Bryan Thatcher, médico, se moría por dentro, tenía problemas matrimoniales, fue a la Basílica de Guadalupe y «¡al conocer la Divina Misericordia vi que Dios me ama!»

* «Hubo tantas oportunidades perdidas para ayudar espiritualmente a los moribundos cuando practicaba la medicina, pero me consuela saber que mis oraciones los ayudan ahora. Como doctores es muy importante poner un énfasis católico en nuestro trabajo, que es incluso más importante que el tratamiento físico que damos. Los pacientes no son cuerpos con un montón de partes para estudiar, para jugar; los pacientes tienen mente, cuerpo y alma, y ​​fueron creados para estar con Dios y alabarlo en el cielo por la eternidad»

Camino Católico.-  El médico de Florida (Estados Unidos), Bryan Thatcher, vivió una experiencia de conversión gracias a su encuentro con la Divina Misericordia, que encendió en su corazón el deseo de evangelizar cuidando también el alma de los moribundos. Cuando Thatcher era un médico joven trabajó día y noche para mejorar la salud de sus pacientes. Gracias a su diligente esfuerzo logró tener una gran solvencia económica, pero estaba luchando contra un problema interior. En una entrevista a National Catholic Register que sintetiza y traduce ACI Prensa, el médico explica que a “finales de los 80 y principios de los 90, era un gastroenterólogo muy exitoso”, pero faltaba un componente espiritual en su trabajo.

“Muchos pacientes con enfermedades graves murieron mientras yo los atendía en UCI, y en ese momento nunca pensé en orar por ellos o reflexionar sobre lo que les estaba sucediendo en el ámbito espiritual”, agrega.

La intensa vida laboral y el estrés que experimentaba Thatcher estaba dañando dos ámbitos, la fe y la familia. Pero las cosas empezaron a mejorar luego de un viaje a Ciudad de México.

“Estaba luchando interiormente y me di cuenta de que tenía que haber más en la vida de lo que estaba haciendo. De hecho, me estaba muriendo por dentro”, asegura.

El médico señaló que Dios le dio una segunda oportunidad, y fue junto a la ayuda de la Virgen que, en 1991, durante un viaje por una conferencia médica, vivió una experiencia que lo devuelve al camino de fe en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

“Fuera de la basílica noté cómo toda la gente pobre, sencilla y sin educación parecía tan feliz. No tenían ropa elegante, comida ni automóviles, pero estaban muy felices mientras interactuaban entre ellos. El fuerte contraste con mi propia vida, que incluía ropa elegante, comida y autos, pero que no era satisfactoria, realmente me impactó”, cuenta.

Thatcher señala que se quedó allí, “un gringo adinerado entre esa gente pobre pero feliz”, y empezó a llorar, al ver a todas esas personas “llenas de alegría que estaban unidas en sencillez”, mientras él atravesaba por graves problemas matrimoniales. “Quedó muy claro que tenía que cambiar mi vida, pero no estaba muy seguro de cómo hacerlo”, señala.

En 1992, durante la lectura del diario de Santa Faustina “Divina Misericordia en Mi Alma”, comprendió que somos valiosos “a los ojos de Dios, no por atributos mundanos, sino porque fuimos hechos a su imagen y semejanza”.

“¡Me enamoré del mensaje de la Divina Misericordia y comencé a darme cuenta de que Dios me ama! No por la persona que pensé que necesitaba ser, sino por mí, por quien soy a los ojos de Dios”, indica.

El médico comenta que al estar llenos del amor de Dios “no podemos contenerlo y queremos compartirlo con los demás”, por lo que decidió crear el apostolado laico “Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia” (EADM), grupo bajo la guía de los Marianos de la Inmaculada.

EADM es un apostolado que ofrece “seminarios y un programa de estudio guiado para comunidades de oración que incluye el estudio de la Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Diario de Santa Faustina”.

Promovemos “la Adoración Eucarística, junto con la oración cada hora de la Coronilla de la Divina Misericordia por los enfermos y moribundos”, indica el apostolado en su sitio web. Ofrecemos “muchas otras obras de misericordia, incluidos envíos de materiales médicos y educativos a los pobres de todo el mundo y ministerios en prisiones”, agrega.

Thatcher animó a rezar la Coronilla de la Divina Misericordia por los enfermos graves y señaló que “estar presente para las personas es una bendición adicional y otra maravillosa obra de misericordia”.

“Hubo tantas oportunidades perdidas para ayudar espiritualmente a los moribundos cuando practicaba la medicina, pero me consuela saber que mis oraciones los ayudan ahora”, agrega.

El médico resalta que como “doctores es muy importante poner un énfasis católico en nuestro trabajo, que es incluso más importante que el tratamiento físico que damos”.

“Los pacientes no son cuerpos con un montón de partes para estudiar, para jugar; los pacientes tienen mente, cuerpo y alma, y ​​fueron creados para estar con Dios y alabarlo en el cielo por la eternidad”, añadie.

Thatcher resaltó que si pudiera volver a sus tiempos como médico le hubiera gustado ser más como San Giuseppe Moscati, un médico de finales del siglo XIX y principios del XX, quién “realizó las obras de misericordia corporales y espirituales, mostrando cómo debería ser un trabajador de salud ideal”.

La fe del médico ha ido creciendo a través de los años y ha experimentado otros episodios donde ha sentido la presencia de Dios en su vida.

En noviembre de 1996, uno de sus hijos, John Paul, de entonces 15 meses, atravesó una experiencia cercana a la muerte cuando lo encontraron flotando en la piscina de la casa.

“Recibí una llamada de mi hijo mayor, Bryan, de 11 años, quien me dijo que John Paul se había ahogado. Lo habían encontrado flotando, boca abajo, y cuando mi esposa lo sacó, estaba azul y no tenía pulso”, indica.

Thatcher señaló que fue por su descuido, al dejar la puerta de la piscina abierta antes de salir de casa, que este accidente sucedió y resaltó que en ese momento sintió que su fe estaba siendo probada.

“Recordé lo que había dicho recientemente en una conferencia sobre la confianza en Jesús. Yo tenía que hacer lo mismo, así que con la historia de Abraham e Isaac en mente, recé una oración de entrega. Todo lo que el Señor de la vida quería hacer, estaba dispuesto a aceptarlo”, agrega.

Cuando el pequeño estaba de camino al hospital recobró el pulso, su recuperación fue gradual en el hospital y en dos días fue dado de alta. Hoy es un hombre sano de 25 años.


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