Jonathan Gómez, seminarista de la Diócesis de Girona: “La vocación nace con una llamada que Dios nos hace… es un regalo”

“Es un proceso a seguir. Es preciso orar, pedir la ayuda a Dios. Pero, a la vez, tener el apoyo para dar el paso, para dar el sí definitivo, de la familia, los amigos y de los sacerdotes, los cuales nos ayudan, sin duda”

18 de marzo de 2012.- Jonathan Gómez tiene 19 años y es natural de Honduras, en la fotografía de la derecha de J. Sabater. Desde hace tres años, estudia en el seminario de Girona, donde realiza el curso introductorio. Los fines de semana colabora en las parroquias de Vilobí d’Onyar, Salitja, Sant Dalmai y Brunyola. Estudia primero de bachillerato en la escuela Vedruna. El Punt Avui + le entrevista entorno a su testimonio vocacional.

-¿Sorprende tu catalán?

-Sí. Hace tres años que vivo aquí, he tenido que estudiar mucho y supongo que por eso, el día a día y la relación que tengo con la diócesis, hace que lo hable bien. Gracias.

-¿Cómo decidiste ser seminarista?

-La vocación nace con una llamada que Dios nos hace.

-¿Como el evangelio explica de los apóstoles?

-Sí, Dios llamó a los doce y les dijo «venid conmigo». Los apóstoles le siguieron. Seguramente no se pensaron mucho en seguirlo. Pedro, que estaba junto al mar, dejó la red y lo siguió.

-¿Lo ves como un regalo?

-Sí, es un regalo de Dios. Tenemos que pensar que él nos conoce desde antes de nacer. Esta es una llamada interior, que todos llevamos dentro y vamos pensando.

-¿Cómo fue este proceso? ¿Tuviste alguna duda?

-Por supuesto. Es un proceso a seguir. Es preciso orar, pedir la ayuda a Dios. Pero, a la vez, tener el apoyo para dar el paso, para dar el sí definitivo, de la familia, los amigos y de los sacerdotes, los cuales nos ayudan, sin duda.

-Hace tres años que estás en el seminario. Una vez te ordene ¿Cual es, cual será, tu objetivo?

-Mi objetivo es compartir mi fe con los demás, con el conjunto de la sociedad, con la parroquia donde esté. Soy consciente, sin embargo, que nos encontramos en unos momentos en que parece que ir a misa es ir contracorriente. Pienso que hay que animar a la gente y acompañarlos. La misión del sacerdote es servir a los demás, no sólo hacer las misas sino hacer que la parroquia tenga un gran papel en este proceso.

-Habiendo tan pocos curas, tendrás trabajo.

-Soy muy consciente de ello. No nos tenemos que quedar con lo que los tiempos de antes eran los mejores, no; los tiempos de ahora también son de Dios.

-¿Es necesaria una transformación?

-Sí, hay una transformación, que ya se está haciendo. Los diáconos, los presbíteros, los catequistas y los laicos ya están ayudando en este trabajo.

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