La familia Kilmer, 11 hijos, el mayor de 12 años: «Es Dios quien provee»

18 de agosto de 2011.- Larry Kilmer tiene 53 años y es profesor de instituto. Jen, su mujer, tiene 45 y es ama de casa. Se conocieron en 1994 y se casaron tres años después. Ambos compartían una fe católica intensamente vividay desde el principio decidieron que aceptarían «los hijos que Dios enviase«. Ella tiene siete hermanos y siempre había querido tener muchos hijos, él es adoptado y con una única hermana, y tenía ideas preconcebidas al respecto.

 

(Religión en Libertad) Pero el caso es que han sumado once, con el mayor de doce años y sin haber tenido ningún parto múltiple. El Washington Post acaba de interesarse por su historia, porque viven en la capital de Estados Unidos. Y viven bien. «Caóticamente», pero felices: «Nos reímos un montón», dice Jen. Y, cuando le preguntan cómo hace para tener tiempo para sí misma, lo tiene muy claro: «En la vida hay algo más que uno mismo«.

En su caso, se llaman Christina, Joe, Michelle, Julie, Tommy, Steven, Matthew, John Paul, Larry, Rosemary y Peter. «No todos pueden presumir de componer un equipo de fútbol familiar en pocos minutos», bromea.

Jen es, sin duda, el sostén de la casa. Se levanta a las cinco de la mañana, lo prepara todo, y asiste a misa a las seis y media. Cuando termina, Larry lleva a los hijos mayores al colegio. A partir de ahí comienza para ella la rutina familiar con los más pequeños, que incluye las comidas, las cuatro o cinco lavadoras que pone al día, las compras, etc. Y luego viene el momento más complicado: la recogida en el colegio y la ayuda a los deberes de los niños. Es cuando Jen confiesa que a veces pierde la paciencia, y antes de estallar sale a la parte de atrás y se sienta unos minutos en el porche: «A veces necesitas un momento de paz«.

A las 19.30 cenan todos juntos, en una gran mesa que les regalaron, y a las 21.00 están todos en la cama. Ha pasado un día más… y empieza la preparación de la siguiente jornada. Su problema mayor son las enfermedades («cuando entra un virus en la casa, puede tardar un mes en salir«) y, obviamente, el dinero, cuya escasez compensan con la ayuda espontánea de familiares, amigos y vecinos, que les pasan, por ejemplo, ropa o muebles viejos. 

No pueden hacer muchos planes de futuro, pero sí saben lo que quieren para los suyos: los Kilmer están haciendo el esfuerzo de pagar a sus hijos una escuela católica. Y confiesa que lo peor fueron los siete primeros años, cuando no podía delegar, como hace ahora, alguna tareas en los hijos mayores. Para todo lo demás… «de alguna forma, es Dios quien provee«, dice Jen. 

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