Papa Francisco en el Ángelus, 8-3-2020: «Ser testigos de Jesús es un don que no hemos merecido»

* «A nosotros Jesús nos dice: «Levántense y no tengan miedo» (Mt 17:7). En este mundo, marcado por el egoísmo y la codicia, la luz de Dios se opaca por las preocupaciones de la vida cotidiana. A menudo decimos: no tengo tiempo para rezar, no puedo hacer un servicio en la parroquia, responder a las peticiones de los demás… Pero no debemos olvidar que el Bautismo que recibimos nos hizo testigos, no por nuestra capacidad, sino por el don del Espíritu»

Vídeo completo de la transmisión en directo de  Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Estoy cerca con la oración a las personas que sufren la actual epidemia de coronavirus y a todos los que los cuidan. Me uno a mis hermanos obispos para animar a los fieles a vivir este difícil momento con la fuerza de la fe, la certeza de la esperanza y el fervor de la caridad. Que el tiempo de Cuaresma nos ayude a todos a dar un sentido evangélico también a este tiempo de prueba y de dolor»

8 de marzo de 2020.- (Camino Católico).– En este mundo, marcado por el egoísmo y la codicia, la luz de Dios se opaca por las preocupaciones de la vida cotidiana. Por eso el Papa Francisco invita a los fieles a no olvidar que el Bautismo que recibimos es un don que nos ha hecho testigos suyos. Francisco pide a la Virgen que nos conceda la docilidad de espíritu, indispensable para emprender resueltamente el camino de la conversión. A la hora del Ángelus en el segundo domingo de Cuaresma, el Papa Francisco reflexionó sobre el relato de la transfiguración de Jesús. Lo hizo desde la Biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano «para cumplir con las disposiciones de prevención de modo de evitar las pequeñas multitudes de personas que pueden favorecer la transmisión del virus» como él mismo explicó al iniciar la transmisión en directo en streaming distribuida por Vatican Media.

Al concluir la oración del Ángelus, el Papa Francisco expresó una vez más su cercanía hacia las personas que sufren la epidemia de coronavirus y a todos los que están comprometidos en su cuidado. Su deseo es que este tiempo de Cuaresma “nos ayude a dar un sentido evangélico también a este tiempo de prueba”. Además el Papa se ha referido y ha pedido orar por la situación en Siria y ha dicho que no debemos apartar la vista de esta crisis humanitaria sino darle prioridad sobre todos los demás intereses. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Es un poco extraña esta oración del Ángelus hoy, con el Papa «enjaulado» en la biblioteca, pero yo os veo, estoy cercano a vosotros. Y también me gustaría empezar agradeciendo a ese grupo [presente en la Plaza] que se manifiesta y lucha «Por los olvidados de Idlib». ¡Gracias! Gracias por lo que hacéis. Esta forma de rezar el Ángelus hoy lo hacemos para cumplir con las disposiciones de prevención, de modo de evitar pequeñas multitudes de personas, que pueden favorecer la transmisión del virus.

El Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma (cf. Mt 17, 1-9) nos presenta la narración de la Transfiguración de Jesús. Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y sube a un monte alto, símbolo de la cercanía a Dios, para abrirlos a una comprensión más completa del misterio de su persona que deberá sufrir, morir y luego resucitar. De hecho, Jesús había empezado a hablarles sobre el sufrimiento, la muerte y la resurrección que le esperaba, pero ellos no podían aceptar esa perspectiva. Por esta razón, habiendo llegado a la cima de la montaña, Jesús se sumergió en la oración y se transfiguró ante los tres discípulos: “su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (v. 2).

A través del maravilloso acontecimiento de la Transfiguración, los tres discípulos están llamados a reconocer en Jesús al Hijo de Dios resplandeciente de gloria. De este modo avanzan en el conocimiento de su Maestro, dándose cuenta de que el aspecto humano no expresa toda su realidad; a sus ojos se revela la dimensión sobrenatural y divina de Jesús. Y desde lo alto resuena una voz que dice: “Este es mi Hijo amado […]. Escúchenlo” (v. 5). Es el Padre Celestial quien confirma la “investidura”, si se puede llamar así, de Jesús ya hecha el día del bautismo en el Jordán e invita a los discípulos a escucharlo y seguirlo.

Hay que destacar que, en medio del grupo de los Doce, Jesús elige llevar consigo al monte a Pedro, Santiago y Juan. Les reservó el privilegio de presenciar la transfiguración. Pero, ¿por qué hace esta elección? ¿Por qué son los más santos? No. Y sin embargo… Pedro, en la hora de la prueba, lo negará; y los dos hermanos Santiago y Juan pedirán ocupar los primeros lugares de su reino (cf. Mt 20, 20-23). Jesús, sin embargo, no elige según nuestros criterios, sino según su plan de amor; el amor de Jesús no tiene medidas: ¡es amor! Y Él elige con aquel plan de amor. Es una elección libre e incondicional, una iniciativa libre, una amistad divina que no pide nada a cambio. Y así como llamó a esos tres discípulos, también hoy llama a algunos a estar cerca de Él, para poder ser testigos. Ser testigos de Jesús es un don que no hemos merecido: nos sentimos inadecuados, pero no podemos echarnos atrás con la excusa de nuestra incapacidad.

Nosotros no hemos estado en el Monte Tabor, no hemos visto con nuestros propios ojos el rostro de Jesús brillando como el sol. Sin embargo a nosotros también se nos ha dado la Palabra de salvación, se nos ha donado la fe y hemos experimentado de diferentes maneras la alegría de encontrarnos con Jesús. También a nosotros Jesús nos dice: «Levántense y no tengan miedo» (Mt 17:7). En este mundo, marcado por el egoísmo y la codicia, la luz de Dios se opaca por las preocupaciones de la vida cotidiana. A menudo decimos: no tengo tiempo para rezar, no puedo hacer un servicio en la parroquia, responder a las peticiones de los demás… Pero no debemos olvidar que el Bautismo que recibimos nos hizo testigos, no por nuestra capacidad, sino por el don del Espíritu.

En el tiempo propicio de la Cuaresma, que la Virgen María nos obtenga esa docilidad al Espíritu que es indispensable para emprender resueltamente el camino de la conversión.

Al finalizar el Ángelus el Papa se asomó a la ventana a saludar a los fieles en «tiempo real»

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo a todos los que siguen este momento de oración. Saludo en particular a los participantes en el curso de formación “Animadores de un nuevo mundo, de una nueva forma de comunicar”; a los fieles de Torrent, en España; al grupo de los condecorados de Corato; a los jóvenes de Coverciano y a los niños de la Primera Comunión de Monteodorisio.

Saludo a las asociaciones y grupos reunidos para expresar su solidaridad con el pueblo sirio y, en particular, con los habitantes de la ciudad de Idlib y del noroeste de Siria, – los estoy viendo desde aquí – obligados a huir de los recientes acontecimientos de la guerra. Queridos hermanos y hermanas, renuevo mi gran aprensión, mi dolor por esta situación inhumana de estas personas indefensas, entre los cuales muchos niños, que están arriesgando sus vidas. No debemos apartar la vista de esta crisis humanitaria, sino darle prioridad sobre todos los demás intereses. Recemos por estas personas, estos hermanos y hermanas nuestros que sufren tanto en el noreste de Siria en la ciudad de Idlib.

Estoy cerca con la oración a las personas que sufren la actual epidemia de coronavirus y a todos los que los cuidan. Me uno a mis hermanos obispos para animar a los fieles a vivir este difícil momento con la fuerza de la fe, la certeza de la esperanza y el fervor de la caridad. Que el tiempo de Cuaresma nos ayude a todos a dar un sentido evangélico también a este tiempo de prueba y de dolor.

¡Que tengáis un buen domingo! Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. Ahora yo voy a asomarme a la ventana, para veros un poco en tiempo real. ¡Que tengáis un buen almuerzo y hasta pronto!

Francisco


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Fuente:Vatican News
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