María, 22 años, es monja: «Tenía toda mi vida planificada, el ejército Español sería mi vida, me gusta el deporte, el fútbol, pero Cristo quiso que fuese su esposa para siempre»

* «Pero no pienses que lo tengo todo hecho, que mi vida será más fácil… no, yo también dudo, también sufro, también lloro porque no entiendo, también cargo la Cruz, pero todos compartimos la Resurrección…  ¿Te da miedo dudar? Un cristiano que no ha dudado no puede creer porque conoce a Dios de teoría, en un papel, no en la vida. ¿Acaso podemos afirmar que Dios es una ley física que actúa siempre igual, bajo los mismos parámetros y bajo las mismas fuerzas? ¡¡No!! Dios no es una ley, ni una fuerza como la de la gravedad. Dios no tira al hombre al centro de la tierra. Dios vive en tu corazón… ¡No, no, mejor aún! Dios es Vida y es Corazón. Su fuerza es la Gracia, su ley es la Misericordia, su única teoría y su único conocimiento es el de la Cruz ¡No tengas miedo!»

Camino Católico.-  La hermana María de Cristo Rey, ecsf, tiene 22 años, tenía toda su vida planificada: “El ejército Español sería mi vida, me gusta el deporte y me apasiona el fútbol. Pero mis sueños no eran los Suyos. Desde hace 4 años formo parte del ejército más poderoso el de Cristo, soy Esclava Carmelita de la Sagrada Familia. Pero quizá, esta no sea la mejor presentación. Desde hace 3 meses, desde el 9 de mayo, Cristo quiso que fuese su esposa para siempre, siempre, siempre”, explica María en un testimonio escrito en primera persona en Jóvenes Católicos:

Ante la duda, la Cruz

A los que me leéis, hermanos en la fe o quizá un ateo convencido que está aquí por «casualidad»:

Soy María, tengo 22 años. Soy una chica bastante normal: siempre tuve sueños, tenía toda mi vida planificada, el ejército Español sería mi vida, me gusta el deporte y me apasiona el fútbol. Pero mis sueños no eran los Suyos. Desde hace 4 formo parte del ejército más poderoso el de Cristo, soy Esclava Carmelita de la Sagrada Familia. Pero quizá, esta no sea la mejor presentación. Desde hace 3 meses, desde el 9 de mayo, Cristo quiso que fuese su esposa para siempre, siempre, siempre. Pero no pienses que lo tengo todo hecho, que mi vida será más fácil… no, yo también dudo, también sufro, también lloro porque no entiendo, también cargo la Cruz, pero todos compartimos la Resurrección.

¿Por qué sigue hoy latiendo el corazón de Cristo? ¿Por qué el Amor todavía tiene hueco para la humanidad caída? ¿Acaso no ha sufrido bastante traición como para volver a
apostar por ella?

El corazón de Dios parece una paradoja: sólo quien se rinde en la batalla, gana la guerra. ¡El Amor vence siempre!

Y Tú sigues apostando por cada corazón, dejando un sitio predilecto para cada uno, con nombres y apellidos, y en el Tuyo el mío: María de Cristo Rey.

Y el Amor late porque el corazón del hombre cae rendido ante el poder del bien. Estamos hechos para reinar, reinar con Cristo.

¿Por qué sigue habiendo mal? Dime, ¿por qué eres capaz de volver el mal en bien? ¿Por qué has decidido seguir amando?

Sorprende que Dios, en su inmenso conocimiento del bien y del mal, siga apostando hoy por el hombre caído. Sorprende más aún, que Dios traicionado por unos y negado por otros
no decida volverse de piedra, tornar su corazón en témpano.

Como si de una forja se tratara el corazón de Dios golpea el mío con cada latido, lo enciende en el fuego de su amor. Y así, con cada uno.

Pero su obrar no es humano. Hay una sutil diferencia: Él es el que golpea y el que calienta. Sus golpes, nos forjan. Su calor nos vuelve a casa. Al contrario del hombre, este Herrero quiere la belleza de su obra creada, no quiere productividad, quiere verdad. Por eso no le importa volver una y otra vez al yunque, volver a golpear donde ya lo ha hecho. Su corazón, ardiente de cariño y de vida quiere romper la frialdad la mía. Su corazón apasionado permite la muerte porque quiere vida eterna para los suyos.

Dime qué sientes cuando miras la Cruz. ¿Lo ves? Esa es la mejor forja que encontrarás, la que de verdad te hará humano, porque ahí está la Vida. En la Cruz clavaron al Herrero, martillearon sus manos como si hubiera que modelarlas, no se daban cuenta que eran las manos Creadoras. Traspasaron el yunque porque creían que no valía más que para dar muerte. Y golpearon con el calor que da la rabia de sentirte impotente, se daban golpes de pecho porque creían que ya habían acabado la forja, pero el hombre no entendió que estaba haciendo un favor al mundo: dió sentido a la duda, a la muerte. Ese ir y venir de martillos, de escupitajos, de improperios y de desprecios cargó de sentido el sufrimiento y la oscuridad.

Quizá las preguntas más sencillas con la respuesta fácil no nos las hacemos por eso mismo, por su poca dificultad.

Pero dime, ¿por qué el corazón en el centro de la persona? ¿Por qué sin corazón no hay vida? Puedes vivir sin un riñón o sin los dos, sin un pulmón… Pero no sin corazón. Quizá esta respuesta no la obtengamos por su obviedad, pero Señor, ¿por qué el mal? ¿Acaso no quiere su Padre siempre el bien de sus hijos? ¿Por qué sigues impertérrito ante tanto mal? ¿Y por qué, por qué, Señor te atreves a perdonar a degenerados mentales? ¿No eres tan bueno?

El que no se plantee esto y crea porque tiene que creer, porque se lo dicen en casa o porque es lo que se lleva, vive a merced de las palabras y no de la Vida. Porque… ¿Así es la vida o así es Dios? ¿Quién está detrás de tu vida? ¡La Vida!

«Aparta de mí este cáliz». ¿No ves la duda del Hijo de Dios?

El día que dejes de sentir la duda, estarás muerto, peregrinarás como un viviente sin vida, errante no tendrás destino porque no buscarás respuestas, las olas de tus leyes y de las palabras absolutas te llevarán de acá para allá hasta la ribera de la muerte.

Cuando dudes y no puedas más, cuando creas que la duda es tan grande que te ahoga, mira la Cruz. Probablemente encuentres más duda, pero sentirás una paz que nunca antes habrás experimentado.

Cuando el dolor de tus pecados te aplaste, cuando el sufrimiento por la injusticia te consuma, clava tus ojos, con la misma fuerza en el madero como hicieron con Cristo. Mira los ríos de sangre que corren por la piel de Dios, mira las lágrimas que se deslizan por las mejillas de María, la Madre de Dios y mira los ojos vagabundos de Juan, el discípulo amado, su duda parecía no acabar. Cuando hayas hecho esto, calla. Y oirás en tu corazón frases bruscas pero divinas: ¡rompe, abre! ¡Rompe, abre!

Rompe con el mundo y abre tu pecho, deja que el ser de Dios cale dentro de ti y disipe toda duda. Una llama es capaz de romper la oscuridad en la que te ciernes. La Luz es quien puede inundar tu vida de principio a fin, con lo que fue, es y será, redimida al fin y al cabo, por Cristo el Hijo de Dios. Y cuando mires al yunque de la Cruz y sientas morir, quizá entiendas porqué Dios permite la duda y el sufrimiento. Quizá entenderás que por la Cruz, el soldado fue capaz de afirmar que verdaderamente este es el Hijo de Dios, quizá entenderás porqué Longinos, con su lanza forjada no sabemos dónde, fue lavado con el agua más pura que jamás conocerá la faz de la Tierra.

¿Sigues sin verlo y sin entenderlo? No importa. Quizá algún día lo entenderás. Yo también dudo, también me duelen algunos golpes pero creo que son para mi bien y quizá encuentre
algo que pueda tener sentido.

¿Te da miedo dudar? Un cristiano que no ha dudado no puede creer porque conoce a Dios de teoría, en un papel, no en la vida. ¿Acaso podemos afirmar que Dios es una ley física
que actúa siempre igual, bajo los mismos parámetros y bajo las mismas fuerzas? ¡¡No!! ¿Entonces por qué no dudas?

El mundo está plagado de porqués, quizá hay tantos como hombres en el mundo. Si no existiese un porqué interrogativo no haría falta que existiese uno explicativo.

Dios no es una ley, ni una fuerza como la de la gravedad. Dios no tira al hombre al centro de la tierra. Dios vive en tu corazón… ¡No, no, mejor aún! Dios es Vida y es Corazón. Su fuerza es la Gracia, su ley es la Misericordia, su única teoría y su único conocimiento es el de la Cruz.

¡No tengas miedo!

Hna. María de Cristo Rey, ecsf


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