican Media

Oración del Ángelus:

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…

Foto: Vatican Media

Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…

Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…

Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.

Amen.

Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…

Benedictio Apostolica seu Papalis

Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.

Amen.

Foto: Vatican Media

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Foto: Vatican Media

Los saludo a todos, romanos y peregrinos. En particular, saludo a los adherentes del Movimiento Cristiano de Trabajadores y a la representación de Rocca di Papa con la antorcha que encenderá la Estrella de Navidad colocada en lo alto de la ciudad.

En la fiesta de María Inmaculada, la Acción Católica Italiana vive la renovación de la adhesión. Dirijo mi pensamiento a sus asociaciones diocesanas y parroquiales, animando a todos a seguir adelante con alegría al servicio del Evangelio y de la Iglesia.

Esta tarde iré a Santa María la Mayor, para rezar a la Salus Populi Romani, e inmediatamente a la Plaza de España para realizar el tradicional acto de homenaje y oración a los pies del monumento a la Inmaculada. Les pido que se unan espiritualmente a mí en este gesto, que expresa nuestra filial devoción a nuestra Madre, a cuya intercesión confiamos el deseo universal de paz, en particular por la martirizada Ucrania, que tanto sufre. Pienso en las palabras del Ángel a la Virgen: «No hay nada imposible para Dios» (Lc 1,37). Con la ayuda de Dios la paz es posible; el desarme es posible. Pero Dios quiere nuestra buena voluntad. Que la Virgen nos ayude a convertirnos a los designios de Dios.

Deseo a todos una feliz fiesta y un buen camino de Adviento, a todos los que están aquí: ¡A los jóvenes de la Inmaculada, hoy, que es su fiesta! Que la Virgen nos ayude. Dios quiere nuestra buena voluntad: que la Virgen nos ayude a convertirnos a los designios de Dios. Feliz fiesta, buen camino de Adviento y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

Francisco

Papa Francisco ora a la Inmaculada Concepción, 8-12-2022 «Por la paz en la martirizada Ucrania ¡Que sobre el odio prevalezca el amor y el perdón!»


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