Los peregrinos cuentan qué se llevan a casa, después de la Jornada Mundial de la Juventud: Y la mochila se llenó de futuro

* Marie (República Checa): Y entendí que el gran abrazo de Jesús y sus palabras de apoyo: Sígueme; estoy contigo, son para todos, yo incluida”

* Tatiane y Felipe (Brasil): Queremos decir al mundo que es posible tener un amor centrado en Cristo; que en una pareja, uno puede amar al otro como amaba Jesús”

* Leo Lee (China): Ha sido muy importante ver la unidad de la Iglesia, porque en Hong Kong no somos muchos los católicos”

* Andrew (Inglaterra): Ttuvimos una celebración de la penitencia y, por primera vez, la entendieron no como algo por lo que hay que pasar, sino que se abrieron a los sacerdotes. Algunos tenían lágrimas en los ojos”

Edward (Ghana): Lo que más me ha gustado ha sido el espíritu que unía a tantas personas distintas, en torno a una sola fe y al Papa”

Lea (filipina, en Japón): “Creo que mi vida de fe va a mejorar según vaya asimilando las ideas que he recibido del Papa y de los demás”

Antonio Jesús (Sevilla): La JMJ te ayuda no sólo a mirar al futuro, sino al presente, porque a cada generación le toca transmitir la fe”

* Amy (Estados Unidos): “De la JMJ me llevo la fraternidad: ha sido maravilloso ver a gente de todo el mundo tan emocionada y con tanta energía, por ser todos parte del mismo cuerpo de Cristo”

Luigi (Italia): “En la sociedad de hoy hace mucha falta Jesucristo, porque Él hace nuevas todas las cosas. La JMJ ha ayudado a que la gente vea que la Iglesia, a través de Benedicto XVI”

* Valentina (Italia): Espero que, a partir de la JMJ, tengamos más unión entre las diferentes realidades eclesiales y podamos hacer más proyectos juntos”

John Vincent Portugal (Filipinas): “El Señor ha tenido misericordia de mí, y me ha llamado para ser sacerdote

Blanca Iris Ojeda (Colombia): Él es el verdadero amor”

7 de septiembre de 2011.- Cada uno de los peregrinos que han participado en la JMJ ha vivido una historia, única e irrepetible, con Dios y la Iglesia. Ahora que la mayoría ha regresado a sus casas, algunos de ellos hacen balance y explican qué se llevan de la Jornada. Porque, lejos de ser una experiencia aislada, la JMJ ha llenado sus mochilas de proyectos de futuro para Cristo. Han recogido diversos  testimonios María Martínez, José Antonio Méndez y Juan Ignacio Merino en Alfa y Omega.

Marie (República Checa): “Durante la Adoración, le entregué todo eso a Dios, con fe y sabiendo que Él conocía lo que yo había pasado”

A la JMJ fui como parte del equipo de una cadena de televisión checa cristiana. Días antes, había participado en los Días en las Diócesis, en Tarragona, y fue una experiencia estupenda. Pero en Madrid empezaron las dificultades: dormíamos poco, trabajábamos mucho, surgían problemas laborales y personales… En las situaciones de estrés, abrí los ojos a la desagradable realidad de algunas relaciones, situaciones, personas… Me puse realmente triste. Cuando terminé mi trabajo, el sábado, y pude estar con mis hermanos y amigos en Cuatro Vientos, me era imposible sentir la alegría que sentían los demás: estaba exhausta, mi saco de dormir estaba en un hormiguero, perdí mi comida; cuando fui a buscar agua, casi me desmayé por el calor y el cansancio… No tenía fuerzas ni ánimo para disfrutar del ambiente, y no podía concentrarme en las palabras del Santo Padre.

Sin embargo, durante la Adoración, le entregué todo eso a Dios, con fe y sabiendo que Él conocía lo que yo había pasado, que nunca me abandonaría, que Él es Señor de todas las cosas. Desde ese momento, sólo sentí paz. Esa noche fue la que mejor dormí desde que vine a España. La Misa del domingo fue preciosa, pero tenía la sensación de que me estaba perdiendo algo: nada me atraía, nada me mostraba la dirección a dónde ir. Entonces, después de la Misa, un peregrino desconocido se acercó a mí y nos pusimos a hablar. Y comprendí que no era una charla accidental: todo lo que me decía definía totalmente mi situación, mi decepción, mis problemas. Fue el momento en que sentí más fuerte la presencia de Dios; era como escuchar las palabras de Jesús, pero no destinadas a la multitud, sino sólo a mí. Fue increíble. En el avión de vuelta a casa, leí el mensaje del Papa a los jóvenes, y me di cuenta de que todo eso se me dijo de una manera diferente, pero clara y comprensible. Y entendí que el gran abrazo de Jesús y sus palabras de apoyo: Sígueme; estoy contigo, son para todos, yo incluida. Eso es lo que me he llevado de la JMJ.

Tatiane y Felipe (Brasil): Nos ha ayudado a fortalecer nuestra oración y nuestro testimonio de novios cristianos”

Este encuentro con el Señor y con la Iglesia nos ha ayudado a hacer más firme nuestra fe, porque nos ha ayudado a fortalecer nuestra oración y nuestro testimonio de novios cristianos. Queremos decir al mundo que es posible tener un amor centrado en Cristo; que en una pareja, uno puede amar al otro como amaba Jesús. Mucha gente cree que el noviazgo cristiano sólo se centra en la castidad, pero lo que de verdad es importante es darse al otro con sinceridad y buscar su felicidad antes que la tuya. Por eso, un buen discernimiento sólo se consigue, de verdad, a través de la oración, del respeto, de la honestidad, de la entrega y de la castidad. Porque si no, siempre quieres buscarte a ti mismo por encima del otro. La carne es débil y nuestra voluntad, por ser cristianos, no es más fuerte que la de cualquier otra pareja, pero, gracias a la oración, tenemos la ayuda del Espíritu para vivir ahora un amor de verdad, y prepararnos para entregarnos totalmente el uno al otro, después de comprometernos totalmente el uno con el otro, en el matrimonio. Y la JMJ nos ha ayudado a ver que éste es el camino que Dios quiere para nosotros.

Leo Lee (China): “Compartiré esta experiencia, para que los que no son católicos conozcan mi fe”

Para nosotros, ha sido muy importante ver la unidad de la Iglesia, porque en Hong Kong no somos muchos los católicos. Estar con dos millones de personas rezando juntos ha sido increíble. Aunque, sobre todo, me quedo con las veces que otros han cuidado de nosotros; y con la gente que nos preguntaba por la Iglesia en China: nos decía que rezaba por nosotros. Aunque en Hong Kong es distinto, porque tenemos más libertad, cuando vuelva, compartiré esta experiencia, para que los que no son católicos conozcan mi fe, y para animar a otros a que vuelvan a la Iglesia.

 

Andrew (Inglaterra): Vamos a reunirnos, una vez al mes, los jóvenes de varias parroquias para seguir trabajando”

He venido con un grupo de jóvenes de 16 y 17 años, y se lo han pasado fenomenal. Todos han disfrutado mucho con las catequesis y en la feria vocacional, y han adquirido una comprensión más fuerte de su fe. Por ejemplo, tuvimos una celebración de la penitencia y, por primera vez, la entendieron no como algo por lo que hay que pasar, sino que se abrieron a los sacerdotes. Algunos tenían lágrimas en los ojos. Además, uno de los frutos que va a salir de la JMJ es que vamos a reunirnos, una vez al mes, los jóvenes de varias parroquias para seguir trabajando con ellos, porque algunas son demasiado pequeñas para hacerlo solas.

Edward (Ghana): “Quiero aplicar lo que he vivido a la hora de organizar actividades”

La JMJ ha sido una experiencia maravillosa, y lo que más me ha gustado ha sido el espíritu que unía a tantas personas distintas, en torno a una sola fe y al Papa. Yo soy coordinador de la Pastoral juvenil de Ghana, y he venido con la Delegación de nuestra Conferencia Episcopal, así que quiero aplicar lo que he vivido a la hora de organizar actividades. En Ghana tenemos una Jornada Nacional de Juventud; la última fue en agosto de 2010, y participaron 2.500 jóvenes. Además de en lo organizativo, quiero compartir con los jóvenes lo maravillosa que ha sido esta experiencia y el mensaje del Papa.

Lea (filipina, en Japón): La gente que hemos encontrado conoce lo que ha pasado en Japón y nos dice que reza por nosotros”

Después de la JMJ, queremos llevar a la gente de Japón el mensaje de que hay muchos católicos por todo el mundo. También creo que podemos llevarles esperanza. La gente que hemos encontrado conoce lo que ha pasado en Japón (el terremoto, el tsunami…,), y nos dice que reza por nosotros. Nuestro grupo ha estado repartiendo tarjetas con el lema Gracias por rezar por Japón. Además, después de esta Jornada, quiero ser más productiva, tener más recursos, porque hemos tenido que movernos de un lado a otro, dormir en un sitio como éste… Más aún: creo que mi vida de fe va a mejorar según vaya asimilando las ideas que he recibido del Papa y de los demás.

Antonio Jesús (Sevilla): La Virgen te ayuda a estar cerca de Cristo, de la Iglesia, y del Papa”

Uno de los momentos más intensos de la JMJ ha sido salir como cofrade de la Virgen de Regla, después del Via Crucis, por Madrid. Parecía una locura arriesgarse a traer la imagen, pero al ver a gente de todo el mundo rezando a la Virgen, y ponerte tú delante de ella, te das cuenta de lo importante que es ser mariano. La Virgen te ayuda a estar cerca de Cristo, de la Iglesia, y del Papa, y más ahora, con la que está cayendo. La JMJ te ayuda no sólo a mirar al futuro, sino al presente, porque a cada generación le toca transmitir la fe. No sólo le toca a los que vendrán, también a nosotros.

Amy (Estados Unidos): “La JMJ me ha hecho salir de la mentalidad cerrada en la que caigo a veces”

De la JMJ me llevo la fraternidad: ha sido maravilloso ver a gente de todo el mundo tan emocionada y con tanta energía, por ser todos parte del mismo cuerpo de Cristo. También me llevo mucha fuerza y entusiasmo para mi labor pastoral en este curso. Soy parte del equipo de pastoral de mi Universidad, y tenemos muchas dificultades, por ejemplo, para unir a la gente, porque hay muchos grupitos. Otros desafíos son conseguir que la gente acuda a las actividades, y vencer la presión de ser muy pocos y tener que defender el catolicismo. Por eso, he cogido ideas de actividades que podemos hacer. La verdad es que me siento más madura después de todo esto: la JMJ me ha hecho salir de la mentalidad cerrada en la que caigo a veces: Yo soy católica, mis amigos son católicos, todo va bien…, y olvido que hay todo un mundo ahí fuera.

Luigi (Italia): Me ha ayudado a mirar a la Virgen, para ser más humilde”

A veces, las personas de fuera de la Iglesia -incluso también las de dentro- piensan que en la Iglesia sólo hay sitio para una cultura muy tradicional, y que ser cristiano es algo de siglos pasados. Para mí, la JMJ ha sido una forma de demostrar que eso no es cierto, y que en la sociedad de hoy hace mucha falta Jesucristo, porque Él hace nuevas todas las cosas. La JMJ ha ayudado a que la gente vea que la Iglesia, a través de Benedicto XVI, ofrece una enseñanza que se puede aplicar, y que es muy, muy original. Y a mí también me ha ayudado a mirar a la Virgen, para ser más humilde.

Valentina (Italia): “Tengo que pararme a pensar qué espera y quiere Dios de mí”

El Papa nos ha llamado amigos. A quien no le conozca, puede parecerle frío y antipático, pero en realidad es muy bueno y cariñoso con los jóvenes. Nosotros tenemos una gran responsabilidad, de la que estamos orgullosos: ser testigos, hablar de nuestra experiencia y de la Iglesia como algo que, en realidad, es más simple de lo que le parece a mucha gente, porque para nosotros es nuestra vida, y sólo podemos vivirla así. Yo sé que el Papa confía en mí. En esta JMJ, me han sucedido muchas cosas juntas, como caídas del cielo; por eso, creo que, después de la fiesta, de la alegría y de la adrenalina, tengo que pararme a pensar qué espera y quiere Dios de mí. Espero hacerlo en común con mi diócesis, porque hemos conseguido venir toda la diócesis junta, unas 62 parroquias, además de gente de Acción Católica, Scouts, de Comunión y Liberación… Espero que, a partir de la JMJ, tengamos más unión entre las diferentes realidades eclesiales y podamos hacer más proyectos juntos.

John Vincent Portugal, 22 años, Manila (Filipinas): “El Señor pasó y me llamó”

John Vincent es uno de los 5.000 chicos que sintieron la llamada al sacerdocio tras la Visita del Santo Padre. John es natural de Manila (Filipinas), ha estudiado Filosofía y llevaba tiempo descubriendo esta llamada del Señor. «Estoy muy contento de haber venido a España a la JMJ; venía con la esperanza de encontrarme con Jesucristo y redescubrir mi vocación», afirma. Y parece que así ha ocurrido. A este joven filipino de 22 años le ha conmovido la hospitalidad que le han ofrecido en la parroquia de San Isidro Labrador, de Carabanchel. «Por ellos he experimentado el amor de Dios hacia mí», asegura. Además, le ha dado mucha alegría ver a jóvenes de tantos países, lo que le hace pensar: «Hay muchísimos que estamos locos por Jesucristo».

John procede de una realidad donde la pobreza es muy palpable. Aunque su familia no vive en una situación desfavorable, sostiene que durante un tiempo se ha escandalizado de la pobreza: «Siempre he escapado de esta situación, me emborrachaba e iba con compañeros malos, pero el Señor ha tenido misericordia de mí, y me ha llamado para ser sacerdote». Durante el encuentro vocacional en Cibeles, sintió fuertemente la llamada: «El Señor pasó y me llamó a pesar de mis pecados. A mí, que me he escandalizado de la pobreza, el Señor me llama a dejar todo. Yo no sé nada, lo que sé es que el Señor me llama».

Blanca Iris Ojeda, 28 años, Villavicenzo (Colombia): He podido experimentar el amor, la misericordia que Dios ha tenido conmigo”

Durante el encuentro vocacional del 22 de agosto en Madrid, Kiko Argüello informó de que más de 40 mil chicas del Camino ya han ingresado en conventos o monasterios entregando sus vidas, a través de la consagración. Blanca Iris Ojeda puede ser una de estas chicas que consagre su vida al Señor, ya que es una de las 3.200 chicas que dieron un  al Señor, el pasado 22 de agosto, en Cibeles.

Blanca, de 28 años, vino a Madrid con un grupo de Villavicenzo (Colombia) a la JMJ, realizando la evangelización por las calles de Chipiona (Cádiz), y está agradecida por todo lo que ha recibido. «Ha sido una gracia poder estar en la JMJ, he podido experimentar el amor, la misericordia que Dios ha tenido conmigo», comenta. Blanca es ingeniera técnica ambiental y ha trabajado desde muy joven. Se sentía vacía e insatisfecha tras no haber encontrado la plenitud, ni en el afecto de sus padres, ni en los chicos ni en los estudios.

Esta joven colombiana ha visto, de forma más clara, la vocación a la vida consagrada, en el encuentro vocacional; asegura que sería muy egoísta si no daba una respuesta a esta llamada: «El Señor me ha confirmado que me ama, que Él es el verdadero amor, y que nadie me ama así; Él me ha dado la paz, la tranquilidad, la libertad, aunque tenga luchas y sufrimiento, pero con Él me siento respetada, valorada, amada», afirma con rotundidad Blanca. Ahora se siente contenta y muestra su disponibilidad a la Iglesia. Durante un tiempo, con la oración y los sacramentos, con la ayuda de su comunidad neocatecumenal, de un sacerdote y de los catequistas que reúnen con frecuencia a las chicas que han sentido la vocación, Blanca discernirá dónde quiere el Señor desposarse con ella.

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