Darrick Leier, ingeniero, vivía lejos de Dios, dedicado al snowboard, dijo a su madre enferma de cáncer que iría a misa: Ingresó en el seminario con 38 años y ahora es cura

* «Yo sabía que serían ya mis últimos días con mi madre, y me hizo empezar a reflexionar sobre mi vida, sobre mi fe, y Dios y el Cielo, y lo que pasa tras esta vida. Le pregunté a Dios: ¿eres real? ¿Es real el Cielo? Y Él me respondió de verdad. Por supuesto que el Cielo es real… porque supe que mi madre iría allí… La transformación que sucedió en mi vida entendí por completo que no venía de mí, era extraordinaria, no era natural, era sobrenatural. El Señor lo hacía en mí para salvarme. Sabía que Dios tenía planes para mí y sabía que eran grandes. Pasaba tanto tiempo como podía en oración. Me rendí y dije: Jesús, sea cual sea tu plan para mí, dame la gracia de decirle ‘sí’»

Camino Católico.- Apasionado practicante de deportes como el snowboard y el softball, Darrick Leier fue ordenado sacerdote a los 43 años y ahora es párroco en Aspen, en las Montañas Rocosas en Colorado, EEUU, un paraíso para los deportes de invierno y nieve.

Antes de 2011 él estaba muy alejado de la fe y desde luego ni pensaba en ser sacerdote. Era ingeniero. Desde la adolescencia la fe católica que sus padres habían tratado de transmitirle le había resbalado. «Simplemente me hice indiferente y dejé de ir a la iglesia. No tenía nada contra la Iglesia, simplemente me volqué en cosas del mundo secular», explica en una entrevista en Aspen Daily News, que traduce y sintetiza Religión en Libertad.

«Muchos jóvenes hoy se alejan de su fe. Lo vemos mucho, y yo era uno de esos chicos. Mi fe quedó adormecida un tiempo. El fuego se encendió más tarde en mi vida. Por eso es importante que las familias eduquen a sus hijos en la fe. Permanece con ellos en su alma y corazón, el Espíritu Santo habita en cada uno de ellos, de nosotros», anima. Durante años, él se volcó en entretenimientos, cosas mundanas y deportes como el softball y el snowboard.

Grandes preguntas en la enfermedad… y Dios respondió

En su caso el despertar llegó hacia los 36 años, cuando su madre atravesaba un cáncer, una dura enfermedad que la llevó a la muerte. Él la cuidaba en noviembre de 2011, en su rancho o granja familiar, en Dakota del Norte.

«Yo sabía que serían ya mis últimos días con ella, y me hizo empezar a reflexionar sobre mi vida, sobre mi fe, y Dios y el Cielo, y lo que pasa tras esta vida. Le pregunté a Dios: ¿eres real? ¿Es real el Cielo? Y Él me respondió de verdad. Por supuesto que el Cielo es real… porque supe que mi madre iría allí«, explica.

Cada vez más y más oración

En esos días finales de enfermedad, su madre le hizo prometer que él iría a misa cada domingo. Y ya fallecida ella, cuando él volvió a su casa en Denver, Colorado, y a su trabajo de ingeniero tecnológico, cumplió con lo prometido. Empezó a ir a misa a una parroquia. Y también se apuntó a colaborar en varios servicios parroquiales, cada vez más. Y se dio cuenta de que quería estar más y más cerca de Dios.

«La transformación que sucedió en mi vida entendí por completo que no venía de mí, era extraordinaria, no era natural, era sobrenatural», señala.

«El Señor lo hacía en mí para salvarme. Sabía que Dios tenía planes para mí y sabía que eran grandes. Pasaba tanto tiempo como podía en oración. Me rendí y dije: Jesús, sea cual sea tu plan para mí, dame la gracia de decirle ‘sí'».

El padre Darrick Leier bendice tablas de nieve y esquíes, muy populares entre sus parroquianos de Aspen. Foto de Craig Turpin del Aspen Daily News

Un seminario para vocaciones tardías

Así, entró en el seminario en 2013 con 38 años. Su primer año lo pasó en Denver. Después pasó a un seminario especial para vocaciones tardías, el Seminario Nacional Juan XXIII para seminaristas más mayores, por lo general hombres de 30 a 60 años. Fue ordenado sacerdote en la catedral de Denver por el arzobispo Samuel Aquila (probablemente el único obispo que ha participado, y con horror, en un aborto provocado).

Muy pronto ha sido destinado a la parroquia de Saint Mary en Aspen. Como entusiasta de los deportes de invierno, contacta con la población que los practica, bendice tablas y esquíes y anuncia a todos que Dios no deja de llamar y que siempre es posible volvernos hacia Él.

Samuel Aquila, obispo de Denver, revela cómo asistió a un espeluznante aborto cuando estudiaba medicina siendo joven alejado de la fe

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