Fernando Rivera y Mercedes González de Quevedo, padres de tres hijos: «El Señor está en nuestra vida y es la llave para ser Feliz. Es muy importante hablar de Dios en la familia»

* «El antídoto para equivocarse lo menos posible, es mucho pensar, compartir en el matrimonio y poner nuestras mejores intenciones en manos de Dios y dejarnos hacer por Él… La fe, es la causante de que acojamos el proyecto de Dios en nuestro corazón, es la que nos impulsa para que lo demos a conocer en la familia, y desde ella al cole, al trabajo, a nuestras amistades, a nuestra vida social,… es a través de ella desde donde se favorece la paz, el crecimiento y la felicidad…  La trasmisión de la fe a nuestros hijos es una misión a la que estamos llamados por nuestra vocación matrimonial. Esta misión apasionante, difícilmente podemos llevarla a cabo, si antes no tenemos conciencia de la presencia del Señor en nuestra vida, si no reconocemos que está en nosotros la llave para ser Feliz. Es desde ahí, desde la perseverancia en nuestro proceso de conversión, desde donde podemos acompañar de forma respetuosa el proceso de conversión de nuestros hijos. En nuestro matrimonio entendimos la importancia de: Estar, hablar de Dios, de la Iglesia con nuestros hijos, de vivir juntos el Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y acompañarlos en su caminar»

Camino Católico.-  Fernando Rivera y Mercedes González de Quevedo, padres de tres hijos, de 26, 23 y 20, pertenecen a la parroquia de Santa Teresa de Córdoba, y se casaron el 25 de septiembre de 1992 en la Capilla de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús de Córdoba. Fernando y Mercedes hablan de su experiencia de fe familiar y dan testimonio de su relación con Dios, centro de su convivencia en entrevista para la Diócesis de Córdoba.

– ¿Cuáles son los pilares de vuestra convivencia familiar?    

– La convivencia en la familia, como arte de vivir en compañía, cuenta con diferentes pilares que sustentan a ese grupo de personas que conviven en torno o no a un proyecto común. Cuando la convivencia en familia responde a la vocación del matrimonio cristiano, como es nuestro caso, esos pilares tienen que sustentar un proyecto de vida en común en base a la propia familia, es en esta en donde cada uno de sus miembros vamos descubriendo que la familia es un terreno donde aprendemos a conocer, a hacer, a ser, a vivir juntos, a equivocarnos, a rectificar, a enfadarnos, a perdonar y también y sobre todo aprendemos a orar, o como dicen nuestros hijos, es en donde la comunicación, la sinceridad, el sentido de protección fraternal, la dedicación a convivir y amar entre nosotros, nos une y nos facilita crecer como persona y madurar nuestra dimensión espiritual.

– ¿Qué resulta más complicado en la educación de los hijos en este momento social?

– Para educar, todos sabemos que no hay un manual infalible, lo que nos coloca en una situación de tener que aprender haciendo, en ocasiones a base de equivocarnos. El antídoto para equivocarse lo menos posible, en nuestro caso al menos, es mucho pensar, compartir en el matrimonio y poner nuestras mejores intenciones en manos de Dios y dejarnos hacer por Él.

Cuando en casa hablamos de la educación, por lo general nuestros hijos nos trasmiten cuestiones, circunstancias, incertidumbres, necesidades… que, salvando las distancias, son muy parecidas en lo esencial, a las que tuvimos nosotros a su edad. Si nuestros padres nos tuvieron que educar para vivir en un mundo cambiante en transición de lo analógico a lo digital y de lo religioso a lo pagano, ahora, con mejores herramientas pero con una sociedad más diversa y plural, nuestro reto es preparar a nuestros hijos para vivir en un mundo global con graves desigualdades y contradicciones, con retos medioambientales y con un gran desapego a todo lo que tenga que ver con la religión, que se traduce en una crisis de fe.

¿Y que encierra el hecho de prepararlos?, básicamente es presentarles instrumentos sólidos, consistentes, útiles, morales, espirituales… que les puedan servir en cualquier momento y circunstancia de la vida para dar respuesta desde una perspectiva cristiana a su mundo, esto es, ser luz, sal y fermento. Son en momentos como los actuales, en donde las familias cristianas estamos llamados a prepararnos para ser laicos conscientes de nuestra responsabilidad eclesial, en el convencimiento de que se puede estar en el mundo y ser creyente y plenamente feliz, y mejor aún, hacer felices a los demás.

Nuestros hijos nos dicen que lo más complicado es prepararse para tener criterio y poder discernir ante las tendencias sociales, culturales y económicas actuales, en donde para nada se favorece los valores cristianos, lo describen como “nadar contra corriente”. Esa sensación, la empiezan a intuir en los últimos cursos del cole, se hace más patente en el instituto y se confirma en la universidad. Se requiere una especial atención por parte de los padres, porque para ellos se les hace muy cuesta arriba, de ahí que sea muy importante hablar de Dios en la familia, con toda la naturalidad.

– ¿Qué instrumentos tiene la familia de hoy para manifestarse cristiana?

– Pensamos que el instrumento que tiene la familia de hoy para manifestarse cristiana, es el mismo que el de hace 2020 años, y este instrumento no es otro que la vivencia de nuestra fe en todo momento, en todo lugar.  Es desde ella entre otras cosas, la que nos capacita para trabajar con realismo y sentido de la responsabilidad en la construcción de la “civilización del amor”.

La fe, es la causante de que acojamos el proyecto de Dios en nuestro corazón, es la que nos impulsa para que lo demos a conocer en la familia, y desde ella al cole, al trabajo, a nuestras amistades, a nuestra vida social,… es a través de ella desde donde se favorece la paz, el crecimiento y la felicidad.

Nuestros hijos, dicen que esto está muy bien, pero que “solos es complicado, que es necesario que la familia participe de la vida comunitaria, en la Parroquia preferentemente, en los movimientos y asociaciones de Iglesia, siendo consecuentes y coherentes, esto es, predicando con el ejemplo”. No se trata de hacer una simple actividad o acción humana puntual, nuestro compromiso con la sociedad no es una opción, sino una obligación, un modo de ser y existir que nos ayuda a conocer y meditar sobre los retos actuales.

– La transmisión de la fe a los hijos es un reto para todos, ¿cómo lo hacéis vosotros?

– Ciertamente, la trasmisión de la fe a nuestros hijos es una misión a la que estamos llamados por nuestra vocación matrimonial. Esta misión apasionante, difícilmente podemos llevarla a cabo, si antes no tenemos conciencia de la presencia del Señor en nuestra vida, si no reconocemos que está en nosotros la llave para ser Feliz. Es desde ahí, desde la perseverancia en nuestro proceso de conversión, desde donde podemos acompañar de forma respetuosa el proceso de conversión de nuestros hijos.

En nuestro matrimonio entendimos la importancia de: Estar, hablar de Dios, de la Iglesia con nuestros hijos, de vivir juntos el Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y acompañarlos en su caminar.

Los padres nos deshacemos por estar con nuestros hijos en las diferentes actividades que realizan, los llevamos, los traemos. Nosotros pasamos por una época en la que todas las tardes desplegábamos una compleja logística para poder estar en natación, la academia, el conservatorio,… lo que fuese necesario para que su formación humana sea la mejor posible, y no hablemos de los cumples, ferias, carnavales… De igual forma, dimos, damos, atención preferente a su formación espiritual, catequesis, grupos de jóvenes, coro, y actualmente otras actividades encaminadas a dar atención a los más desfavorecidos.

Si pretendemos el crecimiento espiritual de nuestros hijos, el rezar, el hablar de las cosas de Dios, de nuestra Iglesia, con ellos es clave, y hacerlo con claridad, con cercanía, de forma que puedan encontrar y dar respuestas al mundo en el que viven.

Por último, acompañarlos. Esto ha supuesto emprender un camino respetuoso con sus procesos de maduración y con sus decisiones, esto sí que es exigente para nosotros como padres, pero de ello también se aprende.

– ¿Cuál es vuestra parroquia?, habladnos de vuestra vida en comunidad.

– Nuestra Parroquia es Santa Teresa, en Córdoba. En ella desarrollamos buena parte de nuestra vida comunitaria que compartimos con el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, voluntariado en Cáritas Diocesana y alguna parroquia sevillana a la que por motivos de estudios dos de nuestros hijos acuden.

En nuestra parroquia de Santa Teresa, nuestros hijos participan activamente en el coro joven que acompaña la misa dominical de 12h., también participan en los GPS (Grupos Para el Sínodo). Desde el grupo de jóvenes de la Parroquia, también colaboran con Cáritas Parroquial, organizando la operación vuelta al cole, o en las diferentes operaciones kilo que desde Santa Teresa se organizan.

En lo que respecta a nosotros, los padres, en 2015 iniciamos el proyecto de “Familias de Santa Teresa”, proyecto orientado a crear espacios de formación para las familias, en donde se organizan sesiones con especialistas para tratar temas de interés para padres, hijos, abuelos… También participamos de los “Farolillos” que es el grupo de acogida de Santa Teresa/ Movimiento de Cursillo de Cristiandad, en donde se intenta vivir el sentido comunitario entre sus miembros. Es lugar de oración, de formación y de desarrollo de diferentes acciones tanto para la Parroquia como para fuera de ella. Por último participamos en la organización del “Torneo de Pádel” que se celebra con motivo de recaudar fondos para Cáritas Parroquial.

– ¿Cómo imagináis la Iglesia del futuro?

Es curioso, pero los cinco coincidimos en vaticinar una Iglesia más pequeña, más reducida en número de sus miembros, con menos cristianos, con más necesidades de vocaciones y por tanto de sacerdotes y de personas de vida consagrada.

También coincidimos, en pensar que si bien seremos menos, también estaremos mejor formados y más comprometidos, laicos maduros, conscientes de la responsabilidad histórica en el fortalecimiento ético, político y cultural de nuestra sociedad, sociedad que sin saberlo, necesita de nuestras convicciones que lejos de ser irracionales o arbitrarias por el hecho de ser “religiosas”, proporcionan sentido y esperanza a la “racionalidad” de nuestras vidas.

– ¿Un momento de vuestra historia familiar?

– Tres viajes que nos marcaron y un acontecimiento que nos unió mucho: Camino de Santiago 2011, JMJ de Polonia 2016, Viaje a Tierra Santa 2018 y la semana del fallecimiento de la abuela Carmen.

– ¿Qué actividad que comparte la familia en su tiempo libre? 

– Viajar todos juntos y salir al campo siempre que es posible.

– ¿Qué cosas no dejáis de hacer juntos cada día? 

– Durante el curso es complicado porque durante la semana estamos separados. Pero los fines de semanas y las vacaciones procuramos estar en el almuerzo y cena, todos juntos.

– ¿Qué lugar ocupan los abuelos en casa?

– Un lugar preferente, se visitan todos los días, hay mucho que aprender de ellos y es ahora el momento de cuidarlos, de devolverles algo de lo mucho que han dado.

– ¿Rezáis por algún sacerdote?

– Si, por supuesto, diariamente. Son un bien escaso y hay que tenerlos presentes en nuestras oraciones.


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