Manuel Fariña, amigo del Papa Francisco, casado por 45 años, enviudo y se hizo sacerdote: «Decidí entregar mi vida a Jesucristo. Escuchaba: “Ven y sígueme”»

«Cuando mi esposa falleció, el dolor me provocó un infarto… Así como ella fue llamada para ir a la casa del Padre, yo sentí un llamado para dedicar mi vida al servicio de Cristo. Jesús me mostró que Él era el verdadero camino, la verdad y la verdadera vida. Su amor era grande, era el fundamento de toda existencia. Esa certeza me motivó a seguirlo»

14 de junio de 2015.- (ACI  / Camino Católico)  El 30 de mayo en la ciudad de Buenos Aires (Argentina) ha sido ordenado sacerdote un viudo paraguayo de 72 años: Manuel Fariña Bernal. Tras 45 años de matrimonio, Fariña decidió entregar su vida a Cristo respondiendo a un antiguo llamado que Dios le hizo durante su juventud.

Manuel Fariña nació en Caacupé el 17 de junio de 1942. Luego de asistir a una campaña vocacional en los años sesenta decidió ser sacerdote e ingresó al seminario de Asunción. Mientras proseguía con sus estudios, su padre fue exiliado a Argentina debido a que Paraguay estaba bajo la dictadura del general Alfredo Stroessner, que duró de 1954 a 1989.

El joven Fariña se quedó en Asunción con su madre y sus tres hermanos.“Vimos que la situación en Paraguay se hacía más difícil. Entonces decidimos huir a Argentina junto a mi padre para vivir como una familia.”, declara a ACI  Prensa.

El presbítero narra que su familia se instaló en Corrientes, provincia argentina cerca de la frontera paraguaya, y él retomó sus estudios de humanidades en el seminario de la zona. Después se trasladó al seminario de Paraná donde permaneció un año. En 1966, después de un intenso discernimiento vocacional, dejó los estudios sacerdotales y se mudó a Buenos Aires. En la capital federal se inscribió en la facultad de Teología de Villa Devoto.“Seguí completando mis estudios teológicos  porque me apasionaba el tema”, cuenta.

Forjó amistad con los trabajadores migrantes paraguayos y fue militante de la Juventud Obrera Cristiana (JOC). El P. Fariña señala que él y sus compañeros tenían como ideal defender a las organizaciones de migrantes y fomentar entre estos la unidad religiosa y la identidad cultural.

“Nosotros como paraguayos formamos parte de la Comisión Pastoral Migratoria de Argentina. Ahora es la Fundación o Misión Católica Argentina de Migración, que trabaja con todos los migrantes de todos los países. Ahí trabaje 30 años, fue toda una vida de militancia”, indica.

“Nuestro proyecto en el EPA (Equipo Pastoral Paraguayo) era unir a los compatriotas a partir de los valores religiosos, culturales, sociales, mantener nuestra identidad y animar a las organizaciones civiles paraguayas. Todos soñábamos con volver a nuestra patria”, explica.

En los años 70’s, mientras estudiaba y trabajaba, conoció a Juanita Romero García, una compatriota paraguaya.“La conocí en el círculo de amistades migrantes. Ella trabajaba como empleada doméstica y estudiaba acá, según las posibilidades de la época. En nuestro matrimonio éramos una sola persona. Mi señora era una persona de fe grande, auténtica y ejemplar. Era muy sencilla, piadosa, humilde y natural. La querían mucho en nuestro barrio, regalaba rosarios, le gustaba cuidar las plantas y era muy sabia”, recuerda.

El P. Fariña comenta que su mujer tenía cáncer y experimentó largos sufrimientos. Sin embargo,“ella lo llevaba con una sonrisa”. Juanita falleció el 19 de setiembre en el año 2013. Su muerte impactó mucho a la familia, a su única hija y a sus dos nietos.

“Cuando mi esposa falleció, el dolor me provocó un infarto. Al recuperarme decidí entregar mi vida a Jesucristo. Así como ella fue llamada para ir a la casa del Padre, yo sentí un llamado para dedicar mi vida al servicio de Cristo. En ese momento escuchaba la frase: “Ven y sígueme”, narra.

“Jesús me mostró que Él era el verdadero camino, la verdad y la verdadera vida. Su amor era grande, era el fundamento de toda existencia. Esa certeza me motivó a seguirlo”.

El P. Fariña pidió permiso para retomar sus estudios de sacerdote a su hija, que estaba en medio de un tratamiento de esclerosis múltiple. Ella aceptó.

Asimismo, el sacerdote comentó que durante su labor apostólica en el EPA entabló amistad con varios obispos de Buenos Aires y que estas relaciones aportaron favorablemente para la aprobación de su ordenación. Además, su trayectoria pastoral también influyó.

También es amigo del ex cardenal Bergoglio, el ahora Papa Francisco. “Yo trabajé con Bergoglio 3 años cuando él era Obispo Auxiliar en Buenos Aires en la pastoral migratoria. Somos buenos amigos”, manifiesta.

El P. Manuel Fariña Bernal se ordenó en la iglesia Virgen de los Milagros de Caacupé el pasado el 30 de mayo, fecha del cumpleaños de su difunta esposa. El presbítero comentó que en esa iglesia están las cenizas de Juanita.

“Fue muy emotivo porque mucha gente que nos conoció como matrimonio. Todos lloramos. Pero supe que todas estas coincidencias tienen una fuerte trascendencia. Es como la reafirmación de mi vocación”, comenta al respecto.

“Hay que hacer un análisis sobre lo podemos hacer en nuestra vida aquí en la tierra, sobre la importancia de la fe y nuestras devociones”.

A su ordenación asistieron cinco obispos, diez sacerdotes y miembros de varias organizaciones políticas, sociales y culturales. Entre los asistentes estuvieron Adolfo Pérez Esquivel, el activista argentino ganador premio nobel de la paz, y Carlos Custer, que fue el embajador argentino en el Vaticano.

Al día siguiente de su ordenación, el P. Fariña celebró su primera misa.“Tantas cosas han pasado que todavía las sigo asimilando. La ordenación fue una alegría en medio del dolor por la muerte mi esposa”, indica.

Aunque ya fue designado a la diócesis de San Juan Bautista de las Misiones en Paraguay, el sacerdote aún permanece en Buenos Aires por algunos temas personales.

 

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