Homilía del Evangelio del Domingo: Acoger a Dios significa acoger su voluntad / Por P. José María Prats

* «Cuando consentimos el aborto, cuando afirmamos que las uniones de personas del mismo sexo son equivalentes al matrimonio entre un hombre y una mujer, cuando toleramos estructuras de explotación del ser humano o de discriminación por cualquier motivo, no guardamos la palabra de Dios, no acogemos y promovemos su plan para la creación, no le amamos. Y entonces Él no puede venir a habitar en nosotros”

Sexto domingo de Pascua – C

Hechos 15, 1-2.22-29  /  Salmo 66  /  Apocalipsis  21, 10-14.21-23  /  Juan 14, 23-29

P. José María Prats / Camino Católico.- En este Evangelio encontramos una frase muy conocida y muy importante de Jesús: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él». Es decir, Dios, Padre,Hijo y Espíritu Santo, sólo puede venir a habitar en nosotros cuando guardamos su palabra.

Y es que acoger a Dios significa acoger su voluntad, sus designios, su plan para la creación, que es la forma concreta en que Él nos ama y se entrega a nosotros.

El Génesis narra cómo Dios fue creando todas las cosas mediante su Palabra y la fuerza de su Espíritu. Todo lo creó lleno de belleza y bondad, de orden y armonía, para que manifestase su amor por el ser humano y sirviese de marco para establecer con él una relación de entrega mutua.

El ser humano se abre a la relación con Dios cuando acoge gozosa y agradecidamente el don de la creación respetando y promoviendo el sentido que Dios ha dado a cada cosa. Dice el Génesis que Dios puso al hombre en el huerto del Edén «para que lo cultivara y lo guardara».

Esto tiene una gran importancia para entender el drama de nuestro tiempo. La cultura actual, al alejarse de Dios, ya no percibe la creación y la vida como un don precioso que estamos llamados a acoger, respetar y promover de acuerdo a su sentido profundo, sino como un fruto del azar del que podemos disponer según nos parezca. Lo hemos escuchado en el evangelio: «El que no me ama no guardará mis palabras».

Negando a Dios nos hemos erigido en señores y legisladores de la creación, disponiendo de las cosas a nuestro antojo. Dicho con lenguaje bíblico: hemos comido del árbol del conocimiento del bien y del mal. Y negando el sentido profundo que Dios ha dado a cada cosa, hemos convertido el cosmos en caos, el mundo armónico y ordenado en sinsentido y desesperación.

Cuando consentimos el aborto, cuando afirmamos que las uniones de personas del mismo sexo son equivalentes al matrimonio entre un hombre y una mujer, cuando toleramos estructuras de explotación del ser humano o de discriminación por cualquier motivo, no guardamos la palabra de Dios, no acogemos y promovemos su plan para la creación, no le amamos. Y entonces Él no puede venir a habitar en nosotros.

A menudo los mandamientos de Dios nos cuestan de entender; como en el caso de los enamorados que no comprenden por qué no pueden manifestarse su amor con relaciones íntimas antes de casarse. El Señor nos da en este mismo evangelio la respuesta en estos casos: nos pide que le amemos incondicionalmente guardando sus mandamientos aunque no acabemos de comprenderlos, y nos promete que entonces Él vendrá a nosotros y hará morada en nosotros: el Padre enviará en nombre de Jesús al Espíritu Santo y Él «será quien nos lo enseñe todo». Y es que, como dice San Pablo, nadie puede penetrar el misterio de los designios de Dios, sino el Espíritu de Dios.

P. José María Prats

Evangelio:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».

San Juan 14, 23-29

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