Silvia Ramírez: «He sido liberada de posesión demoníaca tras 300 exorcismos y 300 oraciones de liberación en 5 años. Hice un pacto con el diablo»

*  «Unos años después, entro en una segunda crisis donde empieza una verdadera apostasía… Hice un planteamiento de llevar una doble vida. Me enamoré de un chico anti iglesia, con amigos con gustos un poco oscuros y decidí que el pecado no existía y  que yo me iba saltar todas las normas. Entré en una vida de pecado sin arrepentimiento, dejé de ir a Misa, abandoné a los amigos cristianos. Seguía enamorada de aquel chico, pero como había insistido mucho al Señor pidiéndole que se enamorara de mí que yo lo haría feliz. Como eso no sucedía llegué otra vez a la conclusión errónea que este Dios no sirve para nada. Le estoy pidiendo cosas buenas, la conversión de una persona y no me está haciendo ningún caso.  Y así fue que decidí cambiar de Dios. Y entonces hice un pacto con el diablo»

Camino Católico.-  Tras cinco años de lucha y recibir más de 200 exorcismos, Silvia Ramírez, Madrileña de 48 años, finalmente es liberada de una Posesión demoníaca en la que participaban varios demonios. Tras comprobar el poder del exorcismo, experimentar la misericordia de Dios que la rescató de un verdadero calvario, con su  feliz regreso a la Iglesia  y ya recuperada su vida normal, rompió su silencio en 2017 con el libro titulado “Arrojad a los demonios”. Para quienes deseen descargar y leer el libro digital gratis “Arrojad a los demonios” pinchar AQUÍEn el video de cuenta su testimonio con todos los detalles, comenzando por explicar cómo abrió puertas al diablo en dos crisis que padeció, una de las cuales la llevó a la apostasía.

Hace ya varios años que Silvia Ramírez vive una vida normal, integrada de nuevo en la Iglesia. En este tiempo no ha dejado nunca de contar su experiencia allí donde ha sido reclamada. Uno de los últimos lugares ha sido el Círculo de Espiritualidad de Valladolid este mes de mayo de 2022, dependiente del Arzobispado, donde explica a Aleteia que “lo que me ha curado, no sólo ha sido que me hayan rezado; ha sido todo un camino de conversión”. Un camino en el que han intervenido 15 sacerdotes, de los cuales tan sólo 3 eran exorcistas. “He recibido 300 exorcismos con el ritual de la Iglesia católica y, aparte, 300 oraciones de liberación”.

En el vídeo y en el  libro cuenta como vivió su particular calvario que empezó hace ahora 12 años:

La primera influencia demoniaca

“Yo, a pesar de ser una persona bendecida, con buena formación cristiana y que he estado desde mi adolescencia en la Iglesia, he caído dos veces en mi vida abriendo puertas al demonio. Y fueron en dos grandes crisis que tuve en mi vida.

La primera fue buscando mi vocación. Después de buscar y no encontrar empecé a sentir que Dios me había rechazado. Y entonces mi amor a Dios se convirtió en una especie de odio».

«Llegué a la conclusión que si con Dios no, pues contra Dios. Empiezo a investigar en sectas satánicas por internet con la intención de entrar en alguna.  Empiezo a escuchar música satánica y de esta manera abro puertas al demonio. Una luz roja interior me advierte de que no dé ese paso. Abandono la idea y dejo de escuchar música satánica. Pero en mi corazón he abierto una puerta”, admite, y, en consecuencia, “empiezo a tener síntomas de una experiencia demoníaca muy fuerte”.

No estamos todavía en la fase de la posesión sino en la previa, la de influencia demoníaca:

«Pronto me arrepentí de esta decisión que iba a tomar, gracias a Dios y busqué ayuda en un sacerdote y en un psicólogo durante cuatro años en los que yo tenía mucha desesperación, ideas de suicidio, la constante idea de que Dios no me quería porque me había rechazado y en los que la Iglesia era un peso.

Yo culpaba a los curas que no me habían sabido llevar, pero con la ayuda de este sacerdote permanecí en la Iglesia, con los sacramentos, llevaba una vida normal, estudiaba, trabajaba, aunque empezaron a suceder algunas cosas por las que me recomendaron ir a un exorcista que me diagnostica influencia demoníaca. En una oración de cuatro sacerdotes me liberan de esa influencia y todas esas angustias que tenía, toda la desesperación, desaparecen de la noche a la mañana y el psicólogo me da de alta porque estaba perfectamente bien.

Una segunda crisis con doble vida y una verdadera apostasía .

Tiempo después entra en lo que ella denomina una “crisis tonta”, aunque quizás no lo sea tanto. “Me canso de intentar ser buena. Siento que el cristianismo es un peso muy grande, que es muy costoso luchar en un mundo tan difícil. Decido que el pecado no existe y que voy a ser una más del mundo. Entro en una segunda crisis donde empieza una verdadera apostasía, abandono de la Iglesia… Hice un planteamiento de llevar una doble vida.

Me enamoré de un chico anti iglesia, con amigos con gustos un poco oscuros y decidí que el pecado no existía y  que yo me iba saltar todas las normas.

Conseguí tener conciencia laxa. Me confesaba de lo que me daba la gana. Llegó un momento que seguía comulgando pero ya no me confesaba o la hacía como que todo estaba bien. Me empecé a rodear de personas alejadas de la Iglesia.

Entré en una vida de pecado sin arrepentimiento, dejé de ir a Misa, abandoné a los amigos cristianos. Seguía enamorada de aquel chico, pero como había insistido mucho al Señor pidiéndole que se enamorara de mí que yo lo haría feliz. Como eso no sucedía llegué otra vez a la conclusión errónea que este Dios no sirve para nada. Le estoy pidiendo cosas buenas, la conversión de una persona y no me está haciendo ningún caso. 

El pacto con el diablo

Y así fue que decidí cambiar de Dios. Y entonces hice un pacto con el diablo. Hablando de forma natural le dije que si me conseguía a este  chico del que estaba enamorada yo le iba a conseguir almas. Le di tres semanas de tiempo. Y a las tres semanas, como el chico seguía pasando de mi rompí el pacto. Fui a un sacerdote y me confesé, volví un poquito a Dios y me dije para mí que no llevaría doble vida, pero dejé de ir a la iglesia y los sacramentos y lo dejo todo. Conocí a gente de la cienciología, de la New Age”. 

“Empiezo a tener conciencia laxa y a probar todo tipo de experiencias espirituales”. Desde orantes cósmicos, o movimientos de la nueva era. “Yo lo probaba todo, pero enseguida lo dejaba, porque todos imponían nuevas obligaciones, que es justo de lo que huía”.

Durante una práctica laboral en un tanatorio que, al parecer, había sido utilizado para sesiones de espiritismo con ouija, ella y sus compañeros sienten una presencia que les estremece y que les ‘acompaña’ hasta el interior del coche.

“A los tres días empiezo a tener pesadillas tremendas con presencias que se me subían en la cama, encima de mí. Y, al mismo tiempo, empiezo a hablar sola, entro en trance, rompo rosarios… Todo sale a la luz cuando, al acompañar a una amiga de un grupo carismático, en la misa me desmayo y empiezo a manifestar presencias malignas; me retuerzo y doy alaridos”.

Estos episodios se repiten en tres ocasiones distintas. En uno de los casos, un sacerdote presencia los hechos y le invita a ver a un exorcista que le diagnostica “posesión demoníaca de varios demonios”. La caída personal en el lado oscuro es ya plena.

Cinco años de oraciones para quedar liberada

A partir de aquí se inicia un proceso de liberación de cinco años de duración en el que Silvia tiene claro que desprenderse de los demonios y volver a la Iglesia son dos caras de la misma moneda.

“Cuando soy consciente de los tormentos que padezco, mi vida estaba perdida. No aguantaba dentro de los templos, porque empezaba a bufar, sentía que algo me arañaba por dentro, y entraba en trance. No podía ni rezar un Padrenuestro. Y las imágenes religiosas me producían un gran rechazo. Pero poco a poco voy haciendo pequeños avances”, recuerda  a Aleteia.

Es justamente en este momento cuando experimenta “una misericordia de Dios muy grande”. “Dios pone en mi camino a personas que no conocía de nada, que me ayudan a la oración, que me sostienen cuando entro en trance. Un matrimonio joven me acompaña. Y encuentro sacerdotes que me ayudan. Dios me va poniendo personas que me sostienen”.

Sin embargo, el proceso estuvo agravado por las dificultades, justamente a causa de la escasez de exorcistas. “Fue muy duro porque el exorcista que me estaba tratando cesó y hasta que tuvo un relevo pasaron muchos meses”. Incluso viajó a Brasil en busca de soluciones para su posesión maligna.

En medio de este proceso, sin embargo, “he podido sentir a la Iglesia como protectora, he percibido la fuerza de la comunidad a través del rezo del rosario, y he podido recuperar la belleza y la fuerza de los elementos sacramentales y de ciertas oraciones. La oración tiene su efecto y finalmente he sido liberada”.

A lo largo del camino ha descubierto realidades que antes desconocía o minusvaloraba, como la fuerza de la Inmaculada Concepción, o la ayuda de los ángeles. “Son cosas que he ido redescubriendo. Cualquier advocación a la Virgen es buena, pero especialmente la Inmaculada Concepción, que es la que pisó la serpiente”.

Fenómeno real que la Iglesia interpreta como la acción extraordinaria del demonio

“Yo he tenido la experiencia de que sí existe el demonio; he estado poseída y Dios me ha ayudado a liberarme. En medio de todo lo que me estaba pasando, experimenté una misericordia de Dios muy grande”.

A menudo los episodios de influencia demoníaca o de posesión son relacionados con enfermedades o problemas psicológicos. Suele ser el principal argumento que se esgrime para negar, o tapar, aquellos fenómenos que escapan a nuestra comprensión. Pero no es el caso de Silvia Ramírez. “En cuanto empecé a sentir cosas extrañas fui al médico. A lo largo de estos años he tenido tres diagnósticos psiquiátricos y sólo me han detectado déficit de atención”, un problema sin relación alguna con lo que le sucedió.

“Pueden creer lo que quieran, pero hay realidades que existen, aunque no las veamos a primera vista. Las infecciones y posesiones diabólicas siguen unos patrones observables, hay una fenomenología que permite identificarlas”, explica Silvia Ramírez. “Es un fenómeno real que la Iglesia interpreta como la acción extraordinaria del demonio”.

Y aunque suele ser una realidad opaca, algunos exorcistas han llevado al público sus conocimientos, como el veterano José Antonio Fortea en su ‘Summa Daemoniaca. Tratado de demonología y manual de exorcistas’. Una realidad que sólo en parte se parece a la que muestran las películas de terror, que, además, concentran episodios que se dilatan en el tiempo. “Las películas sobre demonios distorsionan el problema. Acumulan y concentran los rasgos de la posesión y los exageran para dar miedo. Pero cuando presencias una posesión lo que ves es una persona real que sufre de verdad”.

Silvia ha experimentado algunos de los rasgos con los que el cine ha caracterizado a los poseídos: “Que se te pongan los ojos en blanco, escupir, blasfemar, chillar… Todas esas cosas son reales, pero las películas han creado un tabú en torno a esto. Han convertido al exorcista en un personaje extraño y raro”. Añadamos, además, que Silvia, en medio de una oración, llegó a tener una experiencia de levitación, en posición de arco voltaico. Esto significa que el cuerpo se arquea de forma anormal hacia atrás, sostenido únicamente sobre los talones.

Silvia Ramírez, en su testimonio revelador de un sufrimiento que muchas familias viven en el silencio del anonimato con la incomprensión de una sociedad incrédula, exalta y agradece la labor  desconocida de los exorcistas. Reclama a los obispos mejorar el ministerio y preparar a más sacerdotes para que ejerzan esta obra de misericordia que hace más de 2000 años, Jesucristo, ordenó  realizar a sus apóstoles.

“La Iglesia tiene mucho miedo a los exorcismos. Y actúa con dejadez. No forma exorcistas suficientes, aunque tengo que reconocer que, de dos años para acá, hay más sensibilidad”. Quizás porque “los sacerdotes cada vez detectan más casos que necesitan oraciones de sanación”, explica Silvia. Un ministerio incomprendido, pero necesario ante la  avalancha de casos reales que están ocurriendo en el mundo entero. Aunque la Iglesia guarde sigilo, y el mundo incrédulo no  quiera verlo.

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Publicado originalmente en Camino Católico en octubre de 2018 y actualizado


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