Marc Labori, seminarista de Barcelona, cuenta su camino vital al sacerdocio: «He aprendido a pedirle a Dios que me ayude a mirarlo todo con sus ojos»

 * «Siempre me ha movido la inquietud por el sentido y deseo de Dios»

* «Quería estar muy seguro de mi decisión, pero dudaba si mi vocación venía de Dios o simplemente me la inventaba yo. Mi padre me dio entonces uno de los consejos más importantes de mi vida; “Espérate cinco años y si ves que la vocación continúa igual de firme es que entonces viene de Dios”»

18 de marzo de 2012.- «A lo largo de los años todos mis miedos y reticencias se han ido diluyendo y visto ahora con la perspectiva del tiempo, me doy cuenta de que en el fondo sólo eran signos de falta de confianza en Dios. Cuando depositas toda la confianza en Él, ya nada te da miedo y te ves capaz de superar todas las dificultades.» Marc Labori Bau nos ha abierto las puertas del corazón y nos ha permitido sumergirnos en su itinerario vocacional.

Nacido en Barcelona hace 33 años, cursa tercero de Teología en el Seminario Conciliar de Barcelona y colabora con la comunidad parroquial de El Masnou, en la comarca de El Maresme. La suya es una aventura vital que puede ser modelo para muchos jóvenes que como él no dejan apagar la voz interior que les interpela a darse totalmente a Dios y a los demás. «A mí lo que me ha movido es la inquietud por el sentido y por el deseo de Dios; ésta es la fuerza que me ha ido llevando. Por más que lo he intentado con el deporte, el estudio, la diversión con la familia y amigos, el trabajo dentro del mundo de la abogacía y la empresa, nada ha podido apagar esta voz interior.»

(Carme Munté / Catalunya Cristiana) Para llegar al momento en el que Marc dijo «sí» a la invitación de Jesús a seguirlo han sido necesarios previamente años de duda, de lucha interior, de incertidumbre, pero también de aprender a leer los signos que Dios le iba poniendo en el camino con la ayuda de personas clave de su entorno como la familia, los amigos y algunos sacerdotes como Fernando Perales, párroco de San Odón, o Mn. Agustí Viñas, párroco en Santa Coloma de Gramenet.

La vida de Marc Labori Bau, hasta el momento de entrar en el Seminario Conciliar de Barcelona, transcurrió como cualquier otro itinerario personal. Nacido en el seno de una familia cristiana y educado en una escuela religiosa, desde muy pequeño experimentó la presencia de Dios en su vida, rezando en familia y en la escuela, y asistiendo a misa los domingos, en su parroquia de San Odón.

Además, el testimonio de su tío capuchino, el P. Antoni Jover, misionero en Colombia, también era un faro que le iluminaba el camino. Porque, de hecho, desde muy pequeño, Marc Labori se sentía atraído por las cosas de Dios, pero como suele pasar, eran muchos los intereses que le mantenían ocupado y muchas distracciones que lo apartaban del camino.

La adolescencia, como otros jóvenes, la pasó estudiando —en su caso Económicas y Derecho—, saliendo con chicas, saliendo de fiesta con los amigos, practicando hockey sobre patines… y, si bien no abandonó la práctica religiosa, sí era consciente de que la fe se iba enfriando.

«En una ocasión, sin embargo, pasando una tarde ante la iglesia de San Odón sentí la necesidad de entrar en ella. Me senté a rezar y me di cuenta de que me estaba despistando del camino correcto. Pensaba que estaba solo en la iglesia, pero vi que en el confesionario estaba el párroco de entonces, Mn. Pere Campanyà. Quise confesarme, porque hacía más de un año que no lo hacía. Y al acabar, Mn. Campanyà me invitó a participar en un grupo de niversitarios cristianos que se ponía en funcionamiento aquella misma semana. Pero yo tenía previsto ver la final de la copa de Europa del Barça de básquet y decidí elegir… Elegí asistir al primer encuentro del grupo. El Barça perdió pero yo salí ganando porque entré en una nueva dinámica.»

Entre los 18 años, cuando comenzó el grupo de universitarios, y los 30, cuando finalmente acabó entrando en el Seminario, Marc Labori vivió un proceso progresivo hacia una mayor coherencia entre lo que sentía y lo que vivía. Un tiempo en el que empezó a trabajar en un bufet de abogados, pero el trabajo no le acababa de satisfacer del todo, en el que salió en serio con una chica pero que realmente no se imaginaba casándose con ella, en el que intuía que su camino era el sacerdocio pero todavía no estaba del todo convencido.

«Hablaba con muchos sacerdotes, rezaba insistentemente, iba cada día a misa, veía en todo lo que me pasaba signos de la gracia de Dios… pero necesitaba una señal muy clara que no acaba de llegar; le pedía a Dios que me hablase, pero el silencio era absoluto. Y entonces, durante una Pascua con los jesuitas en Raïmat, entendí que Dios no decidiría por mí y que me daba absoluta libertad. Quería estar muy seguro de mi decisión, pero dudaba si mi vocación venía de Dios o simplemente me la inventaba yo. Mi padre me dio entonces uno de los consejos más importantes de mi vida; “Espérate cinco años y si ves que la vocación continúa igual de firme es que entonces viene de Dios.”»

En septiembre de 2008, cuando Marc Labori cumplió los 30 años, decidió entrar en el Seminario. Había tenido la ocasión de casarse y formar una familia; había tenido la ocasión de trabajar en un trabajo que le gustaba y que le proporcionaba una vida acomodada, pero lo había dejado todo para ponerse en manos de Dios y entregarse a los demás. Su tío capuchino falleció la vigilia de su treinta aniversario, y Marc experimentó que tomaba su relevo de entrega y servicio. Y su padre, que falleció al final del primer curso de Seminario, no lo hizo sin antes haberle manifestado que se sentíamuy feliz de su decisión.

«Y no es que ahora no tenga dudas o que las dificultades hayan desaparecido, pero he aprendido a pedirle a Dios que me ayude a mirarlo todo con sus ojos.» Este tiempo de formación en el Seminario y la experiencia parroquial en El Masnou le ayudan ahora a prepararse para después poder entregarse a los demás, a cultivar una vida espiritual rica, a conocerse a sí mismo, a dejarse ayudar por los demás. «Para mí, ser sacerdote no es la meta, sino el camino a seguir en unión con todos los hermanos del mundo que caminan hacia Dios.»