Jesús Ballesteros, disminuido físico y enfermo mental: “Soy un renglón derecho de Dios”

"Con su muerte en la cruz, Cristo nos dio la vida eterna. Nosotros, a través del dolor, podemos predicar el Evangelio y dar testimonio."
1 de agosto de 2009.- Sufre parálisis cerebral de
sde niño y hace pocos años le diagnosticaron un trastorno de control de impulsos. Pero no consiente que sus patologías le impidan llevar una vida digna ni que la dificultad con que habla le reste un tanto así de claridad a sus ideas. Su testimonio es contundente. Cuando le han tenido que ingresar en una unidad de salud mental dice que nunca se ha sentido sólo: " ahí la única presencia física y real que sientes es la de Cristo Jesús. Y ésa nada ni nadie te la puede quitar." Asegura que "con su muerte en la cruz, Cristo nos dio la vida eterna. Nosotros, a través del dolor, podemos predicar el Evangelio y dar testimonio". Está convencido que es "un renglón derecho de Dios". Publicamos la entrevista que le hace el Semanario Alba en la que queda claro que su leitmotiv es aquella frase de santa Teresa: “Sólo Dios basta”.

(Gonzalo Altozano / Alba)
 
-¿Se considera un juguete roto de Dios?
-No. Y tampoco un renglón torcido, en todo caso derecho, muy derecho. Es más, aunque esté feo decirlo, soy una obra maestra del Señor, un instrumento a través del cual se hace notar en el mundo.
 
-Eso son palabras mayores.
-Otra cosa es que no siempre responda como Dios espera de mí, que no esté a la altura de las circunstancias.

 
 
-¿Lo dice por su condición de enfermo?
-Lo digo por mi condición de hombre y, por lo tanto, de pecador.

 
-Hábleme de la enfermedad.
-Al igual que hizo con su Hijo, Dios nos prueba. Nos pone piedras en el camino para ver si nuestra fe es sincera. En mi caso, los obstáculos son mis patologías. Además…

 
-Diga.
-No hay que olvidar que, con su muerte en la cruz, Cristo nos dio la vida eterna. Nosotros, a través del dolor, podemos predicar el Evangelio y dar testimonio.
 
-Si le ofrecieran salud a cambio de fe…
-Prefiero pasar el resto de mi vida atado a la cama de un hospital antes que apartarme de Él. Vamos, que no lo dudo.
 
-¿De verdad?
-Mire, en lo que muchos pueden ver una desgracia (la enfermedad), yo veo una dicha: me hace sentir escogido por Dios para ser miembro activo de su predicación.
 
-¿A quién habla usted de Dios?
-A todos. Incluso a los testigos de Jehová y a los evangélicos que llaman a mi puerta.

 
-¿En serio?
-Sí. Les invito a pasar y hablamos. Es curioso, al rato todos dicen lo mismo: que les ha surgido una cosa, que se tienen que ir a toda prisa. ¡Y ya no vuelven a aparecer! No sé por qué será.
 
-A lo mejor porque les anima a rezar el rosario. Por cierto, ¿no le aburre?
-¿El rosario?

 
-Sí. Un avemaría, y otro, y otro, y otro…
-¿Aburrirme? ¡Pero si es una meditación profundísima! Mientras lo rezas, va pasando por tu mente la vida de Nuestro Señor Jesucristo y la de la Virgen, incluso algo de la de san José.
 
 
-¿Qué papel juega María en su vida?
-Es mi madre, mi compañera, mi protectora… ¡La siento tan cerca…! Es que soy muy mariano, ¿sabe?

 
-Supongo que por eso disfruta tanto el rosario. ¿Alguna otra oración?
-La Liturgia de las Horas, que rezo cuando mi salud me lo permite. Y el Padrenuestro, la oración que nos enseñó Cristo, que es hermosísima y lo dice todo.

-¿Reza para un milagro?
-No.

 
 
-¿No cree en ellos?
-¡Claro que sí! De milagros están llenos los Evangelios y la vida. Pero también creo en la voluntad de Dios.

-¿Qué quiere decir?
-Que sus planes -que no son los nuestros- son los que más nos convienen. Por eso no hay que rezar para un milagro. Pero ¿quiénes somos para pedirle algo así? Nadie. No somos nadie.
 
-¿Sabe qué planes tiene Dios para usted?
-Evangelizar, a pesar de mis limitaciones; querer mucho a mi familia, en especial a mi mujer, a mis hijas, a mis padres…; y -repito- no permitir nunca que le abandone.

 
-¿Alguna vez se ha sentido usted el abandonado?
-Nunca.

 
-¿Ni siquiera cuando le han tenido que ingresar?
-Ni siquiera. Ahí la única presencia física y real que sientes es la de Cristo Jesús. Y ésa nada ni nadie te la puede quitar. ¿Sabe una cosa?

 
-¿Qué?
-A las unidades de salud mental uno entra llorando y sale riendo.

-Usted, que es muy valiente.
-No le puedo decir que sí ni que no; que sean los otros los que lo hagan.
 
-Pero es verdad: no teme a la muerte.
-Todo lo contrario; le tengo ilusión.
 
 
-¿Ilusión?
-A ver, no es que quiera que mis hijas queden huérfanas; me encantará educarlas, verlas crecer…

 
 
-¿Entonces?
-Tengo curiosidad por saber cómo es de verdad la vida.

-¿Acaso no lo sabe?
-Ni yo ni nadie. Porque esto no es la vida, sino su antesala, la copa de espera de un gran banquete. Estoy dispuesto a partir.
 
 
-¿Cómo imagina el momento?
-Como la llamada de Jesús a Santiago y Juan, que dejaron sus redes, sus faenas, y marcharon tras Él.

 
-¿Y qué espera encontrar allí?
-La vida para siempre, la ausencia de limitaciones, la glorificación de mi cuerpo. En dos palabras: a Dios.

 
 
-Tampoco le da miedo que esta entrevista pueda perjudicarle.
-¡Qué va! Cuanta más gente la lea, mejor.

-¿A quién quiere que le mandemos un ejemplar?
-A ver, deje que piense… ¡Ya! A José Luis Rodríguez Zapatero.
 

 

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