Antonio Montilla Romero, periodista: «No concibo vivir sin rezar, sin ese momento de encuentro interior con uno mismo y de contacto directo con Dios»

* «A quien no rece, porque no lo haya descubierto, le invitaría a hacerlo por un motivo muy sencillo: porque es necesario para alimentar el espíritu. La oración es hablar con Dios, pero también con uno mismo, encontrarnos con nuestro propio interior, con lo que hemos hecho bien o mal, con los aciertos y con los errores, con nuestro propósito de mejora y de enmienda. En estos tiempos de una sociedad marcada por las prisas, el materialismo o la superficialidad, la oración es más necesaria que nunca para lograr ese sosiego interior que cada uno necesita»

Camino Católico.- Antonio Montilla Romero (Cuevas del Becerro, 1978) es periodista y trabaja en Diario Sur desde 2004 desarrollando la información política, cofrade y la crítica taurina. Es miembro de la Junta de Gobierno de la Archicofradía del Paso y la Esperanza de Málaga y albacea general de la Hermandad de San Antonio Abad, patrón de su pueblo natal. «Mi madre, Laura, fue la que me enseñó los primeros rezos», recuerda Antonio a Ana María Medina en Diócesis de Málaga.

Antonio Montilla Romero es albacea general de la Hermandad de San Antonio Abad de Cuevas del Becerro

Además, también rememora la figura de sus abuelas, Dolores y Encarnación, y de una tía de su padre, Engracia. «Tenían el rezo muy presente y eran continuas sus invocaciones a Dios y a la Virgen. Después recuerdo con cariño las catequesis y a mis catequistas».

Para este periodista, «la oración es un eje vital de mi día a día. Todas las noches antes de dormir, rezo. Es más, si no lo hago parece que me falta algo. No concibo vivir sin rezar, sin ese momento de introspección personal, de encuentro interior con uno mismo y de contacto directo con Dios», reconoce.

Un chute de adrenalina

Es por eso por lo que no solo tiene presente la oración en los momentos de pesadumbre, de pena y de flaqueza, sino «también en los de alegría para dar gracias a Dios. En todos esos momentos la oración es como un chute de adrenalina, como un fuerte asidero al que agarrarse para afrontar los retos que la vida nos pone por delante», cuenta Montilla.

Respecto al ambiente preferido para rezar, Antonio afirma que «cualquier momento y lugar es bueno, sólo hace falta tener el ánimo de hacerlo. Tengo costumbres que procuro mantener. Cada vez que voy a mi pueblo, Cuevas del Becerro, acudo a la iglesia a rezar ante el Sagrario y ante la imagen de mi querido patrón, san Antonio Abad. Asimismo, cuando voy al cementerio ante la tumba de mi padre y del resto de mis seres queridos, también rezo una oración por su alma y para pedirles que protejan a los míos. Otro momento especial es el rezo en la basílica ante la Virgen de la Esperanza y el Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso».

Ave María

Como Antonio Montilla se considera muy mariano, el Ave María es su oración predilecta. Sería la primera en recomendar. «A quien no rece, porque no lo haya descubierto, le invitaría a hacerlo por un motivo muy sencillo: porque es necesario para alimentar el espíritu. La oración es hablar con Dios, pero también con uno mismo, encontrarnos con nuestro propio interior, con lo que hemos hecho bien o mal, con los aciertos y con los errores, con nuestro propósito de mejora y de enmienda. En estos tiempos de una sociedad marcada por las prisas, el materialismo o la superficialidad, la oración es más necesaria que nunca para lograr ese sosiego interior que cada uno necesita».


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