Mussie Zerai, el sacerdote que salva la vida a miles de refugiados gracias a un teléfono móvil

«En Libia dejaron escrito mi número de teléfono en la pared de un centro de detención de refugiados. Escribieron: para cualquier emergencia llamad aquí. Una vez que fueron puestos en libertad los primeros en llamarme lo hicieron a las 3 de la mañana, estaban en el mar a la deriva. El motor se había averiado”

27 de octubre de 2016.- (13 TV  / Camino católico)  Su intervención ha sido clave para salvar la vida de miles de refugiados. Es su ángel de la guarda. Las barcazas que se quedan a la deriva en el Mediterráneo pueden esperar 2 cosas: o confiar en que por casualidad algún barco los aviste y acuda en su socorro o llamar por teléfono de Mussie Zerai, sacerdote eritreo residente en Europa.

Mussie Zeraiexplicaque «en Libia dejaron escrito mi número de teléfono en la pared de un centro de detención de refugiados. Escribieron: para cualquier emergencia llamad aquí. Una vez que fueron puestos en libertad los primeros en llamarme lo hicieron a las 3 de la mañana, estaban en el mar a la deriva. El motor se había averiado”.

Mussie Zerai contactó a la Guardia Costera de Italia y gracias a ello pudieron acudir en su ayuda. 

Este episodio sucedió en 2003 y desde entonces no ha dejado de denunciar los abusos, violaciones y torturas que sufren los refugiados durante su arriesgada empresa. Y eso por no hablar del tráfico de personas o de órganos que también favorecen las migraciones. La situación de los refugiados es un apetitoso plato difícil de rechazar para los traficantes.

Mussie Zeraiargumenta que «Europa está gastando inútilmente muchísimo dinero. Los traficantes ganan mil millones de dólares al año y Europa gasta todo ese dinero para defenderse de las llegadas de refugiados sin conseguirlo. Es más, cuanto más intenta cerrar las fronteras más favorece a los traficantes. Organizan vías alternativas más peligrosas y por tanto más caras. Están muy agradecidos a Europa por esa política de puertas cerradas”.

Mussie Zerai  propone que los gobiernos destinen más fondos a promover corredores humanitarios y menos a intentar defenderse inútilmente. Sus más de 10 años de dedicación a los refugiados le han valido la nominación al premio Nobel de la Paz en 2015.

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