Homilía del Evangelio del Domingo: El Espíritu Santo que Jesús ha venido a traer es poder para reconciliar el mundo / Por P. José María Prats

* «¿Cómo es que ahora nos dice Cristo que no ha venido a traer paz sino división? La causa de esta división no es el Espíritu Santo, sino la libertad humana que lo acoge o lo rechaza. En un mundo que permanece casi a oscuras, iluminado por una luz muy tenue, la diferencia entre los que andan buscando la luz y los que la rechazan es pequeña, pero si de repente se enciende una luz muy potente, entonces la diferencia entre unos y otros es abismal y lleva inevitablemente a la división y al enfrentamiento”

Domingo XX del tiempo ordinario – C:

Jeremías 38, 4-6.8-10  /  Salmo 39  /  Hebreos 12, 1-4  /  Lucas 12, 49-53

P. José María Prats / Camino Católico.- En el evangelio de hoy Jesús nos deja muy clara cuál es su misión: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!». Él, pues, ha venido a derramar sobre nosotros el fuego del Espíritu Santo, que restaura nuestra comunión con Dios y con los hombres e implanta el Reino de Dios en el mundo. Pero este Espíritu por el que Dios viene a habitar en nosotros es el fruto del sacrificio de Jesús en la Cruz, que nos ha reconciliado con Dios y ha restablecido la justicia y el orden cósmicos. Es por ello que Jesús dice a continuación: «Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!».

Hasta aquí todo es fácil de entender. Las palabras que siguen, en cambio, resultan muy desconcertantes: «¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra». Si el Espíritu Santo que Jesús ha venido a traer es poder para reconciliar el mundo, ¿cómo es que ahora nos dice que no ha venido a traer paz sino división?

La respuesta es que la causa de esta división no es el Espíritu Santo, sino la libertad humana que lo acoge o lo rechaza. En un mundo que permanece casi a oscuras, iluminado por una luz muy tenue, la diferencia entre los que andan buscando la luz y los que la rechazan es pequeña, pero si de repente se enciende una luz muy potente, entonces la diferencia entre unos y otros es abismal y lleva inevitablemente a la división y al enfrentamiento. San Juan lo describe en el contexto del juicio de Dios con estas palabras: «Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios» (Jn 3,19-21).

Como narra el libro del Apocalipsis, la historia de la humanidad está marcada por este conflicto dramático entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas, entre la descendencia de la Mujer y la descendencia de la Serpiente (cf. Gn 3,15), un conflicto que perdurará hasta el fin del mundo, cuando Jesucristo vendrá con gloria para implantar el Reino de Dios en plenitud, destruyendo definitivamente todo poder del mal.

El libro de la Sabiduría describe muy bien la raíz secreta de esta persecución irracional de los hijos de la luz por parte de los hijos de las tinieblas que ha teñido y sigue tiñendo de sangre nuestra historia. Y es que quien, vencido por las pasiones, ha rechazado la luz, lleva en su corazón una íntima desesperación que se manifiesta en una ira visceral hacia quienes luchan por vivir en la verdad: «Acechemos al justo, porque nos resulta insoportable, y se opone a nuestra forma de actuar, nos echa en cara que no hemos cumplido la ley, y nos reprocha las faltas contra la educación recibida; se precia de conocer a Dios, y se llama a sí mismo hijo del Señor. Es un reproche contra nuestros pensamientos, y sólo verlo nos molesta» (Sab 2,12-14).

P. José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Lucas 12, 49-53

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