Sor Eugenia Bonetti, misionera de la Consolata, ha ayudado a 6.000 víctimas de la trata de personas

“Sobre las mujeres nigerianas hay un control terrible, una violencia psicológica. Les realizan rituales de vudú, rituales de magia negra con las que ellas se ven obligadas a viajar a Europa. Las jóvenes, especialmente con bajo nivel educativo, realmente se creen estos rituales”

 

9 de abril de 2012.- Sor Eugenia Bonetti lleva años comprometida en la lucha contra el tráfico de personas. Ha dedicado su tiempo y energías a ayudar a las víctimas. Y, sobre todo, a romper el círculo vicioso que viola los derechos humanos. “Hay que cambiar la mentalidad de que con dinero se puede comprar todo. Eso es realmente lo que tiene que cambiar la sociedad”, dice Sor Eugenia Bonetti,  directora de la Oficina contra la trata de personas de Italia).

(Romereports.comRecientemente participó como conferenciante en un foro titulado “Romper las cadenas: La Batalla por la Dignidad de la Mujer”, organizado por la Embajada de Australia ante la Santa Sede.  Como misionera de la Consolata, ella y su orden ayudan a las víctimas de la trata de personas en Italia, India, China, Europa occidental y Nigeria.

A menudo, los traficantes hacen a las mujeres promesas de un mejor puesto de trabajo cuando en realidad las venden a redes de prostitución. Según, Sor Eugenia el control es más mental que físico: “Sobre las mujeres nigerianas hay un control terrible, una violencia psicológica. Les realizan rituales de vudú, rituales de magia negra con las que ellas se ven obligadas a viajar a Europa. Las jóvenes, especialmente con bajo nivel educativo, realmente se creen estos rituales”.

La hermana Eugenia Bonetti ha ayudado a lo largo de los años a unas 6.000 mujeres, víctimas de las calles. Ella les ofrece vivienda, alimentación y también apoyo legal:  “Les ayudamos a obtener los documentos de identidad. También les ayudamos a conseguir un permiso de trabajo para que puedan permanecer en Italia de manera legal y comenzar de nuevo su vida”.

Sor Eugenia hace un llamamiento a la sociedad para poder ayudar a estas mujeres. Un primer paso, simplemente, es cambiar la mentalidad para hacer realidad que la dignidad humana no tiene precio.

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