Mickaël vivió en la extrema pobreza y sin fe, su hermano se suicidó, se aferró al black metal y al ocultismo satánico, pero Cristo lo rescató con un compromiso de boda y un curso Alpha

* «Abrí mi corazón, abrí mi mente y al final del viaje Alpha empecé a leer la Biblia y sentí la necesidad después de ir a misa. De hecho, fue mi esposa quien dijo: «¿Y si fuéramos a misa?» Yo respondí: «sí, vale, vamos» y al final de la misa pedí el bautismo. Como soy bromista, al principio ella no lo creía. Entonces me miró y le dije: «Sí, pedí el bautismo». Ella se puso a llorar porque entendió que era verdad… Todos somos pecadores y hay un trabajo que hacer todos los días. Yo era violento. Lo reproducía en relación con la violencia que experimenté cuando era joven. Así es que fui físicamente violento, pero también con palabras y ruego al Señor jamás volver a usar este modo de no-comunicación. Sé que siempre estoy acompañado por Cristo, sea yo bueno o malo… Y le pido a la Virgen, pero también a Cristo, que el amor llene el corazón de todos, sólo esto nos puede salvar…»

Camino Católico.-  De niño Mickaël vivió junto a sus tres hermanos en la extrema pobreza y en su familia eran habituales “el acoso, la violencia física y verbal», cuenta en el video original en francés que puedes ver al final y cuyo contenido ha traducido y sintetizado PortaLuz. Mickaël es el primogénito de la familia y siempre tuvo particular inquietud por mantener los lazos familiares, la comunicación entre los hermanos, por sobre las injusticias que padecían.

Afrontaba su realidad, dice, sintiéndose sólo pues “no crecimos, como ustedes comprenderán, en ninguna fe, sino todo lo contrario”, señala como argumento para explicar luego el por qué vivió en una constante inestabilidad, en diversos ámbitos, a lo largo de sus primeros años de juventud. “No me proyectaba de forma estable hacia el futuro”, puntualiza.

Tras el suicidio se aferró al ocultismo

Y así se mantuvo 10 años amancebado, al cabo de los cuales se casó por lo civil y tres años después se divorció. Tras este quiebre y sintiéndose más confuso que de costumbre respecto del sentido de la vida Mickaël enfrentó, “la prueba más dura», relata… “el suicidio de mi hermano menor que se fue, que decidió dejarnos a la edad de 17 años”.

Entre la tristeza y la rabia, necesitando un salvavidas, se aferró a la sub-cultura black metal. Abrazó su estética inspirada en lo satánico, en el ocultismo y un discurso contracultural de rechazo a las creencias e instituciones judías y cristianas, del que alardeaban un conjunto de bandas en la Europa desde mediados de los ochenta en adelante. “Y en un momento dado, ya era parte de una banda de black metal, totalmente contrario a la religión”.

«Nos vamos a casar y será en la iglesia o nada»

Tiempo después se sentiría atraído por una nueva mujer, llamada Stephanie. Al poco de conocerla y expresarle sus sentimientos, supo que ella estaba bautizada y era creyente. La segunda novedad que sería como un balde de agua fría para Mickaël, quien se había “prometido” a sí mismo que “nunca” volvería a casarse -relata-, llegó cuando ella aceptó establecer un vínculo con él… “pero me dijo: «nos vamos a casar y será en la Iglesia o nada»”. Quedó estupefacto y sólo pudo responderle que «sí».

Uno de los primeros en saber la noticia fue su hermano Sébastien quien, queriendo apoyarlo, le propuso un día “participar en un curso Alpha”, recuerda Mickaël.

«Sentí la necesidad de ir a misa»

Mickaël y Sébastien se habían distanciado tras las experiencias de infancia y el suicidio del hermano. Por ello y a pesar de que no le resultaba muy grata la sugerencia, aceptó participar. Claro que iría -le dijo bromeando- siempre y cuando hubiera comida. Además, agregó en tono serio, “haré preguntas, preguntas duras”.

En las 10 sesiones de encuentro si bien no obtuvo todas las respuestas que esperaba, surgió en Mickaël una necesidad de “volver atrás” en su camino espiritual. Así explica lo sucedido desde esa experiencia:

“Abrí mi corazón, abrí mi mente y al final del viaje Alpha empecé a leer la Biblia y sentí la necesidad después de ir a misa. De hecho, fue mi esposa quien dijo: «¿Y si fuéramos a misa?» Yo respondí: «sí, vale, vamos» y al final de la misa pedí el bautismo. Como soy bromista, al principio ella no lo creía. Entonces me miró y le dije: «Sí, pedí el bautismo». Ella se puso a llorar porque entendió que era verdad…

Todos somos pecadores y hay un trabajo que hacer todos los días. Yo era violento. Lo reproducía en relación con la violencia que experimenté cuando era joven. Así es que fui físicamente violento, pero también con palabras y ruego al Señor jamás volver a usar este modo de no-comunicación. Sé que siempre estoy acompañado por Cristo, sea yo bueno o malo… Y le pido a la Virgen, pero también a Cristo, que el amor llene el corazón de todos, sólo esto nos puede salvar…

 

Fuente:PortaLuz
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