Vanessa Guido, 20 años, murió por leucemia, pero antes soñó con la Virgen, se empeñó en llevar a Dios a sus padres y salvó a cientos

* «Papá, no debes estar enfadado con Dios.  Mi enfermedad y la de muchas personas no es culpa de Dios, Él nos da la bienvenida. Es de aquellos que han provocado la enfermedad, aquellos que nos hacen sufrir por nuestra enfermedad, nosotros mismos, la sociedad en la que vivimos, la contaminación, los venenos que respiramos y comemos. Dios solo puede recibirnos. Nosotros, como padres, escuchando sus palabras de paz y serenidad, día tras día, nos convenció de que estábamos equivocados. Logró convertir nuestra ira en amor para los demás y para todas aquellas personas que sufrían de una manera u otra. El día del entierro, muchas de estas personas se presentaron y nos dijeron cómo Vanessa les había salvado la vida»

CaminoCatólico.com.-    Vanessa Guido murió con 20 años debido a una leucemia. No murió triste sino más bien supo que su enfermedad fue la ocasión para tener un encuentro profundo con Cristo y la Virgen, y una misión para devolver la fe a sus padres y la esperanza a muchos que se planteaban incluso el suicidio.

Ayudada por su fe y desde la debilidad de una cama de hospital logró cumplir todos estos propósitos, para sorpresa de muchos de los protagonistas. Esta joven italiana murió en 2013 pero sus padres, que hallaron la fe gracias a su hija moribunda, han seguido con su legado ayudando a todos los niños y enfermos que lo necesitan.

En el semanario Credere sus padres, Antonio y Roberta Guido, recuerdan su testimonio y el momento en el cual poco después de cumplir los 18 años le diagnosticaron la leucemia. Javier Lozano traduce esta historia de conversiones para Religión en Libertad.

“He encontrado consuelo en la fe”

Le he dado sentido a mi enfermedad, he encontrado consuelo en la fe. Dios me ha confiado esta misión porque sabe que puedo realizarla. Se lo agradezco y ofrezco mi sacrificio a cambio de la curación de los niños enfermos e indefensos”.

Esto es lo que escribió Vanessa después de que conociera su enfermedad para asombro, estupor y enfado de sus padres, que no lograban entender por qué decía esto.  Dos años de tratamiento y un trasplante de médula no fueron suficientes para que salvara la vida. Pero antes pudo realizar aquella misión a la que se sentía llamada.

Sus padres se preguntaban “cómo podemos no sentirnos enfadados por un destino tan cruel que afecta a su hija”. Ahora, recuerdan que “en aquel momento puedes perder la fe y no creer en ningún Dios. Nuestra reacción no impidió que Vanessa tratara de hacernos entender  de todas las maneras en que no teníamos que estar enfadados, sino que teníamos que acercarnos más a la fe”.

Un día, esta joven enferma pidió a sus padres que rezasen con ella. Su padre le dijo: “Mi amor, no quiero entristecerte, pero no puedo acercarme a la fe”. Y añadió que le gustaría preguntar a Dios “por qué está haciendo esto, por qué tiene que hacer sufrir a una niña tan dulce y buena. Me parece una gran injusticia…”.

“No debes estar enfadado con Dios”

Ella, lejos de enfadarse, le contestó: “Papá, no debes estar enfadado con Dios.  Mi enfermedad y la de muchas personas no es culpa de Dios, Él nos da la bienvenida. Es de aquellos que han provocado la enfermedad, aquellos que nos hacen sufrir por nuestra enfermedad, nosotros mismos, la sociedad en la que vivimos, la contaminación, los venenos que respiramos y comemos. Dios solo puede recibirnos”.

Su manera de afrontar la enfermedad, su alegría, su fe desbordante, fue cambiando a las personas de su entorno. “Nosotros, como padres, escuchando sus palabras de paz y serenidad, día tras día, nos convenció de que estábamos equivocados. Logró convertir nuestra ira en amor para los demás y para todas aquellas personas que sufrían de una manera u otra”, cuentan.

La llamada de la Virgen en un sueño

Pero antes de todo esto ella tuvo un encuentro profundo con Dios, a través de la Virgen. Fue el punto en el que ella se concienció completamente de que tenía una misión que debía cumplir. “Tuvo un sueño en el que Nuestra Señora le pidió que fuera con Ella”, relatan los padres. Por ello, pidió como regalo por su 19 cumpleaños, ya en plena enfermedad, poder realizar un viaje en solitario a Medjugorje.

“Vanessa volvió aún más fuerte, serena, con una sonrisa aún más brillante, transmitiendo serenidad a todos lo que conocía”, explicaba el padre.

La conversión paulatina de los padres

Pese a su grave enfermedad ella estaba más empeñada en que sus padres se encontraran con Dios que en curarse. Y así fue como en marzo de 2013 (meses antes de morir) pidió a su padre que le acompañara a Medjugorje. Él explica que “no quería pero tenía que concederle este regalo. Ella me dijo que sería útil para mí y sólo tenía que abrir mi corazón y rezar. Su madre, por otro lado, debería ir más adelante, porque, según Vanessa, aún no estaba preparada”.

Antonio volvió completamente transformado de aquella peregrinación. A Roberta le pasaría lo mismo en 2014, cuando visitó este lugar ya con su hija muerta. El padre recuerda que al volver a Italia “ya no tenía la ira que me devoraba en mi interior. Encontré la fe gracias a mi hija y ella estaba feliz”.

Sorpresas hasta después de morir

Esta joven fue una caja de sorpresas incluso hasta el final, dejando una a sus padres que les dejó helados. “El 23 de diciembre, unos días después de la muerte de Vanessa, de acuerdo con sus deseos, fuimos al hospital de Udine, donde había estado hospitalizada, para llevar dulces y buenos deseos a los médicos y a las enfermeras. Nos encontramos con una de las enfermeras que había estado muy cerca de ella desde el comienzo de la enfermedad, y después de abrazarnos y llorar con nosotros, sin embargo, nos dijo que tenía que decirnos algo sobre Vanessa”.

Desde hace mucho tiempo Vanessa sabía que iba a morir, y de acuerdo con los médicos, había decidido no decir nada a sus padres. Aun así, había decidido realizarse el trasplante aunque sabiendo que no sería para salvarse sino como parte de un estudio para otros casos similares al suyo.

“No entendíamos por qué se comportó así”, aseguran los padres. Pero todo ese tiempo ella se empeñó en hacer feliz a sus padres, hacerles sonreír y sobre todo intentar que descubrieran la fe. De saber que moriría no podría haberlo hecho igual. Y fue sólo con el tiempo, agregan, “cuando entendimos lo que ella quería con esto”.

Una muchedumbre ayudada por Vanessa

Pero no fue la única sorpresa que sus padres recibieron tras su muerte. La otra se produjo en el entierro de Vanessa, cuando una multitud de personas acudió a despedirse, muchos de ellos de otras partes de Italia, y que no la conocían en persona.

Como parte de esta misión a la que se sentía llamada, durante su enfermedad habló a través de Facebook con muchas personas de todo el país dándolas una palabra de esperanza y de fe, incluso a algunos que por situaciones muy complicadas habían decidido poner fin a su vida. “El día del entierro, muchas de estas personas se presentaron y nos dijeron cómo Vanessa les había salvado la vida”, cuentan todavía hoy emocionados sus padres.

Cumplir su gran deseo

Su sueño desde niña, y que no pudo llegar a cumplir era dedicarse por completo a los niños. En uno de los escritos que dejó Vanessa decía que “nosotros, los adultos, somos el espejo de lo que éramos de pequeños, así que si puedo ayudar a un niño pequeño, de mayor será un gran hombre”.

Por ello, sus padres fortalecidos por la fe que les transmitió su propia hija, decidieron que se pudiera cumplir este sueño. Crearon la Asociación Vanessa Guido, y se dedica exclusivamente a ayudar a las familias y niños que más lo necesitan.

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