«Este es el Cordero de Dios»

corderojesuscondiscipulos.jpg

Autor:Jaime Burke O.P.

corderojesuscondiscipulos.jpgJuan el Bautista cuando dice: «Este es el cordero de Dios», él está pensado en el Cordero Pascual, que se ofrece en la fiesta de Pascua, en la que se conmemora la salida de la esclavitud del pueblo de Dios. Él ha venido a liberarnos de toda esclavitud. Jesús como Cordero no abrió la boca, y eso que «cargó con todos los pecados del mundo» afirma dice el profeta Isaías. pero Juan el Bautista concreta: «Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo». No sólo los lleva sino que los quita.

Jesús viene para liberarnos del pecado y sus consecuencias. Él fue mandado por Dios para llenarnos del Espíritu Santo.

Nuestra sabiduría es insuficiente y si nos guiamos por ella podemos hacer mucho daño. No conocemos ni las circunstancias ni los resultados por eso necesitamos la sabiduría del Espíritu Santo.

Jesús tenía la sabiduría de Dios. El siempre escuchaba a su Padre. Cuando le presentaron a una prostituta, que atraparon en adulterio, (San Juan 8, 1-11), Él vio la mala intención de quienes se la llevaron. No les hacía caso y escribía en el suelo. Como ellos insistían tuvo que decirles: «el que de ustedes no tenga pecado que tire la primera piedra». Jesús mientras escribía escuchaba a su Padre. Siempre fue guiado por Él. Su Palabra fue de vida, porque toda la gente que había la recibió con tal poder sobre su corazón, que se marcharon.

Jesús nunca se impone porque nos ama de verdad. Podemos estar totalmente equivocados pensando que hacemos las cosas bien, pero Cristo siempre actúa suavemente. Jesús preguntó a sus apóstoles: ¿quién dice la gente que soy yo?, (Marcos8, 27-33). Si seguimos leyendo el texto, cuando Jesús anuncia su Pasión, Pedro lo aparta del grupo y se lo recrimina, pensando que le hacía un bien.

Estando yo de prior, el Señor me mostró el mal comportamiento, que tenía hacia otro sacerdote joven que creía que no actuaba como los demás. Un día orando, Jesús puso el convencimiento en mi corazón que el que obraba equivocadamente era yo. Entonces cambié mi actitud hacia ese compañero religioso y empecé a ver todos sus dones y virtudes. Solo el Espíritu Santo es el que nos guía cuando estamos abiertos e invocamos su asistencia ante nuestras vicisitudes.

corderoicono460_903863.jpgEl Evangelio nos habla de una mujer, que derramó un frasco de perfume sobre los pies de Jesús y con sus cabellos los enjugaba. Muchos criticaban este gesto, pero Jesús dijo que donde se predicara este Evangelio se iba a hablar de esta mujer.

Una mujer me contaba que su hija de 19 años salía todas las noches de fiestas y bailes y cuando regresaba de madrugada lo hacía borracha. Una noche tenía la intención de llamarle la atención y recriminarle su mal comportamiento. Esta mujer escuchaba al Señor orando en silencio interior. De ella se apoderó el convencimiento en el fondo de su corazón que lo que debía hacer era ir a la cama de su hija, ponerle la mano sobre la frente y no decir nada, sólo orar interiormente. Por la mañana, cuando se levantó la hija le dijo: «mamá gracias por lo de anoche». La joven no volvió a salir nunca más por la noche.

Esta historia la conté en una ciudad, en un retiro espiritual, y un papá vino y me dijo: «este caso que usted ha contado es el mismo que me ha pasado a mí, pero con dos diferencias. Mi hija vino tarde a casa y yo no oré y escuché al Espíritu Santo. Simplemente la quise corregir con esta frase: o vienes a la hora a casa o te vas para siempre. Ella se fue de casa y ahora está viviendo con un muchacho». >
La gran necesidad de la Iglesia es de ser llenados del Espíritu Santo. Es insuficiente obrar con nuestra sabiduría. Necesitamos la sabiduría que viene de Dios. Percibimos el viento, pero no sabemos de donde viene ni a donde va. Lo mismo pasa con el Espíritu Santo, debemos dejarnos guiar por Él.

Jesús no vino ni viene a juzgarnos. Él viene a amarnos. Dios Padre lo envió a Él, la segunda persona de la Santísima Trinidad para demostrarnos su Amor. Él no nos juzga ni nos condena. Jesús en el Evangelio cuenta, que como Buen Pastor, El deja las noventa y nueve ovejas y se va a buscar la perdida, hasta que la encuentra y la regresa al redil.

En el Evangelio donde se cuenta el encuentro con la samaritana, (San Juan 4, 1-45) Jesús va a buscarla y no le reprocha sus pecados. La perdona y quiere darle esa Agua Viva que apaga la sed. El pecado no satisface a la persona, mas bien le produce intranquilidad y remordimientos.

Yo conozco una mujer muy santa que antes de su conversión fue prostituta. Un día tuvo un derrame cerebral que le paralizó medio cuerpo y le dejó la boca torcida. El médico sentenció que ya no samaritanay1ptqofmvbydjyfbwbkez1ayelitxim5zunyjqs7zztgdlqk60vsnvvqhbphslro7s2k86hbr6u0ukoywtdtyf13q.jpgpodía hacer nada más por ella. Él era religioso y le aconsejó que fuera a una Iglesia le pidiera a Dios que la sanara, puesto que era el Único que podía solucionarle su caso. La mujer se molestó mucho con el médico, porque era totalmente atea, no creía en nada, e hizo un propósito de quitarse la vida. Ingeriría un frasco de pastillas y se tiraría a la playa para que la encontraran en el agua. Lo haría el Domingo por la tarde. Paseaba durante la mañana del Domingo y pasando por delante de una Iglesia se acordó de las palabras del médico y entró.

En la pared de la Iglesia había un cuadro grande de la figura de Jesús y mirándolo le dijo que si existía de verdad que se lo demostrara. Entonces, vio la figura de un hombre alto delante de ella con unos ojos azules penetrantes que le miraban fijamente, Él le puso sus manos sobre los hombros y le dijo: «existo y te amo». En ese momento ella quedó sana, saltó de alegría y salió a la calle gritando que Jesús le había sanado. Y su conversión fue para toda la vida.

El pecado produce malestar, no trae ningún bien.

Me contó una mujer que sus padres habían dejado la herencia para los cinco hermanos. Primero murió la madre. Antes de morir el padre falleció el hermano mayor. Por lo tanto, eran solo cuatro para repartir la herencia. Efectuaron una división de los bienes entre los cuatro hermanos sin contar con los hijos de su hermano fallecido. Esta mujer me aseguró que nunca fue capaz de mirar a los ojos de sus sobrinos, porque le remordía la conciencia del mal que hizo.

Me contó otra señora que ella tuvo un perro que quería mucho, se le murió y no sabía que hacer con él. Se acordó de una amiga que tenía un jardín y la llamó para ver si le dejaba enterrarlo allí. La amiga le dijo que sí. Ella cogió el cadáver del perro, lo metió en una funda de almohada y lo colocó en una maleta para llevarlo a enterrar. Tuvo que coger el tren para llegar a casa de la amiga. En el tren sentada observó que un hombre miraba fijamente la maleta. Ella se quedó dormida y cuando se despertó se dio cuenta que le había quitado la maleta. Yo, me imagino a este hombre en su habitación de su casa abriendo la maleta y encontrándose con el perro muerto.

Estudie en España y una vez viajaba en un compartimento del tren con otro joven de mi misma edad. Él me explicaba que era muy rico y todas las mujeres jesuspecadorforgiven.jpgque le gustaban las conquistaba hasta irse a la cama con ellas. Me decía que cada vez que terminaba de hacer el acto sexual, después le quedaba un vacío tremendo. Y es que el pecado no llena nuestra vida.

Había un matrimonio que se querían mucho y eran felices. Cuando estalló la guerra del Golfo Pérsico y mandaron al marido a luchar, su esposa se quedó sola en casa. La mujer un día se emborrachó en una fiesta y se fue con un compañero a la cama. La suegra apenas llegó él de la guerra se lo contó. Al esposo le faltó tiempo para pedir el divorcio y separarse. Ella le quería. El hombre a los dos meses volvía a casarse con otra y ya no fue más feliz. Todo por la larga charla inadecuada de la suegra que no midió las consecuencias.

Jesús viene a buscar al pecador. No a los noventa y nueve justos. Viene a sanarnos y darnos vida y vida en abundancia.

Dios quiere la salvación de todos. Dios ama a todo el universo, a toda persona. Y tanto nos ama que mandó a su Hijo Jesucristo. Él vino a los suyos y los suyos no le recibieron, pero a los que le recibieron les dio poder de ser hijos de Dios. (San Juan 11,12). La voluntad de Dios es que todos encuentren vida en su Hijo. Jesús afirma: «el Padre me ama porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita soy yo quién la da». Jesús no es una víctima pasiva. Dios no quería que crucificaran a su Hijo, ni que lo rechazaran, esa no era la voluntad de Dios. Su voluntad era que predicara la Buena Nueva, aunque ello le llevara a entregar su vida.

La voluntad de Dios nunca es que suframos. Él nos ama y tiene compasión de nosotros. Él no nos manda el sufrimiento. Él está a nuestro lado cuando sufrimos.

Una vez un reportero le preguntó a la madre Teresa de Calcuta: «¿cómo puede usted creer en Dios, cuando mueren tantas personas y niños de hambre?». Ella le respondió: «esa no es la voluntad de Dios, ni Él lo permite. Eso es consecuencia de la codicia y del egoísmo del corazón humano. Del mal y el pecado del hombre».

Dios no permite las cosas malas, cuando Él está precisamente con nosotros en el sufrimiento. Dios no ha querido la muerte. La muerte se hizo presente por el pecado. Dios siempre quiere la vida.

Estaba predicando unas enseñanzas durante varios días y vino una señora que hizo la siguiente reflexión: «me ha gustado todo lo que ha dicho, en estos tres días, pero yo no creo en Dios. Yo tuve una hija muy enferma y le iba a llevar una muñeca muy linda, pero ella me pidió un crucifijo. Se lo llevé y ella me dijo: el Señor me quiere así sufriendo. yo pensé como Dios puede querer que una niña sufra y muera ahogándose, porque ella se asfixiaba. Por eso no creo en Dios». Todo el mal lo produce el mundo en que vivimos, no el Señor. Estuve hablando con ella de la misericordia de Dios y después me pidió si podía comulgar. Le dije que el Señor le estaba esperando. Es un error pensar que el mal lo permite Dios. Dios no permite las cosas malas. Él quiere un mundo nuevo, no de sufrimiento. El siempre nos ama y tiene compasión, aún cuando el sufrimiento venga de nuestros pecados.

Había una señora que hablaba mucho de otras personas. Era una criticona, pero ella no se daba cuenta. Iba a tomar café con otras personas y cuando ella llegaba y se sentaba, los demás se levantavan hasta dejarla sola. Ella me lo contó y yo le expliqué: «esto te pasa como consecuencia de tus habladurías. Llevas sobre ti una nube de polvo y esto está causando sufrimiento». El Srembrandt-hijo-prodigo.jpgeñor quiere liberarla de este sufrimiento. Si nosotros criticamos a otras personas entramos en un circulo vicioso. Dios quiere liberarnos porque nos ama de verdad. Solo el bien viene de la voluntad de Dios.

Un día me vino a ver una señora furiosa contra Dios y contra gente del grupo de oración de la Iglesia Católica al que acudía. Ella tuvo una niña con síndrome de Down. Una persona del grupo le dijo: «esto te lo ha mandado Dios, porque eres tan buena que la cuidarás bien y darás ejemplo a otras personas». Yo tuve que explicarle que esa persona estaba equivocada y que el Señor la quería tanto a ella como a sus hijos y a esa niña con síndrome de Down.

Jesús ante la puerta del templo de Jerusalén se lamentaba diciendo: Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, cuantas veces he intentado reunir tus hijos como la gallina recoge a sus polluelos.(San Lucas 13, 34-35)

Esta lectura del Evangelio nos demuestra el amor que tenía sobre Jerusalén y ellos rechazaron el bien y Él lloró. El no quería el sufrimiento de Jerusalén.Fueron sus habitantes los que optaron por el mal.

Dios es un Dios que está con nosotros y solo quiere vida para cada persona. El de ninguna manera quiere el pecado, pero lo toma y lo transforma para nuestro bien.