Ante el COVID-19, el Señor nos llama a un cambio de vida, a la conversión de todos nosotros pecadores / Por Teresa Billón Bengoechea

Desde que comenzó la epidemia de Covid-19, en China, se extendió a Europa y a nivel mundial, me percaté que este virus nos había dado en toda la línea de flotación a la humanidad. Nos golpea en todos los órdenes: el político, el económico, el social, el sanitario, el religiosos… Ante esta situación, el Señor nos llama a un cambio de vida, a la conversión de todos nosotros pecadores.

Ante la pandemia, vemos que se nos mueven todas las seguridades humanas y nuestros dirigentes buscan soluciones humanas para combatir el virus. Llegadas de whasapp dando toda clase de recomendaciones. El mundo se vuelve loco buscando falsas seguridades humanas, por tanto, nos da soluciones humanas. Y tenemos que ver que la verdadera solución y seguridad es mirar el rostro de Dios.

Él es el único que puede hacer cambiar esta circunstancia y para ello  necesitamos la conversión de nuestros corazones. Doblegarnos ante el Señor. Nuestro corazón tiene que hacerse  humilde y sencillo. La conversión comienza por cambiar el corazón, por reconocer que Él es mi Señor. Decirle: ‘te necesitamos, te pedimos perdón y nos arrepentimos de haber estado tanto tiempo alejados de ti. Sánanos’.

Tengamos la fe y la confianza en Jesús. En Mateo 8, 26-27 dice: ”¡Señor, sálvanos que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué tenéis miedo hombres de poca fe?” Esta misma pregunta nos podemos hacer nosotros: ¿Por qué tenemos miedo al Covid -19 si tenemos al Señor, si lo tenemos todo? Él es nuestra seguridad y confianza. En Mateo 14, 31 insiste: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?” Cuantas veces nos ha sucedido el dudar a lo largo de nuestra vida. Descubrimos nuestra falta de fe. Debemos tener más fe Y confianza en Dios. Pidamos al Señor que nos aumente la fe.

Nos enseña Jesús en Mateo 8, 5-17 que la conversión sana nuestro corazón de toda enfermedad, herida humana y espiritual: “Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos. Dícele Jesús: “Yo iré a curarle” La humildad del corazón del centurión hizo que Jesús sanara al criado: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano”.

Nos dice el salmo 102: “El Señor es compasivo y misericordioso”, tiene corazón de Padre, nos perdona siempre.

Mira el corazón de Cristo y quizás experimentes como el centurión lo que Jesús le dijo: “Vete, que te suceda según has creído” Cuando pides de corazón la conversión, el Señor sana, cura.

Mateo 8, 14-15 cuenta la curación de la suegra de Pedro. “Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama, con fiebre.  Jesús le tocó la mano y le desapareció la fiebre. Y ella se levantó y se puso a a servirle“. Cuando nos hayamos curado de la enfermedad del Covid-19 y de las heridas del corazón y consecuencias de esta pandemia, seamos testimonios auténticos de Cristo, vayamos a servirle.  Id y proclamad el Evangelio en nombre de Cristo Jesús, sois testigos de la luz.

El Señor está esperando nuestra conversión, que volvamos al Padre y nos dice suavemente: “Vuelve a mí, te necesito, te estoy llamando. Ven a mí. Confía en mi Providencia. No tengas miedo”. Estas palabras las encontramos en distintos pasajes del Evangelio y nos interpelan.

En  Juan 15, 4, leemos: “Permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros”.  No estamos solos. Jesús ha dicho: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20). Es un mensaje de esperanza. El que tenga oídos que oiga. No nos abandona nunca.

Vayamos al Señor, que nos da su mano, nos da su paz, nos da su alegría. Nos espera con los brazos abiertos. Gracias, Señor, por esperarnos  para volver a ti.

Teresa Billón Bengoechea


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