La mexicana Sara Guadalupe Fuentes García curada milagrosamente de un tumor de garganta por intercesión del beato Juan Pablo II

Ella comenzó a orar intensamente días antes que llegaran a México las reliquias del Papa peregrino y colocaba una imagen del Papa en su pecho y su garganta, para pedir que intercediera por ella

El pólipo desapareció de forma repentina antes de ser operada

20 de octubre de 2011.- (Camino Católico) Cuando iba a iniciarse la visita de las reliquias del beato Juan Pablo II a México una familia de Mérida, Arquidiócesisde Yucatán,  recibió la bendición de lo que califican como un milagro. En una semana, Sara Guadalupe Fuentes García sanó de un pólipo o tumor que obstruía el 80 por ciento de su garganta y requería de una cirugía urgente, al pedir con fe la intercesión del beato Juan Pablo II para recuperar su salud.

En los próximos días se iniciará el estudio de este milagro según ha confirmado el P. Jorge Oscar Herrera Vargas, portavoz de la Arquidiócesis de Yucatán, quien informó que será un juzgado eclesiástico del Estado el que se encargará de reunir los documentos que serán enviados al representante del Vaticano, Monseñor Slawomir Oder, postulador de la canonización del Papa Wojtyla, para que determine si formará parte de la propuesta de canonización. La razón para hacer el estudio del milagro es que elcaso está documentado desde el diagnóstico hasta el resultado.

 Loraine Rubio Harrison de Rodríguez ha comentado que ella fue testigo del sufrimiento, fue partícipe en las oraciones y estuvo pendiente de la recuperación de Sara Guadalupe Fuentes García, por lo que apoyó a la familia en la documentación del caso para informarlo a la Arquidiócesis de Yucatán.

La historia de Sara comenzó el 20 de agosto, cuando a través de un examen médico le detectaron el pólipo. Tras las molestias y dolencias, el especialista le dijo que era necesaria una intervención para extraer el tumor; fue entonces cuando decidieron ir al Seguro Social y le programaron la cirugía para el 28 de septiembre, en calidad de urgente. Tres días antes, la cámara endoscópica del nosocomio se quemó y el día que le tocaba entrar a quirófano, le informaron que se canceló y se aplazó para el 30 de septiembre.

Ante esta situación y la desesperación de la familia, por querer que la  Sara sanara, tomaron la decisión de que se practicara la cirugía en una clínica particular. Para este fin, la tarde del 28 de septiembre acudieron a otro especialista, quien vio el expediente y dijo que en efecto requería de la intervención, pero necesitaba una endoscopía para verificar si debía ser entubada (traqueostomía). En ese proceso, el médico sorprendido les dio la noticia que les cambió la vida.

«Les tengo dos noticias una buena y una mala, me dijo, la mala es que yo no la voy a operar y la buena es que se salvó señora no tiene nada, entonces me puse a llorar, luego nos puso el vídeo; yo ni podía verlo, mi esposo lo vio y ya no había nada, el pólipo no estaba», comentó Sara.

Ante la situación la familia pidió una explicación. El doctor dijo que como persona estaba frente a algo inexplicable y que la mano de Dios estaba presente, pero como doctor que no encontraba una causa precisa que respondiera a la pregunta de cómo en una semana desapareció el pólipo de su garganta, sin cirugía ni tratamiento especial.

Sara, conmovida, comentó que desde el fin de semana anterior a la llegada de las reliquias ella comenzó a orar intensamente y colocaba una imagen del Papa en su pecho y su garganta, para pedir que intercediera por ella, sin embargo estaba consciente de que la cirugía era peligrosa y las complicaciones podrían ser fatales. No perdió la fe y con fervor oró, mientras su comunidad ponía en manos de Dios su enfermedad y dos días antes de la visita del Papa viajero su garganta se libró del tumor. Para dar gracias visitó las reliquias en la Iglesia Catedral y los próximos días le harán nuevos estudios para dar seguimiento a su caso.

Sara cuando le dieron la noticia de su diagnóstico fue a ver a su guía espiritual el padre Fernando Castro Andrade, porque tenía miedo que su vida terminara por el tumor. El sacerdote le dijo que su misión no había terminado, le aconsejó que se encomendara a Dios, la Virgen María y al Papa Juan Pablo II. El lunes 26 de septiembre lo fue a ver para confesarse, la ungiera y le diera la comunión, esto antes de su fecha de operación.

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