Maren Lathamn, mormona, le atraía la belleza católica y fue a Misa: «Confesarme, recibir la Eucaristía, el Rosario, me ha convertido en la persona que Dios siempre quiso que fuera»

* «Estaba arrodillada durante la consagración y pensé: «¿Y si me doy permiso para creer? Tal vez tenga que dejar de ser escéptica». ¿Por qué no podía Dios, que dijo «hágase la luz», y la luz se hizo, elegir bajar y estar con nosotros en la Eucaristía? Después de todo, Jesús dijo que siempre estaría con nosotros. ¿Podría permitirme creer que Dios me ama tanto que se da a sí mismo para que lo consuma, para que pueda fortalecerme y consolarme y simplemente estar conmigo? La profundidad de la intimidad que se desplegó ante mí era impresionante … Y me sorprendió la rapidez con la que llegué a creer. Todo encajó en su sitio después de eso. Verdaderamente, la Iglesia Católica era la clara continuación y cumplimiento del Antiguo Testamento, todo instituido por la Segunda Persona de la Trinidad, y no tenía que haber ninguna «restauración», como me habían enseñado los mormones. La autoridad de Dios nunca había sido removida, Él nunca abandonó a su pueblo, y todo estaba allí, esperándome, pleno y completo»

Camino Católico.-  Maren Latham es una mujer que se educó en los años 80 en una devota familia mormona de Alberta (Canadá). Tuvo una infancia feliz dedicada a la oración y estudio de las Escrituras. Durante su juventud, el gusto de Maren por la música, el latín y la belleza de la liturgia la harían replantearse sus creenciasCuenta en un texto autobiográfico en Coming Home Network, que traduce y sintetiza PortaLuz, cómo la devoción de los católicos al comulgar y la misa tradicional motivaron su conversión.

Una familia de raíces mormonas

Haber nacido y crecido en Alberta (Canadá) sabiendo que las raíces mormonas de su familia se remontaban a la fundación de dicha entidad en la década de 1830, era una gran responsabilidad para Maren Latham. Fue arropada por el cariño de sus padres “que se sacrificaban mucho para sacar adelante a la familia con un solo ingreso”, recuerda Maren. “Se trataba de una vida ruidosa, alegre y desordenada, en la que se compartían las camas, se rezaba por la mañana y por la noche. Se estudiaban las Escrituras en familia y, por supuesto, se iba a la iglesia los domingos”.

Se formó escuchando las historias contadas por los mormones de cómo la Iglesia que Cristo fundó habría caído en “apostasía” y por tanto “la verdadera religión fue eliminada de la tierra”. Pero que tras “1800 años” -con una humanidad peregrinando “en la oscuridad”-, Dios habría decidido “restablecer su verdadera religión” eligiendo para ello al joven granjero José Smith.  “Siendo una mormona -puntualiza Maren-, sabía que los católicos tenían una línea ininterrumpida de sacerdocio que provenía directamente del Apóstol Pedro”. Sin embargo, en el círculo mormón “todo lo que había oído sobre la Iglesia católica era negativo y aterrador”.

Reconoce sin embargo que ya en su juventud se preguntaba ¿por qué el mundo cristiano se mostraba tan en contra del Libro de Mormón. “¿Por qué el Libro de Mormón no es tomado en serio por los académicos e historiadores? Incluso si no fueran en absoluto religiosos, ¿no se debería considerar que un registro tan antiguo que documenta la historia del primer pueblo americano tiene un enorme valor e interés por sí mismo?», reflexionaba.

Una de las reglas más estrictas del mormonismo -confidencia Maren- es que “nunca se debe hablar de lo que ocurre dentro del Templo”. Y este secretismo era incómodo para ella. También le violentaba la ceremonia del “bautismo de los muertos”, donde los mormones se bautizan en lugar de otros que ya han muerto, para que ellos también sean miembros de la «verdadera Iglesia de Dios».

Era desafiante el ser mormona cuando además ninguno de sus amigos no mormones consideraba que fuese cristiana. Pero ella seguía firme en las creencias transmitidas por su familia y amigos más cercanos. “Era todo mi mundo y mi sistema de apoyo. Teníamos el evangelio restaurado y el Libro de Mormón. Esos hechos hicieron que cualquier incomodidad o desconcierto fuera intrascendente”.

La atracción hacia la Iglesia Católica

Sin embargo, la devota mormona Maren Latham  comenzaría a vivir un proceso de conversión casi imperceptible -incluso para ella misma- en sus primeros años. Sabía, afirma, que la Iglesia Católica “estaba totalmente equivocada y era corrupta”, pero igual algo indescriptible de ella le atraía.

Le encantaban las catedrales con sus bellos vitrales y encontraba un privilegio el que los católicos tuvieran imágenes de santos en sus casas, como también pequeños rincones de oración donde arrodillarse, encender una vela y rezar. “Cada vez que había una escena con un confesionario en una película, me quedaba fascinada. Sabía que las palabras que íbamos a escuchar iban a ser toda la verdad y el meollo de la cuestión. Esas casetas parecían tan privadas, acogedoras y reconfortantes. Me imaginaba cómo sería tener un lugar así al que acudir en cualquier momento, donde poder desnudar tu alma, en completo anonimato y seguridad, ante un hombre de Dios, que te escuchara amablemente y luego te perdonara… y tú te supieras perdonada. ¡Eso me parecía tan atrayente!”

La cruz, el rosario y la música

Aunque no hay cruces en los edificios mormones, tenía unos siete años cuando comenzó a hacer la señal de la cruz, “que era algo totalmente prohibido en el mundo mormón”, recuerda. “Por esa misma época, debí de ver a alguien sosteniendo un rosario en la televisión. Le pregunté a mi madre qué era eso, y me dijo: «así es como rezan los católicos. Cada cuenta del collar es una oración». Cuando oí eso, todo mi corazón anhelaba esas cuentas. Literalmente, me apetecía hacer rodar esas cuentas entre mis dedos”.

Pero, de lejos, su vínculo con la fe católica vendría por el arte. A los doce años descubrió que tenía talento para el canto y participando en diversos coros se sumergió en el mundo de la música sacra. “A los doce años, canté mi primera versión del Ave María. El latín era el idioma más inquietante y misterioso que jamás había escuchado. Me encantaba cómo sonaba y repetía las palabras en mi interior una y otra vez, sin saber que era la oración principal del Rosario. Llenaba un lugar profundo en mi alma y me conmovía más profundamente que todo lo que mi propia religión había hecho”, confidencia Maren.

Una mala experiencia le lleva a abandonar los mormones

Ya con 18 años la Iglesia mormona les exigía participar en una Iglesia, sin la familia, donde se relacionaba la juventud mormona soltera. “Era un entorno forzado y antinatural, con la clara expectativa de emparejarse para el matrimonio”, afirma. Maren no toleraba esta presión, pero decidió “aguantar” lo mejor posible. “Podría haber continuado así durante años si no hubiera ocurrido algo importante que sacudió mi convicción en la validez del mormonismo”.

El Templo de Cardston, al sur de Alberta, al que Maren Lathamn acudió vestida de blanco, como era la norma, y donde tuvo una mala experiencia que la hizo abandonar a los mormones

Fue a los 25 años, que decidió afrontar sus dudas acudiendo con ellas al Templo, recinto considerado “el pináculo del mormonismo”. Toda la familia le acompañó ese día cuando se presentó en el Templo de Cardston, al sur de Alberta, vestida de blanco, como era la norma. “No describiré mi experiencia en el Templo, excepto para decir que fue allí, en ese día, donde mi fe mormona recibió un golpe fatal. Salí del Templo totalmente conmocionada. Si aquella era la Casa de Dios -si aquello era Dios– entonces estaba sola en el universo”.

La crisis duró años y el dolor espiritual comenzó a calmarse recién cuando se casó con Christopher, un hombre que no estaba vinculado a ninguna religión. Apoyándose en el amor y apoyo de su esposo dejó a los mormones. “Sentí que recién entonces me unía a la raza humana … y me deleité en una libertad mental que nunca había conocido”.

Su primera Misa Católica

En su búsqueda derivó a la Nueva Era, pero ninguna de esas filosofías, ni prácticas calmaban la inquietud espiritual de Maren. Aquél camino y sus propias reflexiones la enfrentaron a una sola certeza: Como mormona y como ex mormona, necesitaba “¡saber qué era realmente el cristianismo!” Maren sabía exactamente dónde buscar respuestas. “Conocía todo sobre los problemas de la Iglesia Católica… no me preocupaban; ¿qué importaba todo eso si Cristo era el fundador? Al día siguiente, asistí a mi primera misa”.

Había pasado innumerables horas aprendiendo y cantando la música sacra, pero nunca había asistido a una misa. Ahora estaba asombrada. Todavía no lo entendía, pero “percibía una increíble profundidad y cohesión”. Le impresionaba la reverencia de la gente cuando se acercaba a recibir la comunión. Todavía no creía que fuera el Cuerpo de Cristo, pero podía ver claramente que lo creían, y sintió “un anhelo de tener lo que ellos tenían”, recuerda.

Fue en el mes de enero del año 2017 cuando Maren dio un paso decisivo en su conversión. Camino que recorrió aconsejada por un sacerdote de la Fraternidad de San Pedro que estuvo dispuesto a responder todas sus preguntas y también formándose en la Catequesis para adultos (RCIA).

Creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía

Tuvo algunas luchas doctrinales que afrontó y resolvió. Pero su principal dolor espiritual era que no lograba creer en la presencia real de Cristo, el Hijo de Dios, en la Eucaristía. “Un día eso cambió. Estaba arrodillada durante la consagración y pensé: «¿Y si me doy permiso para creer? Tal vez tenga que dejar de ser escéptica». ¿Por qué no podía Dios, que dijo «hágase la luz», y la luz se hizo, elegir bajar y estar con nosotros en la Eucaristía? Después de todo, Jesús dijo que siempre estaría con nosotros. ¿Podría permitirme creer que Dios me ama tanto que se da a sí mismo para que lo consuma, para que pueda fortalecerme y consolarme y simplemente estar conmigo? La profundidad de la intimidad que se desplegó ante mí era impresionante … Y me sorprendió la rapidez con la que llegué a creer. Todo encajó en su sitio después de eso. Verdaderamente, la Iglesia Católica era la clara continuación y cumplimiento del Antiguo Testamento, todo instituido por la Segunda Persona de la Trinidad, y no tenía que haber ninguna «restauración», como me habían enseñado los mormones. La autoridad de Dios nunca había sido removida, Él nunca abandonó a su pueblo, y todo estaba allí, esperándome, pleno y completo”.

La ex mormona fue bautizada y confirmada en la Vigilia Pascual de 2018, recibiendo “con asombro y gratitud” el Cuerpo real de Cristo en su Primera Comunión. “Todavía me pellizco o me parto de risa ante el maravilloso y sorprendente giro que dio mi vida, y que en realidad ahora soy católica. Me encanta confesarme, recibir la Eucaristía, rezar el Rosario y persignarmeTodo esto me ha cambiado, me ha convertido en la persona que Dios siempre quiso que fuera. Y ha llenado por completo ese profundo anhelo que Dios puso en mi corazón cuando era una niña mormona. Él me llamó a su baile y yo grité agradecida: ¡Sí!», finaliza Maren.


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