Francisco Xavier Gutiérrez, 33 años, será cura: «Cuando descubrí a Dios encontré la paz pero, cuando empecé a plantearme la cuestión vocacional, encontré la plenitud»

* «Dios es un gran iconoclasta, nos recuerda C.S. Lewis. Esto quiere decir que va destruyendo toda imagen que nos hacemos de Él. Siempre que me siento cómodo con la imagen de Dios que he alcanzado, su Amor lo transforma todo. Dios no se deja encasillar. Por eso elegí como frase para mi ordenación aquello del Apocalipsis 21, 5: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Dios es más grande que cualquier crisis que podamos vivir. Los jóvenes buscan lo mismo que buscamos, hemos buscado y buscaremos todos los seres humanos: Dios. estoy convencido de que la vida espiritual se resume en lo siguiente: Ver a Dios en todo y ver todo desde Dios»

Camino Católico.- Se llama Francisco Xavier Gutiérrez, tiene 33 años, es diácono legionario de Cristo y será ordenado sacerdote el 11 de septiembre en su tierra, en Guadalajara, México. Ha pasado el último año en la Universidad Francisco de Vitoria como capellán de la Facultad de Comunicación, preparando su doctorado en Filosofía del Videojuego y apoyando en la sección de Jóvenes del Regnum Christi de Madrid, en cuya página web es entrevistado y cuenta su testimonio de conversión y vocación. Conversar con él es todo un placer y una diversión: lo mismo te cuenta lo que sufrió alguna exnovia cuando se metió al seminario que te suelta algo sobre los filósofos daneses y la hipertextualidad lúdica en relación con las narrativas emergentes del videojuego… Nos quedamos con algunas cargas de profundidad: “Para la oración, al inicio necesitaba métodos y todo tipo de ayudas. Ahora, mi oración es serena, simple, silenciosa”. O quizá esta aún más brillante: “Conocí el Reino por mi hermano menor que ingresó a la apostólica: su valentía desató la conversión de mi familia”.

El P. Francisco Xavier, el día de su ordenación diaconal con sus padres y su hermano

– ¿Qué signos le llevaron a reconocer su vocación al sacerdocio?

– Creo que, sobre todo, un corazón inquieto. Nada me llenaba. Cuando descubrí a Dios encontré la paz pero, cuando empecé a plantearme la cuestión vocacional, encontré la plenitud. Fue un vértigo tremendo. De hecho, fui a siete convivencias vocacionales… digamos que me lo pensé mucho.

– ¿Cómo acogió su entorno la noticia? ¿Y ahora, cómo viven tu vocación?

– Mi madre feliz. Mi padre también, pero preocupado porque veía que se quedaba sin nietos (mi único hermano estaba en la apostólica). Mis amigos ni se enteraron. La mayoría eran ateos, les dije que iba a probar una beca de atletismo. Mi exnovia de aquel momento no era católica, así es que se sintió muy traicionada. Hoy por hoy, mis amigos siguen sin enterarse, pero están felices de verme feliz. Mis exnovias están todas casadas y varias me escriben para pedirme consejos espirituales. Mi hermano salió del seminario después de tres años.

– ¿Cómo ha cambiado su relación con Dios desde que entró en el seminario hasta ahora?

– Dios es un gran iconoclasta, nos recuerda C.S. Lewis. Esto quiere decir que va destruyendo toda imagen que nos hacemos de Él. Siempre que me siento cómodo con la imagen de Dios que he alcanzado, su Amor lo transforma todo. Dios no se deja encasillar. Por eso elegí como frase para mi ordenación aquello del Apocalipsis 21, 5: “Yo hago nuevas todas las cosas”.

– ¿Y la oración? ¿Cómo ha cambiado su forma de rezar hasta día de hoy?

– Va muy de la mano con la anterior. Se trata de una constante renovación que me ha llevado siempre a una mayor simplicidad. Al inicio necesitaba de métodos y todo tipo de ayudas. Ahora, mi oración es serena, simple, silenciosa. Al final, estoy convencido de que la vida espiritual se resume en lo siguiente: Ver a Dios en todo y ver todo desde Dios.

Francisco Xavier con jóvenes del Regnum Christi, en el noviciado de Madrid

– Respecto a este tiempo de diaconado, ¿cómo lo está viviendo? ¿Qué palabra de Dios ha recibido?

– El diaconado es una etapa muy curiosa. Para mí, ha sido sobre todo de purificación. Me siento como león enjaulado. No sólo porque ya quiero pasar horas en el confesionario, sino porque el COVID ha limitado mucho nuestra actividad. Pero todo esto me ha servido para centrarme en Dios y encontrar paz en lo poco que puedo hacer. En pocas palabras, el diaconado ha consistido en “Soltar en control y dejarse amar”.

– Durante este tiempo hasta hoy, ¿ha encontrado nuevas ‘reconfirmaciones’ de su vocación?

– Claro que sí. No sólo la confirmación del día a día, sino también detrás de cada crisis. Tres veces he estado a punto de dejarlo todo. No entraré en detalles, pero les doy unas pistas: cuando salió todo lo de Marcial Maciel, cuando vi fotos de mis exnovias con bebés y cuando estaba a punto de ser ordenado diácono y no me sentía digno ni preparado. Detrás de cada crisis, he salido renovado en mi vocación y Dios me ha regalado una convicción profunda de cada una.

El entonces Hermano Francisco Xavier en su época de prácticas apostólicas

– ¿Cómo ha visto a Dios como capellán a través de los universitarios?

– Me resulta relativamente natural ver a Dios en todo. Me emociona mucho ver a tantos jóvenes en un período clave de sus vidas. Tomando grandes decisiones, formando al hombre o mujer que Dios quiere que sean. Algunos dicen que la juventud está muerta, pero eso no es verdad. Lo que pasa es que algunos están dormidos. Basta con no olvidar que Dios también habla en los sueños. Dios es más grande que cualquier crisis que podamos vivir. Los jóvenes buscan lo mismo que buscamos, hemos buscado y buscaremos todos los seres humanos: Dios.

– ¿Cómo se presenta el nuevo curso? ¿Qué le pide a Dios y a la Iglesia?

– Lleno de retos y momentos de aprendizaje. Mis primeros años de sacerdocio serán clave para encontrar lo que Dios quiere de mí. Estoy muy emocionado y motivado. Sigo siendo un desastre, pero eso sólo permite a Dios brillar más. Le pido a Dios que no deje de consentirnos y a la Iglesia que no tenga miedo. Dios es Amor y el Amor es más fuerte que la muerte.


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