Papa en homilía al abrir la Puerta Santa en un hogar para sin techo: «Que el Señor nos de la gracia de sentirnos descartados, porque no tenemos ningún mérito»

* «Solamente Dios nos da la misericordia, la gracia. Y para acercarnos a esa gracia tenemos que acercarnos a los descartados, a los pobres, a los que tienen más necesidad. Porque seremos juzgados por esta cercanía. Que el Señor hoy, nos de esta gracia  para poder recibir el abrazo de la misericordia donde el padre abraza al hijo herido. Pero es el Padre Dios el que está herido de amor y por esto es capaz de salvarnos a todos»

Vídeo del momento de la apertura por el Papa Francisco de la Puerta Santa de la Caridad en un hogar para sin techo de Caritas en Roma

18 de diciembre de 2015.- (Radio Vaticano / Aleteia Camino Católico)  La tarde del viernes 18 de diciembre el Papa Francisco llegó hasta la estación central de trenes de Roma para abrir la Puerta Santa de la Caridad en dos estructuras de Caritas: el hostal Don Luigi di Liegro y el comedor San Juan Pablo II. En Termini el Papa presidió el rito de la apertura de la Puerta Santa y posteriormente se realizó una procesión que concluyó con la Eucaristía celebrada por el Pontífice en la que participaron exclusivamente los huéspedes de los centros de acogida de la Caritas diocesana acompañados por algunos voluntarios y operadores.

El hostal Don Luigi di Liegro y el comedor San Juan Pablo II son dos estructuras de acogida para personas sin techo: el primero hospeda a 195 personas cada noche y al comedor van 500 personas por la tarde.  El texto completo de las palabras del Papa en la homilía es el siguiente:

Dios viene a salvarnos y no encuentra mejor manera para hacerlo que caminar con nosotros, hacer nuestra vida. En el momento de elegir el modo como hacer la vida, no elige una gran ciudad de un gran imperio, no elige una princesa una condesa por madre, una persona importante un palacio de lujo. Parece que todo haya sido hecho intencionalmente casi de escondido María una joven de 16 0 17 años en una villa perdida de las periferias del imperio romano. Ninguno conocía esa villa, seguro. José, un joven que la amaba y quería esposarla, era un carpintero. Todo simplicidad. Todo escondido. Y también el rechazo, porque eran novios y en una villa así pequeña, ustedes saben cómo son las habladurías, dan vueltas. Y José se da cuenta que ella está embarazada. Todo escondido y también con las calumnias y las habladurías. El ángel explica a José el misterio. Ese hijo que espera tu novia es obra del Espíritu Santo. Cuando José se despertó del sueño hizo lo que  el ángel le dijo. Pero todo escondido. Las grandes ciudades del mundo no sabían nada.

Si  tú quieres encontrar a Dios búscalo en la humildad, en la pobreza, es donde él está escondido, en los más necesitados, en los enfermos hambrientos, encarcelados.

Y Jesús cuando nos predica la vida nos dice cómo será nuestro juicio. No dirá venid conmigo porque hiciste tantas ofrendas a la iglesia. La entrada al cielo no se paga con dinero. No dirá tu eres muy importante, has estudiado tanto… Los honores no nos abren la puerta del cielo. ¿Que nos dirá Jesús para abrirnos las puertas del cielo?: Estaba hambriento y me diste de comer y enfermo, en la cárcel y has venido a verme.

Jesús está en la humildad. El amor de Jesús es grande. Por esto hoy, al abrir esta puerta santa, yo quisiera que el Espíritu Santo abriera el corazón de todos los romanos y les hiciera entender el camino de la salvación, que no está en el lujo, no es el camino de las grandes riquezas, no es el camino del poder, es el camino de la humildad. Los más pobres, los enfermos, los encarcelados… Pero Jesús dice aún más, los más pecadores si se arrepienten nos precederán en el cielo primeros en el cielo. Ellos tienen la llave. Aquel que hace la caridad y aquel que se deja abrazar de la misericordia del Señor.

Nosotros hoy abrimos esta puerta y pedimos dos cosas. Primero que el Señor nos abra las puertas del corazón. Todos somos pecadores. Todos tenemos necesidad de sentir la palabra del señor; que el Señor venga. Y segundo, que el Señor nos haga entender que el camino de la vanidad, de las riquezas, del orgullo no son caminos de salvación. Que el Señor nos haga entender que su caricia de Padre su misericordia, su perdón es cuando nosotros  nos acercamos a  aquellos que sobran, a los descartados de la sociedad. Esta puerta que es la puerta de la caridad; la puerta donde son asistidos tantos descartados. Que nos haga entender que también seria lindo que cada uno de nosotros, que cada uno de los romanos se sintiera descartado y sintiera la necesidad de la ayuda de Dios. Hoy nosotros rogamos por Roma por todos los habitantes de Roma, por todos, empezando por mí, para que el Señor nos de la gracia de sentirnos descartados, porque no tenemos ningún mérito. Solamente Dios nos da la misericordia, la gracia. Y para acercarnos a esa gracia tenemos que acercarnos a los descartados, a los pobres, a los que tienen más necesidad. Porque seremos juzgados por esta cercanía. Que el Señor hoy, abriendo esta puerta nos de esta gracia a todos los habitantes de Roma.  Para poder recibir el abrazo de la misericordia donde el padre abraza al hijo herido. Pero es el Padre Dios el que está herido de amor y por esto es capaz de salvarnos a todos.

Francisco

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