Darío y Clara Mora Fernández, hermanos consagrados religiosos, fruto de vivir la fe en familia desde pequeños

* Clara: «Por la historia de mis padres, he crecido con la certeza de que mi vida es fruto del amor gratuito de Dios y del amor de mis padres. Por pura misericordia del Señor, la fe que mis padres me transmitían y la vida que me daban me parecía mucho más grande y alta que lo que pudieran ofrecerme fuera del cristianismo»

* Darío: «Desde el momento en que dije: Hágase tu voluntad, descubrí una nueva y profunda alegría. Se trataba de estar con Él, alimentarme de Él, de ser Él en mí. Descubrí que la sed de mi alma era sed de Dios»

* Norberto Mora, el padre de familia: «Nuestros hijos han sido para nosotros un don. Nunca hemos tomado posesión de ellos, y siempre les hemos dicho que son más hijos de Dios que nuestros. Esto nos ha dado una relación distinta con ellos, y nos ha hecho ser conscientes de que están llamados a cumplir una misión en el mundo y vivir la vida eterna»

3 de febrero de 2012.- «La nueva evangelización es inseparable de la familia cristiana»: estas palabras del Papa Benedicto XVI enmarcan la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebra el 2 de febrero en todo el mundo. Y es que, en muchas ocasiones, la consagración de los jóvenes encuentra su primera llamada gracias a la fe que les han transmitido sus padres. Darío y Clara Mora Fernández, los dos consagrados religiosos, son fruto de una vivencia de fe experimentada desde pequeños en su familia. Este es su testimonio vocacional y el de su familia Mora-Fernández , a quienes vemos en la imagen de arriba a la izquierda: los hijos, Ana, Jorge, María, Darío y Clara, y los padres, Norberto y María Jesús

(Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo / Alfa y Omega) En su último discurso al Consejo Pontificio para la Familia, Benedicto XVI subrayó el decisivo papel de la familia como instrumento de evangelización: «Así como están en relación el eclipse de Dios y la crisis de la familia, la nueva evangelización es inseparable de la familia cristiana. De hecho, la familia es el camino de la Iglesia, porque es el espacio humano del encuentro con Cristo». No son pocos los chicos y chicas que han vivido la fe desde pequeños en casa, en gestos cotidianos como bendecir la mesa, rezar por las noches, orar con el Rosario en el coche…, y que ya de mayores han respondido a la llamada del Señor.

No sin razón, la familia ha sido llamada Iglesia doméstica, y puede ser considerada también escuela de consagración, pues si la transmisión de la fe es auténtica y sale de unos corazones generosos, los padres son como el sacerdote Elí, quien dirigió la vocación del pequeño Samuel para atender a la voz del Señor y decirle: Habla, Señor, que tu siervo escucha.

Esta disposición natural para la amistad con Dios desde la infancia la tiene bien presente Darío Mora, hoy religioso en una Congregación de vida apostólica, quien recuerda con gratitud que «tuve la gran misericordia de nacer en una familia cristiana en la que, desde pequeño, se me enseñó a relacionarme con Él. Aprendí que no sólo te escucha y te habla en la capilla, sino también en tu vida diaria. Recuerdo tener una relación muy natural con Dios, tan natural como la podía tener con mis padres o mis hermanos». Lo mismo afirma Clara, una de sus hermanas, hoy novicia en un monasterio de vida contemplativa: «Dios me ha regalado nacer en una familia cristiana. Por la historia de mis padres, he crecido con la certeza de que mi vida es fruto del amor gratuito de Dios y del amor de mis padres. Por pura misericordia del Señor, la fe que mis padres me transmitían y la vida que me daban me parecía mucho más grande y alta que lo que pudieran ofrecerme fuera del cristianismo».

Rezando…, ya desde el carrito

En Valencia, viven Norberto y María Jesús, los padres de Clara y Darío, con el resto de sus hermanos: Ana, Jorge y María. La historia de su matrimonio es una confesión de fe eclesial, ya que, después de casarse, en un tiempo en el que estaban más alejados de Dios y barruntaban incluso el no tener hijos, volvieron a la Iglesia y comprobaron cómo el Señor reconstruyó su unión, y al hacerlo les abrió a Su voluntad y a la vida: «Nosotros nos dejamos conducir por la Iglesia -afirma Norberto-, que nos ha acompañado en nuestro matrimonio y, fiándonos de la Iglesia y de Dios, ejercimos la paternidad responsable y vinieron cinco hijos». Porque, pese al miedo a no llegar a fin de mes, «si la vida la reduces a la economía, la destrozas. Somos testigos de que lo que la Iglesia dice sobre la familia es verdad», explica Norberto.

El ejercicio de la paternidad responsable incluye también el dar a conocer a los hijos a su Padre Dios, e introducirlos en la fe de su Madre la Iglesia. Y es que, como dice con humor Norberto, «nuestros hijos han escuchado rezar a sus padres ya desde el carrito». Así lo explica María Jesús: «Nosotros, los domingos por la mañana, rezamos Laudes con ellos y les explicamos el evangelio en relación con sus vidas y sus problemas. Al mismo tiempo, también ha sido muy importante el día a día: si llegaban del colegio con algún disgusto, o si se habían peleado con algún compañero, les hablábamos del amor al enemigo, de no devolver mal por mal». Y esta misión evangelizadora no concluye cuando se dice Amén después de bendecir la mesa. Abarca también los ratos de ocio, al evitar programas de televisión inadecuados y apagando la tele a la hora de comer. «Nuestros hijos cuentan con nosotros para hablar de cualquier cosa. Siempre hemos querido que tuvieran confianza y nos contaran cualquier problema», confirma María Jesús.

Cuando Dios llama

Y si uno reza con sus hijos, si les explica la vida a la luz de la fe, si cuida lo que ven en la tele, si comen juntos y hablan en familia, si dan gracias a Dios por todo lo que tienen…, entonces no es extraño que esos chicos estén atentos cuando el Señor llama para seguirle. Por eso Clara puede decir hoy que, al encontrar su vocación, «supe que eso era lo que Dios había soñado y deseado para mí desde que me pensó». Una experiencia que encuentra reflejo en la de su hermano Darío: «Desde el momento en que dije: Hágase tu voluntad, descubrí una nueva y profunda alegría. Se trataba de estar con Él, alimentarme de Él, de ser Él en mí. Descubrí que la sed de mi alma era sed de Dios», lo cual confirmaba «lo que mis padres siempre me habían dicho: que si hacia la voluntad de Dios sería feliz».

Son palabras casi idénticas a las de su madre, María Jesús, que siempre ha dicho a sus hijos que, «cuando haces la voluntad de Dios, el Señor te colma con todo lo que tu corazón desea. Eso es lo que nos ha hecho felices. Dios hace un diseño de tu vida y, si te dejas llevar, te da el don para poder vivirlo». Y eso también implica la generosidad de los padres hacia Quien ha sido muy generoso con ellos, como afirma Norberto: «Nuestros hijos han sido para nosotros un don. Nunca hemos tomado posesión de ellos, y siempre les hemos dicho que son más hijos de Dios que nuestros. Esto nos ha dado una relación distinta con ellos, y nos ha hecho ser conscientes de que están llamados a cumplir una misión en el mundo y vivir la vida eterna».

No somos bichos raros

Todas sus palabras las rubrican el resto de sus hermanos, como Jorge, que reconoce que,«más que rezar con mis padres, me ha marcado mucho su forma de vivir. He visto que los padres de mis compañeros se separan, mientras que mis padres afrontan los problemas de otra forma. Todo lo viven de una forma distinta, más sencilla». María, la menor de los cinco hermanos, reconoce que«la forma de vida de mis padres y de mi familia no todo el mundo la entiende», porque«la gente critica enseguida a los cristianos», algo que su hermana Ana confiesa que,«a veces, me ha hecho sentirme un bicho raro, pero llega un momento en que encontrarme con Dios me hace ver que es una gracia vivir así. En la Iglesia, el Señor me colma el corazón, y soy feliz».

La familia habla de Cristo

La vida de la familia Mora, como la de tantas otras, ha pasado, a lo largo de los años, del Jesusito de mi vida, a la entrega de los niños al Señor de la vida. Y eso es poner la luz en lo alto del candelero; eso es evangelizar. Dice María Jesús: «Yo no doy catequesis en la parroquia ni soy misionera, pero, a través de nuestra forma de vida, lo que hacemos es evangelizar: primero, a nuestros hijos; y luego, a los que nos rodean». Y concluye Norberto: «Cuando alguien nos pregunta si es posible tener tantos hijos, o simplemente tener hijos, nosotros aseguramos que sí. Todo depende de los que tú busques para ellos. Algunos nos preguntan cómo lo hacemos. Es una forma de vida que interroga y también evangeliza. La familia ayuda, y va a ayudar a mucha gente a vivir».

Así se cumplen las palabras proféticas del Papa, cargadas de verdad:«La familia está llamada a acoger, irradiar y manifestar en el mundo el amor y la presencia de Cristo».