Gabi Ramos, catequista: «Enfermé de leucemia y mi oración cambió. Antes hacía peticiones y ahora digo: ‘Señor, gracias por un día más de vida. ¿Qué quieres que haga por ti?’»

* «Desde que enfermé de leucemia en junio de 2015, cada verano es un regalo. De hecho, cada día es un trocito de vida extra que me regala el Señor. Nunca sabes si es el último Para mí, meditar el mensaje de Jesús desde la calma y el sosiego de las vacaciones me retrotrae a mi habitación de aislamiento durante mi tratamiento de la leucemia. Allí, sin las interferencias de la vida diaria, apreciaba con nitidez desde el corazón el mensaje de Jesús en el Evangelio, a pesar de encontrarme en una situación a vida o muerte por el cáncer. Por eso, la tranquilidad de las vacaciones la podemos utilizar para contemplar en perspectiva si verdaderamente es Jesús quien lleva las riendas de nuestra vida»

Camino Católico.- Gabi Ramos es monitor de cursos prematrimoniales y catequista de padres de la parroquia de San Miguel en el Miramar en Málaga capital. Casado y con tres hijos, tenía 40 años cuando, en 2015, le detectaron leucemia y desde entonces vive «cada nuevo día como un regalo de 24 horas…  Lo que sí cambió desde que enfermé fue mi forma de rezar. Antes, mi oración era una lista de peticiones y preocupaciones para las que deseaba respuestas inmediatas. Ahora, mi oración siempre comienza así: «Señor, gracias por un día más de vida. ¿Qué quieres que haga por ti?». Entonces, mis oídos se abren para escucharle», explica a Beatriz Lafuente en Diócesis de Málaga.

– ¿Cómo pasas el verano?

– Desde que enfermé de leucemia en junio de 2015, cada verano es un regalo. De hecho, cada día es un trocito de vida extra que me regala el Señor. Nunca sabes si es el último. Esta incertidumbre no se traduce en vivir el verano «agobiado» o «tensionado» por hacer muchas cosas, o cosas muy especiales. Al contrario. Intento aprovechar las vacaciones para disfrutar de «los básicos». Los baños en la playa y los juegos con mis hijos. La contemplación de la naturaleza, en especial del mar. Compartir un plato de pescado frito o un espeto de sardinas con la familia. La lectura de un buen libro. Y, si es posible, realizar algún viaje para recordar mis tiempos de ingeniero en activo (en los que estaba fuera de casa más de 100 días al año) y poder enseñar a mis hijos la riqueza de otras culturas.

– ¿Qué consejo nos darías para vivir un verano cristianamente? Para no alejarnos de Dios aunque estemos de vacaciones.

– Para mi esposa Reme y para mí es esencial asistir junto a nuestros hijos a misa los domingos. A pesar de que las niñas ya son adolescentes y tienen sus propios planes, la eucaristía dominical es un momento de encuentro. Incluso cuando estamos de viaje lo hacemos así. Por otra parte, una buena práctica es la lectura diaria de la palabra. Normalmente nuestra oración diaria está llena de prisa, de agobios y de peticiones por lo inmediato. Para mí, meditar el mensaje de Jesús desde la calma y el sosiego de las vacaciones me retrotrae a mi habitación de aislamiento durante mi tratamiento de la leucemia. Allí, sin las interferencias de la vida diaria, apreciaba con nitidez desde el corazón el mensaje de Jesús en el Evangelio, a pesar de encontrarme en una situación a vida o muerte por el cáncer. Por eso, la tranquilidad de las vacaciones la podemos utilizar para contemplar en perspectiva si verdaderamente es Jesús quien lleva las riendas de nuestra vida.

Gabi Ramos

– ¿Haces alguna rutina de oración especial o lees algún libro que te ayude a rezar?

– Yo soy muy «fricky». Durante mi estresante vida laboral, me di cuenta que no rezaba lo suficiente. Entonces, como ingeniero de Telecomunicación, lo que hice fue buscar una aplicación en mi móvil que resolviese esas carencias, y salió «Rezando Voy». Después de enfermar la sigo utilizando cada día. Me hace mucho bien porque cierro los ojos y me sumerjo en la lectura del Evangelio. También utilizo para rezar las grabaciones de las canciones de mi Coro de la Parroquia San Miguel. Sobre todo en vacaciones, pues echo de menos nuestro encuentro semanal. A través de la música el alma se eleva al cielo.

Lo que sí cambió desde que enfermé fue mi forma de rezar. Antes, mi oración era una lista de peticiones y preocupaciones para las que deseaba respuestas inmediatas. Ahora, mi oración siempre comienza así: «Señor, gracias por un día más de vida. ¿Qué quieres que haga por ti?». Entonces, mis oídos se abren para escucharle.

– Y con los niños, ¿qué podemos hacer para que no se desconecten de la parroquia? ¿cómo podemos ayudarlos a que sigan cerca de Dios?

– Los campamentos de verano organizados en nuestra Parroquia son una magnífica herramienta. Permiten conectar las vacaciones, la fe y la diversión; tres aspectos muchas veces disociados entre sí. Que los niños y los adolescentes se puedan divertir con sus amigos del colegio o que conozcan nuevos amigos en un entorno donde se les habla de valores y del mensaje de Jesús rompe muchos esquemas. Los niños comprenden que la fe no es una parcela de unas pocas horas a la semana, sino que Jesús nos ofrece un estilo de vida 24/7, una forma auténtica y diferente de estar en el mundo.


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