Asia Bibi, condenada a muerte: «Mis niños, no perdáis ni el valor ni la fe en Jesucristo» dice a sus hijos en la carta que publica su libro-testimonio «¡Sacadme de aquí!»

* El documento, hasta ahora inédito, es un conmovedor relato en primera persona de la católica pakistaní víctima de la ley contra la «blasfemia», que castiga con la horca a quienes supuestamente ofendan al islam

* ”Os sonreirán días mejores y allá arriba, cuando esté en los brazos del Señor, continuaré velando por vosotros. Pero por favor, os pido a los cinco que seáis prudentes, os pido no hacer nada que pueda ofender a los musulmanes o las reglas de este país. Hijas mías, me gustaría que tuvierais la suerte de encontrar un marido como vuestro padre”

* ” Hijos míos, (…) papá y yo hemos tenido siempre el deseo supremo de ser felices y de haceros felices, aun cuando la vida no es fácil todos los días. Somos cristianos y pobres, pero nuestra familia es un sol. Me habría gustado tanto veros crecer, seguir educándoos y hacer de vosotros personas honestas… ¡y lo seréis! (…) No sé todavía cuándo me cuelgan, pero estad tranquilos, amores míos, iré con la cabeza bien alta, sin miedo, porque estaré en compañía de Nuestro Señor y con la Virgen María, que me acogerán en sus brazos”

2 de marzo de 2012.- Se acaba de publicar en España ¡Sacadme de aquí! (LibrosLibres), escrito en prisión por Asia Bibi en colaboración con la periodista francesa Anne-Isabelle Tollet, y traducido al español por Luis Antequera. El caso de esta mujer pakistaní, madre de cinco hijos, se convirtió en una noticia mundial en 2010, cuando fue condenada a la pena capital en aplicación de la ley contra la «blasfemia», que castiga con la horca a quienes supuestamente ofendan al islam.

Actualmente está a la espera de un recurso contra su condena en una celda sin ventana ni servicios higiénicos, aislada de sus compañeros de prisión porque los islamistas han puesto precio a su vida. El 19 de diciembre la visitó una delegación de la Fundación Masihi, que lanzó la alarma sobre el deterioro de su estado de salud físico y mental.

A continuación reproducimos, extraídos de ¡Sacadme de aquí!, dos fragmentos de este libro-testimonio, uno en el cual Asia Bibi pide ayuda y el otro que es la carta hasta ahora inédita que Asia Bibi dirigió a su marido y a sus cinco hijos desde la cárcel al volver de la sala donde la habían condenado a muerte:

«

Les escribo a ustedes desde el fondo de mi prisión, en Sheikhupura, en Pakistán, donde vivo mis últimos días. Puede que mis últimas horas. Es lo que me ha dicho el tribunal que me ha condenado a muerte.

Tengo miedo. Tengo miedo por mi vida, por la de mis niños y por la de mi marido, que sufren: a través de mí, es toda mi familia la que ha sido condenada. Mi fe es fuerte, sin embargo, y pido a Dios misericordioso que nos proteja. ¡Me gustaría tanto volver a ver la sonrisa en sus labios! Pero sé que no viviré seguramente tanto como para ver llegar ese día. Los extremistas no nos dejarán nunca en paz.

No he matado jamás, jamás he robado…, pero para la justicia de mi país, lo que he hecho es mucho peor: soy una blasfema. El crimen de los crímenes, el ultraje supremo. Se me acusa de haber hablado mal del Profeta. Es una acusación que permite desembarazarse de quien uno quiera, cualquiera que sea su religión o su opinión.

Soy una hija de nada

Me llamo Aasiya Noreen Bibi. Soy una hija de nada, como se dice por aquí. Una simple paisana de Ittan Wali, minúscula aldea de Pendjab, en el centro de Pakistán. Y sin embargo, hoy, todo el mundo me conoce. Todo el mundo sabe quién es Asia Bibi. ¡Y eso que yo jamás he blasfemado! ¡Soy inocente! Sufro sin haber cometido el menor acto criminal.

Quiero decir al mundo entero que yo respeto al Profeta. Soy cristiana, creo en mi Dios, pero cada uno debe ser libre para creer en quien desee. Desde hace dos años, estoy encerrada, privada de la palabra. Me gustaría por fin explicarme. Gritar la verdad. Salman Tasser, el Gobernador de Pendjab, y Shahbaz Bhatti, el ministro de las Minorías, han sido asesinados por apoyarme. Unos fundamentalistas los han matado. Es terrible. Ni cuando se mata a los animales se es tan cruel. Pienso en sus familias, lloro pensando en ellos.

Aún puedo escribirles hoy desde la celda en la que me han enterrado viva. Para pedirles que me ayuden, que no me dejen desfallecer. Les necesito.

No conozco gran cosa del mundo fuera de mi aldea. No soy instruida, pero sé lo que está bien y lo que está mal. No soy musulmana, pero soy buena pakistaní, católica y patriota, devota de mi país como de Dios. Tenemos amigos musulmanes. Ellos nunca han hecho diferencias. E, incluso, si la vida no ha sido siempre fácil para nosotros, teníamos nuestro sitio. Un lugar que siempre nos ha parecido suficiente.

Ciudadana de segunda clase

Cuando se es cristiano en Pakistán, hace falta bajar un poco los ojos. Algunos nos consideran como ciudadanos de segunda clase. No tenemos más que empleos ingratos, las peores tareas nos están reservadas. Pero mi destino a mí no me disgustaba. Antes de toda esta historia, yo era feliz con los míos, allá en Ittan Wali.

Desde que desean verme colgando de una cuerda, mucha gente ha venido a verme, gente importante, extranjeros también. Eso sí, al principio, pues ahora me han aislado completamente. Ya no puedo ver a nadie más allá de mi marido y mi abogado.

No soy sino una mujer más en el océano de mujeres de este mundo, pero creo humildemente que mi calvario es reflejo de tantos otros. Me gustaría que los ojos de mis verdugos se abrieran, que la situación de mi país cambiara… Ahora que ustedes me conocen, cuenten lo que me ha pasado a cuantos les rodean. Háganselo saber. Creo que es la única oportunidad que tengo de no morir en el fondo de este calabozo. ¡Les necesito!

¡Sálvenme!

Carta de Asia Bibi a su familia

Mi querido Ashiq, mis queridos hijos:

(…) Desde que he vuelto a mi celda y sé que voy a morir, todos mis pensamientos se dirigen a ti, mi amado Ashiq, y a vosotros, mis adorados hijos. Nada siento más que dejaros solos en plena tormenta.

Tú, Imran, mi hijo mayor de dieciocho años, te deseo que encuentres una buena esposa, a la que tú harás feliz como tu padre me ha hecho a mí.

Tú, mi primogénita Nasima, de veintidós años, ya tienes tu marido, con una familia que tan bien te ha acogido; da a tu padre pequeños nietecitos que educarás en la caridad cristiana como te hemos educado nosotros a ti.

Tú, mi dulce Isha, tienes quince años, aunque seas medio loquilla. Tu papá y yo te hemos considerado siempre como un regalo de Dios, eres tan buena y generosa… No intentes entender por qué tu mamá ya no está a tu lado, pero estás tan presente en mi corazón, tienes en él un lugarcito reservado nada más que para ti.

Sidra, no tienes más que trece años, y bien sé que desde que estoy en prisión eres tú la que se ocupa de las cosas de la casa, eres tú la que cuida de tu hermana mayor, Isha, que tanto necesita de ayuda. Nada siento más que haberte conducido a una vida de adulto, tú que eres tan jovencita y que deberías estar todavía jugando a las muñecas.

Mi pequeña Isham, sólo tienes nueve años, y vas a perder ya a tu mamá. ¡Dios mío, qué injusta puede ser la vida! Pero como continuarás yendo a la escuela, quedarás bien armada para defenderte de la injusticia de los hombres.

Mis niños, no perdáis ni el valor ni la fe en Jesucristo. Os sonreirán días mejores y allá arriba, cuando esté en los brazos del Señor, continuaré velando por vosotros. Pero por favor, os pido a los cinco que seáis prudentes, os pido no hacer nada que pueda ofender a los musulmanes o las reglas de este país. Hijas mías, me gustaría que tuvierais la suerte de encontrar un marido como vuestro padre.

Ashiq, a ti te he amado desde el primer día, y los veintidós años que hemos pasado juntos lo prueban. No he dejado nunca de agradecer al cielo haberte encontrado, haber tenido la suerte de un matrimonio por amor y no concertado, como es costumbre en nuestra provincia. Teníamos los dos un carácter que encajaba, pero el destino está ahí, implacable… Individuos infames se han cruzado en nuestro camino. Hete ahí, solo con los frutos de nuestro amor: guarda el coraje y el orgullo de nuestra familia.

Hijos míos, (…) papá y yo hemos tenido siempre el deseo supremo de ser felices y de haceros felices, aun cuando la vida no es fácil todos los días. Somos cristianos y pobres, pero nuestra familia es un sol. Me habría gustado tanto veros crecer, seguir educándoos y hacer de vosotros personas honestas… ¡y lo seréis! (…) No sé todavía cuándo me cuelgan, pero estad tranquilos, amores míos, iré con la cabeza bien alta, sin miedo, porque estaré en compañía de Nuestro Señor y con la Virgen María, que me acogerán en sus brazos.

Mi buen marido, continúa educando a nuestros niños como yo habría deseado hacerlo contigo.

Ashiq, hijos míos amadísimos, os voy a dejar para siempre, pero os amaré por toda una eternidad.

Mamá

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FICHA TÉCNICA                   COMPRA ONLINE

 

Título: ¡Sacadme de aquí!                    TiendaLibres

Autor: Asia Bibi

Editorial: LibrosLibres

Páginas: 150 páginas

Precio: 18 euros

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