Papa Francisco en el Ángelus, 18-8-19: «El testimonio del Evangelio quema toda forma de particularismo y mantiene la caridad abierta a todos con preferencia por los más pobres»

* «Para vivir de acuerdo con el espíritu del Evangelio es necesario que ante las nuevas necesidades que se avecinan en el mundo haya discípulos de Cristo que sepan responder con nuevas iniciativas de caridad. Así el Evangelio con la adoración a Dios y sirviendo al prójimo, se manifiesta realmente como el fuego que salva, que cambia al mundo a partir del cambio del corazón de cada uno»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Jesús llegó a dividir, a poner en crisis pero de manera saludable la vida de sus discípulos, rompiendo las ilusiones fáciles de aquellos que creen que pueden combinar la vida cristiana y la mundanidad, vida cristiana y compromisos de todo tipo, prácticas y actitudes religiosas contra el prójimo. Para combinar, algunos piensan, la verdadera religiosidad con prácticas supersticiosas: ¡cuántos, cuántos cristianos autodenominados van al adivino o la adivina para que les lean la mano! Y esto es superstición, no es de Dios.  Se trata de no vivir hipócritamente, sino de estar dispuesto a pagar el precio por elecciones coherentes en la actitud que cada uno de nosotros tiene que tratar de buscar en la vida: la coherencia. Y pagar el precio de ser coherentes con el Evangelio. Porque es bueno llamarnos cristianos pero sobre todo ser cristianos en situaciones concretas dando testimonio del Evangelio, que es esencialmente amor por Dios y por nuestros hermanos»

18 de agosto de 2019.- (Camino Católico)  El Papa Francisco en la reflexión durante la oración del Ángelus retoma dos elementos presentes en la lectura de Lucas 12: 49-53. El primero: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (v. 49) y el segundo: «¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división”. (Lc 12,51). El Papa explica que, para comprender mejor el llamado, Jesús usa la imagen del fuego que él mismo vino a traer a la tierra: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lucas 12:49). Y continúa: “Estas palabras tienen el propósito de ayudar a los discípulos a abandonar toda actitud de pereza, apatía, indiferencia y cerrarse a recibir el fuego del amor de Dios; ese amor que, como nos recuerda San Pablo, «ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo» (Rom 5: 5).

Francisco nos anima a ver lo que Jesús revela a sus amigos: “Su deseo más ardiente: traer a la tierra el fuego del amor del Padre, que ilumina la vida y a través del cual el hombre se salva. Él nos llama a difundir este fuego en el mundo, gracias al cual seremos reconocidos como sus verdaderos discípulos”. El fuego del amor, encendido por Cristo en el mundo a través del Espíritu Santo, es ilimitado, universal, afirma el Papa, por eso: “El testimonio del evangelio quema toda forma de particularismo y mantiene la caridad abierta a todos, con una sola preferencia: la de los más pobres y los excluidos”. Y añade: “La adhesión al fuego de amor que Jesús trajo a la tierra envuelve toda nuestra existencia y requiere la adoración de Dios y también la voluntad de servir a nuestro prójimo. Adoración a Dios y voluntad de servir al prójimo”.

Él servicio al prójimo es el resultado de la adhesión al fuego del amor que Jesús trajo a la tierra. En este momento, el Papa expresa: “Pienso con admiración en tantas comunidades y grupos de jóvenes que, incluso durante el verano, se dedican a este servicio en favor de los enfermos, los pobres y las personas con discapacidad”. Y añade: “Así, el Evangelio se manifiesta verdaderamente como el fuego que salva, que cambia el mundo a partir del cambio del corazón de cada uno”.

En la segunda afirmación, el Papa asegura: “Él vino a «separar con fuego» lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto”. Luego explica: “En este sentido, llegó a «dividir», a poner en «crisis», pero de manera saludable, la vida de sus discípulos, rompiendo las ilusiones fáciles de aquellos que creen que pueden combinar la vida cristiana y compromisos de todo tipo, prácticas y actitudes religiosas contra el prójimo”. El Papa puso el ejemplo: “¡cuántos, cuántos cristianos autodenominados van al adivino o la adivina para que les lean la mano! Y esto es superstición, no de Dios.  Se trata de no vivir hipócritamente, sino de estar dispuesto a pagar el precio por elecciones consistentes con el Evangelio”.

Para el Papa Francisco, el hecho de llamarnos cristianos tiene unas implicaciones concretas: “Es bueno llamarnos cristianos, pero sobre todo debemos ser cristianos en situaciones concretas, dando testimonio del Evangelio, que es esencialmente amor por Dios y por nuestros hermanos”. Finalizó su alocución pidiendo que María nos ayude a propagar el fuego que trajo Jesús “con nuestra vida, a través de decisiones decisivas y valientes”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasaje del Evangelio de hoy (Lc 12, 49-53), Jesús advierte a los discípulos que ha llegado el momento de la decisión. Su llegada al mundo, de hecho, coincide con el momento de las decisiones decisivas. La opción por el Evangelio no puede posponerse. Para comprender mejor su llamado, usa la imagen del fuego que Él mismo vino a traer a la Tierra. Y dice así: “He venido a traer fuego a la Tierra y cuanto desearía que ya estuviera ardiendo” (v. 49). Estas palabras tienen el propósito de ayudar a los discípulos a abandonar toda actitud de pereza, apatía, indiferencia, y cierre, para recibir el fuego del amor de Dios. Ese amor que, como nos recuerda san Pablo, “ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Rom 5, 5). Porque es el Espíritu Santo que nos hace amar a Dios y amar al prójimo. Y es el Espíritu Santo que todos tenemos dentro.

Jesús revela a sus amigos y a nosotros su deseo más ardiente: traer a la Tierra el fuego del amor del Padre, que ilumina la vida y a través del cual el hombre se salva. Él nos llama a difundir este fuego en el mundo, gracias al cual seremos reconocidos como verdaderos discípulos. El fuego del amor encendido por Cristo en el mundo a través del Espíritu Santo es ilimitado, universal. Esto se ha visto desde los primeros días del cristianismo. El testimonio del Evangelio se ha extendido como un fuego beneficioso, superando todas las divisiones entre individuos, categorías sociales, pueblos y naciones. El testimonio del Evangelio quema, quema toda forma de particularismo y mantiene la caridad abierta a todos, con una sola preferencia: la de los más pobres y los excluidos.

Adherirse al fuego del amor que nos trajo Jesús a la tierra envuelve toda nuestra existencia y también requiere la voluntad de servir al prójimo. Adoración y la disponibilidad a servir al prójimo. La primera: Adorar a Dios, significa también aprender la oración, que normalmente olvidamos. Por eso invito también a todos a descubrir la belleza de la oración.  Y después la segunda disponibilidad a servir al prójimo. Pienso con admiración en tantas comunidades y grupos de jóvenes que incluso durante el verano se dedican a ese servicio a favor de los enfermos, los pobres y las personas con discapacidad. Para vivir de acuerdo con el espíritu del Evangelio es necesario que ante las nuevas necesidades que se avecinan en el mundo haya discípulos de Cristo que sepan responder con nuevas iniciativas de caridad. Así el Evangelio con la adoración a Dios y sirviendo al prójimo, se manifiesta realmente como el fuego que salva, que cambia al mundo a partir del cambio del corazón de cada uno.

Desde esta perspectiva, también podemos entender la otra afirmación de Jesús que se informa en el pasaje de hoy, que a primera vista puede desconcertar. “¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la Tierra? No, yo os digo, sino la división” (Lc 12, 51). Él vino a separar con fuego. ¿A separar qué? El bien del mal, lo correcto de lo injusto. En este sentido, llegó a dividir, a poner en crisis pero de manera saludable la vida de sus discípulos, rompiendo las ilusiones fáciles de aquellos que creen que pueden combinar la vida cristiana y la mundanidad, vida cristiana y compromisos de todo tipo, prácticas y actitudes religiosas contra el prójimo. Para combinar, algunos piensan, la verdadera religiosidad con prácticas supersticiosas: ¡cuántos, cuántos cristianos autodenominados van al adivino o la adivina para que les lean la mano! Y esto es superstición, no es de Dios.  Se trata de no vivir hipócritamente, sino de estar dispuesto a pagar el precio por elecciones coherentes en la actitud que cada uno de nosotros tiene que tratar de buscar en la vida: la coherencia. Y pagar el precio de ser coherentes con el Evangelio. Coherencia con el evangelio. Porque es bueno llamarnos cristianos pero sobre todo ser cristianos en situaciones concretas dando testimonio del Evangelio, que es esencialmente amor por Dios y por nuestros hermanos.

Que María Santísima nos ayude a dejar que el corazón sea purificado por el fuego, traído por Jesús para propagarlo con nuestra vida a través de decisiones decisivas y valientes.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo cordialmente a todos, fieles romanos y peregrinos que habéis venido de Italia y de diferentes países.

En particular, saludo al grupo «Divino Amor» de Canadá; los Scouts de Rio de Loba, Portugal; y los fieles polacos.

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

Francisco

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