Francisco Saorín Guillamón retrasó su respuesta al llamado de Dios y se alejó de Él, pero soy sacerdote: «Sentí que el Señor me decía: ‘te quiero para que te entregues por mí’»

* «En el año 2012 decido hacer el cursillo de Cristiandad con un equipo maravilloso, el cursillo 978, poniéndome en las manos del Señor, que ha sido el que ha llevado los hilos de esta historia. Fue un encuentro tremendo con Jesucristo, un derramar lágrimas y preguntarme qué había hecho hasta ahora con mi vida… Trabajando con los más pobres es donde cada día veo que el Señor pedía algo más de mí, llegando a descubrir que lo que quería era, lo que resonaba en mi corazón desde niño, ser Sacerdote»

Camino Católico.- Francisco Saorín Guillamón, de 43 años, ha sido ordenado sacerdote el domingo 18 de septiembre por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, en Archena, Murcia, pueblo en el que nació el 15 de Febrero de 1979, en el seno de una familia Cristiana. La fe le llegó a Francisco “a la temprana edad de 6 años cuando tuve mis primeros acercamientos a la iglesia de la mano de mi abuela paterna, mi madre y hermana, las cuales en esos años, comenzaron su andadura en el movimiento de los Focolares, movimiento al cual me incorpore yo, tras mi primera comunión a la edad de 8 años, y que dejé poco después, ya que me incorpore a distintas realidades de mí parroquia, así como a la cofradía del Santísimo Cristo del Monte Calvario y poco después también a la hermandad del Cristo Resucitado”, explica él mismo en su testimonio vocacional en el Seminario Conciliar de Murcia.

Francisco Saorín Guillamón, en el centro de la imagen en la primera fila, después de ser ordenado sacerdote,

Encuentro con Dios en la primera comunión y monaguillo

Una vida familiar siempre muy vinculada a la Iglesia participando en distintas realidades de su parroquia en Archena. De su infancia guarda muy buenos recuerdos: “Al mismo tiempo mi encuentro con Dios fue a través de la Eucaristía en mi primera comunión, así como mi acercamiento como monaguillo durante unos 13 años. Años en los cuales se hizo muy presente en mí la figura del Sacerdote de la mano de tres grandes sacerdotes, dos párrocos de San Juan Bautista (mi parroquia) que son Don Francisco Sánchez Abellán cariñosamente llamado Paco y Don Cristóbal Guerrero Ros y un sacerdote hijo del pueblo que venía los fines de semana llamado don Antonio López Baeza. Tres grandes sacerdotes incansables en promover en mí la vocación y hacer que me enamorase cada día más del Señor a través de su ejemplo de Vida.

 “Y así fue discurriendo en mi vida el amor de Dios”, recuerda Francisco, sobre cómo fue descubriendo su vocación con el acompañamiento de tres sacerdotes. Durante ese tiempo, uno de los sacerdotes se acercó en varias ocasiones a su casa para invitarle a participar en los encuentros y convivencias que organizaba el seminario. Tenía claro que el Señor le llamaba al sacerdocio, pero, “por circunstancias familiares” retrasó su entrada al seminario. A pesar de todo, la Iglesia seguía siendo para él un lugar de encuentro con Dios y su refugio. Con el ejemplo de vida de los sacerdotes se enamoraba cada día más del Señor».

Francisco Saorín Guillamón, el primero por la derecha ,con sus compañeros, que también fueron ordenados diáconos como él por el obispo de Cartagena Mons. José Manuel Lorca Planes, el 6 de marzo de 2022

Alejamiento de la Iglesia y de Jesucristo

«Tras la adolescencia siguió vinculado a la Semana Santa de su pueblo perteneciendo a dos cofradías y “viviendo con intensidad la Cuaresma, el Triduo Pascual y celebrando la Resurrección” pero, con la vorágine del día a día, cada vez frecuentaba menos la parroquia y se alejó de Jesucristo: “Abandono un poco la iglesia por motivos de trabajo, pero son años que me hacen mundanizarme cada día más y alejarme de Jesucristo”.

Empresario en el sector del mueble y la decoración, con una vida plena en la que aparentemente lo tenía todo, se dio cuenta de que le faltaba algo: “Y ese algo que faltaba era Cristo, que lo había perdido con el paso de los años”. Francisco pudo “recuperar al Señor años más tarde. Por la crisis económica, no van las cosas como deberían, hasta que oigo hablar de los Cursillos de Cristiandad y de lo inmensamente feliz que es la gente, felicidad que yo no tenía desde que me aparte de Dios y que llenaba  mi vida de cosas vanas y perecederas. Me despertó ver la alegría inmensa de mucha gente que se había convertido al tener ese encuentro, personas de mi parroquia que yo conocía y veía en ellas la felicidad con la que salían».

Cursillos de Cristiandad, trabajo con lo más pobres y retiro que lo llevan al sacerdocio

«Decido un día acercarme a ver al responsable de Cursillos en mi pueblo más conocido por Mariano el peluquero y de la mano de él hablo con el nuevo sacerdote recién llegado a mi pueblo don Alfonso Alburquerque García. En el año 2012 decido hacer el cursillo de Cristiandad con un equipo maravilloso, el cursillo 978, poniéndome en las manos del Señor, que ha sido el que ha llevado los hilos de esta historia. Fue un encuentro tremendo con Jesucristo, un derramar lágrimas y preguntarme qué había hecho hasta ahora con mi vida; a partir de aquí me surgieron cosas muy llamativas,

Francisco Saorín Guillamón

Entró en el movimiento de Cursillos en la escuela de Murcia y más tarde en el secretariado, acercando a gente a cursillos. Allí se me es propone trabajar en Caritas Diocesana, llegando a tener un cargo de responsabilidad al lado de los más necesitados”.

Ante todo lo que se le planteaba laboralmente, él siempre formulaba la misma pregunta: “Señor, ¿qué es lo que quieres de mí?”. Francisco dejó todo lo relacionado con el trabajo anterior de los muebles y se dedicó en exclusiva a esta nueva misión y “trabajando con los más pobres es donde cada día veo que el Señor pedía algo más de mí, llegando a descubrir que lo que quería era, lo que resonaba en mi corazón desde niño, ser Sacerdote”.

En verano, desde hace unos años, Francisco suele hacer un retiro espiritual en el monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia). Una mañana, temprano, en la Eucaristía, mientras iba en la fila para comulgar comenzó a derramar lágrimas: “Sentí la llamada fuerte, en la que el Señor me decía: ‘Te quiero para que te entregues por mí, para partirte y repartirte, entregarte al mundo’”.

A pesar de la intensidad de esa apelación, dispuso llevar esa decisión a la oración y siguió trabajando junto a los pobres, descubriendo “el rostro misericordioso de Dios”. Años más tarde su párroco le acompañó al seminario para hablar con el rector. Explica Francisco que todo se fue dando paso a paso, con el respeto y el tiempo suficiente para tomar una decisión de tal envergadura. Su etapa en el seminario ha sido “un encanto”, destacando el estilo de vida reglada. Reconoce haber disfrutado su periodo como diácono sirviendo en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Bullas, “un pueblo de fe y muy mariano; una comunidad viva con la que compartir”.

A lo largo de su vida, se ha dado cuenta de que lo único que le ha pedido el Señor es el lema que ha escogido para su ordenación sacerdotal: «Permanecer en mi amor» (Jn 15,9). Francisco Saorín Guillamón recibirá el sacramento del Orden este próximo domingo, 18 de septiembre, a las 20:00 horas, en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Archena de la Diócesis de Cartagena.


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